…DONDE QUIERA QUE TÚ ESTÉS.- Aimée Landeros Kehoé

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AIMÉE LANDEROS KEHOÉ, México, D.F., 1972.- Aimée vive en el Distrito Federal, la ciudad que tanto ama, con su hijo Santiago Emilio, de siete años. Estudió Ciencias de la Comunicación y es trabajadora independiente es tareas relacionadas con su carrera. Participó de una manera sobresaliente en dos de los tres talleres de expresión literaria de RETOS FEMENINOS. En sus textos logra transmitir con facilidad y buena escritura, sentimientos y emociones que a otros nos es difícil, especialmente cuando se trata de ilusiones o premoniciones. Su crecimiento espiritual y escribir, dice, son la pasión con la cual vive todos los días. Ahora le leemos:

…DONDE QUIERA QUE TÚ ESTÉS
Aimeé Landeros

Estoy aquí, frente a esta hoja en blanco, deseando escribir sobre ti, sobre ese inmenso amor que siento por ti, tontamente guardado exclusivamente para mí.

Aún recuerdo desde el primer día en que te conocí.

–Buenas tardes Alberto, te presento a Ximena, ella es la persona que contratamos para que concrete el proyecto de los nuevos eventos que realizaremos en toda la República.

–Bienvenida Ximena.

En ese momento, sentí cómo una brisa refrescante acarició mi piel al sentir tu mano recibiéndome con la calidez que te caracteriza.

Nuestra amistad se fue dando poco a poco, por alguna razón, siempre que estaba contigo me sentía contenta, protegida, segura para enfrentar a los demás pero insegura de mi misma hacia ti. No me permití aceptar este amor que empezaba a surgir, tú estabas casado, con una vida hecha, con tus hijos ¿Quién era yo para robarles su vida, su tranquilidad, su seguridad?

Además, yo era una mujer en pleno despertar… ¿Yo? 23 años ¿Tú? 35. Nada nos equiparaba en circunstancias, yo tenía la ilusión de conocer al amor de mi vida y hacer lo mismo que tú, formar mi familia y crecer en mi vida profesional ¿y tú? Ya la tenías hecha, no había nada que pudiéramos hacer juntos.

Después, por alguna razón, me convertí en un buen oído para escuchar los problemas que se empezaron a dar más frecuentemente con tu esposa, tanto así que se terminó esa relación y estuve ahí para escuchar lo que tú me querías contar. Sin embargo, ahora estábamos en mayor desigualdad, ahora menos me podía permitir sentir lo que sentía por alguien que no tenía cabeza para volver a pensar en el amor.

Mira que disimulé muy bien lo que sentía, tanto así que tú no te diste cuenta, estuviste buscando amor donde no lo había, Rosa, Anna, entre muchas otras mujeres que ni siquiera sé sus nombres. Una vez más, sufría en silencio al ver que no eras feliz, que sólo se divertían contigo y que lo que buscabas no estaba ahí. Lo único que te pude decir siempre es: ¡Cuídate!

Yo por mi lado, hice lo mismo, recuerdo como nos reíamos juntos de mis tantos fracasos amorosos, el más memorable es Guillermo ¿recuerdas? ¡Cómo te reías de mi! De mis múltiples intentos por no amarlo, sin embargo, yo no sabía que no lo amaba y tampoco sabía que era sólo una muleta para no amarte más.

Después, mis circunstancias cambiaron, conocí a quien que creí era el hombre de mi vida, intenté hacer lo que quería: formar mi familia. Recuerdo todavía en tus ojos una mirada muy especial el día de mi boda, ni siquiera sé cómo describirla. En ese tiempo nos alejamos un poco, convivíamos lo necesario en la oficina, yo realmente quería que mi matrimonio funcionara pero no fue así, de tal manera que ahora tú eras mi oído para escuchar los lamentos por mi ruptura. ¿Cómo da vueltas la vida cierto? Después de mi divorcio ahora si estábamos en igualdad de condiciones emocionales y podría entregarme a ti. Sin embargo, volví a reprimir mi sentimiento, no quería que hablaran de mí por amar a un alto ejecutivo de la empresa donde yo trabajaba, yo necesitaba mi trabajo para poder mantener a mi hijo y el miedo me impidió arriesgarme a gritar a los cuatro vientos lo que sentía por ti.

Después, un error que cometí, me separó de la empresa y por lo tanto de ti, me dolieron muchas cosas que se fueron al perder mi empleo, pero una de las más importantes fue ya no verte cada día. En ese tiempo tú estabas enamorado de otra mujer y no tenías cabeza para nadie más, yo en silencio, le pedí a Dios que cuidara tu corazón, yo sabía que no era una buena mujer para ti, pero callé y esperé.

Cuando ese amor se fue de tu lado, ahí estuve nuevamente, con otra oportunidad enfrente de mí y demostrarte mi amor, pero mi inseguridad hacia ti, se volvió a apoderar de mí. Aún con miedo, ¡te besé por primera vez y me fui al cielo!

No supe cómo darte mi amor, no supe cómo hacértelo saber, sólo te amé y lloré en silencio cuando me dijiste que te ibas del país. En el último beso que te di, me dijiste… ¡qué lástima que no sientes lo mismo que yo siento cuando me besas!

Ahora me dices, después de varios años, que nadie te ha besado de la misma forma como te besé yo. Creo que así se sienten los besos que llevan amor, mucho amor, sin embargo, lo que tu sentías por mi no te alcanzó para pedirme que me fuera contigo.

No sé si conoceré nuevamente el amor, lo que si sé es que sigo velando por ti desde donde estoy y cada día le pido a Dios que te bendiga donde quiera que tú estés.

TODO PASA POR ALGO.- Silvia Pulido

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SILVIA PULIDO ALVAREZ, Uruapan, Mich., 1960.- De su natal Uruapan, emigró a Tijuana, B.C., donde vive con su esposo y sus tres hijas –Ambar, una de ellas, también participante en nuestros talleres–. Silvia tiene un diplomado en Desarrollo Humano, es instructora de cursos de superación personal y desplaza con entusiasmo su voz y conocimientos en programas de radio por internet. A ella correspondió publicar el primer trabajo en AFLORA LA ESCRITORA QUE LLEVAS DENTRO, que tuvo éxito de lectoría y comentarios: ABOGADA DEFENSORA. De su narrativa, ahora leemos:

TODO PASA POR ALGO
Silvia Pulido

María amaneció muy inquieta, últimamente no se había sentido del todo bien, despertaba con malestares estomacales, no tenía apetito y estaba demasiado sensible.

La situación económica de la familia era muy mala, hacía meses que Daniel, su esposo, se había quedado sin trabajo y por más que diariamente saliera a buscar un nuevo empleo, no lograba encontrar nada.

El casa-rentero les acababa de pedir la casa que habitaban debido a que ya se les habían acumulado algunos meses sin poder pagar la renta, pues sus escasos ahorros apenas si les alcanzaban para mal comer y cubrir las necesidades mas elementales de sus dos hijas Daniela y Andrea de 6 y 4 años respectivamente.

Afortunadamente, un buen amigo de Daniel, les ofreció prestado un pequeño departamento para que vivieran un tiempo mientras que las cosas mejoraban. La mudanza la habían realizado un día antes, comenzaron desde muy temprano en la mañana y terminaron ya muy entrada la noche.

El trabajo de acomodar los muebles, limpiar y organizar la casa, se le hacía sumamente pesado, ella siempre fue muy activa y trabajadora, pero ahora solo quería poder descansar y que llegara la noche para dormir.

Cuando María y Daniel ya casi terminaban de acomodar los muebles más pesados, María sintió que la vista se le nublaba y, ante el asombro de su marido, se desmayó. Daniel no pudo hacer nada para evitar que cayera y se diera un fuerte golpe en la cadera. El pobre hombre al tratar de reanimarla, se asustó mucho cuando se dio cuenta de que la ropa interior de María estaba empapada de sangre. Él no sabía qué hacer… Si llamaba a la ambulancia, no tendría dinero para cubrir gasto alguno. Si la dejaba ahí tirada, ella podría desangrarse y morir. Estaba realmente desesperado. De pronto recordó que ese mismo día uno de sus nuevos vecinos se había presentado ante ellos con estas palabras: “Mucho gusto, doctor Aníbal Sánchez, para servirles”. El rostro se le iluminó y de inmediato salió a buscar al vecino Sánchez.

Para su fortuna el médico estaba en casa y al ver la desesperación de Daniel, tomó su maletín y ambos corrieron presurosos al lado de María, quien gracias a Dios ya había vuelto en sí.

Al terminar de revisarla el rostro del doctor Sánchez era de preocupación, se dirigió a la pareja, quienes se mantenían abrazados y lo miraban con ansiedad: “Tengo dos noticias que darles y aunque suene trillado, en este caso si son una buena y una mala”. Y sin hacer la típica pregunta: ¿cuál quieren primero?, continuó: “La buena es que están esperando un hijo y, la mala, es que el bebé corre peligro, pues la señora no se ha cuidado lo suficiente, yo mismo la vi cargando muebles pesados y trabajando duro desde ayer que llegaron a este departamento”.
María y Daniel se habían quedado sin habla, ambas noticias les habían impactado por igual. Tan inesperada era la llegada de un nuevo hijo, como el hecho de encontrarse en riesgo de perderlo. El doctor le recetó algunas vitaminas y recomendó reposo absoluto.

La pareja permaneció abrazada y en silencio durante largo rato, los sentimientos que los embargaban eran encontrados, ambos eran buenos padres y la idea de tener otro hijo los llenaba de alegría, pero por otra parte también eran responsables, y la difícil situación económica por la que atravesaban los llenaba de angustia. Finalmente el cansancio los venció y se quedaron profundamente dormidos.

Al día siguiente, muy temprano, las voces alegres de sus hijas los volvieron a la realidad. Mami, papi, ¿qué vamos a desayunar?, decían las dos niñas mientras los cubrían de besos y abrazos. Daniel presuroso saltó de la cama, María intentó hacer lo mismo, pero Daniel se lo impidió. Abrazó a sus hijas y les dio la noticia de la llegada del nuevo bebé. Las niñas se pusieron felices y prometieron cuidar mucho a su mamá para que tanto ella como el bebé estuvieran muy bien.

Los días transcurrían en medio de esfuerzos por hacer rendir al máximo el poco dinero que Daniel conseguía traer a casa, y entre los naturales malestares físicos de María ocasionados por su estado.

El doctor Aníbal, viendo las penurias económicas por las que la joven pareja pasaba, decidió apoyarlos durante todo el embarazo, habló con ellos y les consiguió una cita en el Hospital General de la ciudad para que a María le hicieran todos los estudios necesarios para estar seguros de que todo iba por buen camino. Le incluyeron por supuesto la prueba del VIH, y la de su tipo de sangre.

Cuando unos días después les entregaron los resultados, María y Daniel no podían creer lo que sus ojos veían: En el resultado del tipo de sangre se leía:
Tipo de sangre: O
Rh: Negativo

Años atrás, cuando se casaron, al realizarles sus exámenes clínicos prematrimoniales, los resultados de María habían sido diferentes. El tipo de sangre efectivamente era: O, pero el Rh era positivo.

Ellos todavía llevaban consigo una tarjetita con su tipo de sangre y su Rh, y con horror recordaron que hacía alrededor de dos años a María le habían practicado una operación de apendicitis, pero no fue una cirugía simple, a María se le reventó el apéndice, y su vida corrió peligro. Los médicos querían estar preparados por si ella llegara a necesitar alguna transfusión de sangre y le preguntaron a Daniel si él sabía el tipo de sangre de sus esposa, a lo cual muy seguro respondió que si, y les mostró la tarjetita de María que así lo acreditaba.

Ahora temblaban sólo de imaginar que efectivamente hubiera sido necesaria esa transfusión, pues estaban consientes de que eso le hubiera costado la vida a María. Esto lo sabían porque habían vivido de cerca un caso similar.

Un primo de Daniel se casó cuando ya su novia estaba embarazada y por descuido o desidia, no se practicaron exámenes prematrimoniales. Al nacer el bebé, todo parecía normal, pero ella quedó nuevamente embarazada, y al igual que con su primer bebé, nunca se realizó estudio alguno. Cuando llegó la hora del alumbramiento la bebé nació con problemas de deficiencia mental, la mujer se vio muy mal y se le tuvo que realizar una transfusión sanguínea, cuando los doctores preguntaron al primo de Daniel si sabía el tipo de sangre de su esposa, ella respondió: “Si doctor, soy O positivo”.- El muchacho no dijo nada, pues se dio cuenta que nunca le habían dado importancia al hecho de saber qué tipo de sangre eran cada uno.

Desafortunadamente tarde se dieron cuenta que el tipo de sangre era: O Rh negativo, y al recibir su organismo un tipo de sangre equivocado, no lo resistió y falleció. Por eso María y Daniel siempre fueron muy cuidadosos en ese aspecto. (Bueno, al menos eso creían hasta ese día en que leían y releían los resultados de los estudios de María).
Rápidamente y confundidos aún, acudieron al doctor Aníbal para que les explicara qué fue lo que pasó. Ellos preguntaban si el Rh de las personas puede cambiar, el doctor les explicaba que de ninguna manera, que seguramente en el laboratorio donde se habían realizado los exámenes prematrimoniales, la persona que escribió los resultados se equivocó, que desafortunadamente esos casos se dan por el descuido de quienes no se concentran en lo que hacen. De todas formas y para mayor seguridad en los resultados actuales, recomendó hacerse unos nuevos análisis en otro laboratorio para confirmar dichos resultados.

Así lo hicieron, y una vez mas el resultado fue: Tipo: O, Rh: Negativo. Ahora la preocupación creció, pues el doctor Sánchez les explicó que después de cada parto se debe aplicar una vacuna a la madre para que en un siguiente embarazo el bebé no corra ningún riesgo y como María y Daniel no sabían nada, pues por supuesto no se había aplicado ninguna vacuna a María y el bebé que esperaba, corría riesgo de venir con complicaciones.
Afortunadamente, todo salió bien y bajo los cuidados profesionales del doctor Sánchez, finalmente María dio a luz a una hermosa niña a la que llamaron Milagros.

Daniel ya tenía un buen trabajo, que inclusive le permitió comprarle el departamento a su amigo, ya que allí junto vivía el doctor Aníbal, a quien le debían tanto.

Ellos entendieron que quizá la etapa de carencias económicas que pasaron, fue para darse cuenta que no es importante si los laboratorios son públicos o privados, lo importante es encontrar gente profesional que ama lo que hace, y que lo hace con sus cinco sentidos y el corazón puestos en ello.

SIMPLEMENTE JESÚS.- Ruby García

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RUBY GARCÍA, Monclova, Coah., 1976.- Contadora Pública por la Universidad Autónoma de Nuevo León, Ruby emigró junto con su familia a USA. Actualmente vive en Holden, Louisiana donde atiende su negocio propio. Aquí nos entrega una narrativa con aroma místico, acerca de una mujer como tantas que conocemos, que va desde la desesperanza y la derrota hasta el encuentro con el entendimiento y la revelación, transitando por el autoreconocimiento de una vida que ya no le gusta de drogas, alcohol y un sinfin de brincos de cama en cama. En AFLORA LA ESCRITORA QUE LLEVAS DENTRO le hemos leído Un Extraño entre Nosotros, Original y de Buena Marca, Bienvenida al Capitalismo y, Un Acuario en el Desierto. Ahora leemos:

SIMPLEMENTE JESÚS
Ruby García

Era una noche sombría y fría de invierno, a lo lejos solo se escuchaba la lluvia caer. Mi cabeza parecía que iba a estallar y mis ojos estaban hinchados de tanto llorar. No sé qué tanto tiempo había transcurrido, pero en cuanto recobré la razón descubrí que era pasada la medianoche.

No estaba cansada, estaba exhausta de vivir esta miserable vida. Mi vida era un caos, no tenía el más mínimo deseo de seguir viviendo. ¿Para qué? ¿Sueños? Ninguno ya… ¿En qué momento me perdí… por qué a mí, por qué? Infinidad de interrogantes volcaban mi mente.

¿Morir, por qué no? parecía una rápida solución. Mi corazón palpitaba a mil por hora, temblaba, mi cerebro no coordinaba mis movimientos, mi sudor era frío como la antesala a la muerte, como si las manecillas del reloj no caminaran. Por mucho tiempo estuve frente al espejo mirándome de pies a cabeza, como nunca antes lo había hecho, a veces con lástima y otras veces con odio.

Morir desangrada, sería una muerte lenta y segura. ¿Qué se sentirá vaciarte poco a poco?, como si por mi sangre también se vaciaran mis problemas. Así que en mi mano derecha tenía una navaja que sería el arma elegida para mi suicidio.

Pasaron varias horas más y mi mente ya estaba cansada de tanto luchar con sentimientos encontrados… Al fin, mi cuerpo inerte cayó al suelo, junto con la navaja. No lo logré. No tenía el suficiente valor para hacerlo: hasta para quitarme la vida era cobarde y al estar en el suelo mirando hacia la nada, caí en un profundo estado de inconciencia. Son de esos momentos que no sabes con exactitud si fue realidad o fue solamente eso: un sueño, una pesadilla.

En mi sueño, también me veía llorando, pero a diferencia, estaba en un hermoso bosque en primavera, por primera vez en mi vida respiraba tranquilidad y paz. ¿Estaba viva o finalmente pude suicidarme? Luego mi subconsciente reaccionó y sabía que no era el cielo, de seguro. ¡Que alivio!, asumí.

De repente a lo lejos, vi a un hombre alto que venía caminando hacia mí, sus vestiduras eran blancas como la nieve en la noche, nunca pude mirar su rostro, porque resplandecía, no sé que estaba detrás o encima de El, no sé si era el sol, o algo más grande que El, pero lo que si era cierto es que tenía un resplandor tan intenso que no podía verlo. No sentí miedo, nunca antes lo había visto, pero aún así, fue lo mejor que pudo haberme pasado.

Y acercándose a mí, con una voz suave, pero firme me dijo:

-¡Hola! te he estado esperando desde hace mucho tiempo.

-¿Tú, a mí? Pero ni siquiera me conoces…

-Claro que te conozco, desde antes de que estuvieras en el vientre de tu madre, supe de tu existencia.

Ambos nos quedamos callados por un momento, cuando El interrumpió el silencio.

-Te he estado observando y he visto que sufres de sobremanera, ¿no eres feliz, acaso mi sacrificio no fue suficiente?

-¿Quién va a ser feliz con la miserable vida que a mí me tocó vivir? No tengo amigos, no tengo novio, a nadie le importo y para colmo mis papas se divorciaron, trato de hacer cuanto sea posible para agradar a los demás, menos a mí misma …y como si fuera poco, tengo un gran complejo: me miro al espejo y soy fea y, mira… He tratado de probar mil dietas y ejercicios y nada me funciona, yo… yo quisiera ser como esas mujeres bonitas y hermosas que se ven en la televisión y…

-Tú eres mi reflejo. Acaso no te hice Yo a mi imagen y semejanza. ¿Cómo no te voy a amar? Si eres la niña de mis ojos, te amo con un inmenso amor y dentro de esa soledad que sientes aunque tu padre y tu madre te dejaron, Yo te sustenté y no te dejé huérfana y vine a ti, pero no me reconociste.

Otra vez ese profundo silencio se hizo presente, donde El abarcaba todo, donde no había tiempo ni espacio, porque El lo llenaba todo…

-Sabes… No sé quien eres, pero me inspiras confianza.

El sonrió, lo supe porque aunque no pude ver su rostro ese destello de luz se volvió aún más intenso.

-Tengo un defecto enorme: soy muy insegura, no puedo tomar mis propias decisiones, siempre tengo que consultar a los demás y lamentablemente a veces esos “demás” no siempre son los más idóneos…

-No temas, porque Yo estoy contigo, no desmayes porque siempre te ayudaré, te sustentaré con la diestra de mi justicia. Y sí… te he visto dudar, pero Yo soy tu amparo y Fortaleza, tu pronto auxilio en las tribulaciones. Recuerda: No te desampararé, ni te dejaré.

-Te puedo hacer una confesión? Yo me he hecho a mí misma cosas muy malas, nada bonito de contar: he ingerido toda clase de drogas y he sido alcohólica por mucho tiempo, además he tenido infinidad de relaciones íntimas con varios hombres, tantos… que ya ni me acuerdo de sus nombres, pero todo tiene una justificación: Yo lo hacía para no pensar en mis problemas, era como una ventana para escapar de ellos, buscaba el placer en cualquier cosa o persona y bueno… tengo “algo” de justificación.

-Ni algo, ni poco, ni nada. Lo malo nunca tiene justificación. No estoy de acuerdo contigo… Tu cuerpo es el templo donde Yo habito, por favor no lo ensucies.

Por un momento me sentí desnuda ante la Verdad, avergonzada de lo que había hecho.

-Pero… hubo un tiempo que traté y mira… dejé todos mis vicios y adicciones por un par de meses, pero… desgraciadamente luego recaí otra vez…

-¿Ya te había dicho que mi poder se perfecciona en tu debilidad? Y aunque estés cargada y cansada puedes venir a mí y yo te haré descansar.

Empecé a experimentar como poco a poco mis cargas y temores se iban desvaneciendo, luego añadí:

-También hubo un tiempo que fui hermosa y tuve muchos amigos, y todos querían estar a mi alrededor y… luego esa belleza temporal desapareció junto con todas esas “amistades”… y eso me sacudió enormemente de mi amor propio, me hirieron, me hicieron sentir mal y me dolió mucho y es algo que todavía no he podido superar.

-No te preocupes mía es la venganza. Yo pelearé por ti. Yo soy lento para la ira, pero hay algunos que me tientan… pero aún así: Si el que te aborrece tiene hambre, dale de comer y si tuviere sed, dale de beber porque Yo te lo pagaré. Aún así no te canses de hacer el bien porque a su tiempo segarás.

-Pero no siempre fue así… luego cambié de estrategia: Empecé a trabajar como loca, quería ocupar todo mi tiempo en la oficina, al final y al cabo nadie notaría mi ausencia en casa. ¿Te comenté que estaba obsesionada por lograr un ascenso en mi trabajo, tener un mejor carro, una casa nueva, mejor ropa? y bueno… me esmeré y lo conseguí, pero eso aún no llenaba mi sentimiento de soledad… y a veces vuelvo a tener esos desenfrenos de acumular mil cosas y…

-Considera esto: las aves de los campos ni siembran, ni cosechan, no tienen ni despensa ni granero y Yo los alimento, ¿acaso no vales más que las aves?

-Pues sí… ¿sabes una cosa? Yo antes tenía un bonito carácter y era una persona muy alegre… pero ahora me he vuelto amargada, pareciera que la alegría no se lleva conmigo. ¡Cómo me gustaría regresar el tiempo y poder cambiar!

-Yo llenaré tu boca de risas y tus labios de júbilo.

-Me hizo mucho bien hablar contigo, me siento tan diferente, ¡como si hubiera nacido de nuevo! No sé que pasó pero me gustaría pedirte que fueras mi amigo, que no te separaras de mi jamás, pero creo que no merezco tu amistad, he sido tan mala…

-Yo soy fiel y justo para perdonar y limpiarte de toda maldad. Graba esto en tu mente y en tu corazón: las cosas viejas pasaron ya, he aquí todas son hechas nuevas.

-Hay tanta sabiduría y belleza en tus palabras, ¿acaso eres un ángel o algo así?

El volvió a sonreír nuevamente.

A lo lejos empezaba a oír la alarma de mi despertador… y como presagiando el final de nuestra conversación añadí:

-Quisiera tenerte siempre a mi lado y no dejarte ir. ¿Cómo te llamaré si ni siquiera se tú nombre?

-Ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna cosa creada te podrá separar de mi amor.
Y en cuanto a mi nombre la gente me llama de muchas maneras: Flor de Sharon, El Consolador, El Cordero, El Alfa y el Omega, El Principio y el Fin, El Perfecto, El que ha de venir y muchos otros nombres más, pero tú me puedes llamar simplemente: Jesús.

CUANDO LOS OJOS GRITAN.- Ambar de Anda Pulido.

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AMBAR DE ANDA PULIDO, Tijuana, B.C., 1987.- Ambar es una de las más jóvenes participantes en LETRAS DE MUJER. Nació y vive en Tijuana, BC., apasionada del arte y de las buenas conversaciones, estudia Derecho y trabaja en el Instituto Municipal de la Mujer, además de que coparticipa con su mamá — Silvia Pulido, muy querida en RETOS FENMENINOS-- en la producción y conducción de programas de TV por Internet. Ambar usó el seudónimo Ilussión, en trabajos como ALGUIEN NOS ESCUCHA . Es detallista y observadora y nos muestra que tiene aptitudes para desarrollarse en la literatura. Ahora le leemos:

CUANDO LOS OJOS GRITAN
Ambar de Anda

El aire estaba helado, lo sentía cómo rozaba sobre sus mejillas, la noche ya había caído. El callejón lucía como de costumbre con esas escasas luces que se asomaban sobre su camino.

Ella no estaba consciente, sin embargo caminaba, su cabeza parecía estar en punto de ebullición. ¿Por qué lo hice? no lo entendía y la culpa la seguía como una sombra. ¿Por qué justamente él? ¿Por qué su corazón no entendía razones?

Alondra era una mujer que siempre había luchado por sus pasiones, por aquello que la hacía extasiar sus sentidos. Amaba la fotografía desde pequeña y desde pequeña conoció a Vianey, con quien tuvo la oportunidad de sentir la verdadera amistad, y con quien pasaba largas horas aprendiendo del abuelo, quien con una vieja cámara hacia milagros!

Los años no habían pasado en balde, y ya cada una había tomado su camino. Vianey se había graduado al mismo tiempo que Alondra, pero decidió dedicarse por completo al hogar. Se había enamorado de Damián, un compañero de la Universidad, y antes de concluir los estudios decidieron comenzar a vivir juntos. El matrimonio nunca fue un atractivo para ella, pero se entregaba con verdadera pasión al compromiso en pareja.

Alondra, por su parte, tenía dos años con su galería. Después de duro trabajo, por fin había logrado tener un lugar en donde sus “tesoros” como ella les llamaba a cada imagen, tenían ya un espacio para poder ser admirados por el público.

Sus relaciones siempre eran muy intensas, pero poco significativas para ser recordadas. El último con quien que se había relacionado sentimentalmente, fue un doctor que conoció en uno de sus viajes por Estados Unidos, pero con quien había fracasado ya que lo aburrido y las diferencias tanto en costumbres como en edades fueron el detonante de la relación. Su vida era “normal” enfocada en sus pasiones y tal vez con una fea y aburrida rutina, hasta ese día, en el que la culpa y el pecado la tenían trastornada.

Fue uno de esos días en los que la carga de trabajo la tenían muy agotada, ya que había pasado toda la tarde revelando los negativos con intentos torpes, no entendía lo dispersa de su mente, o tal vez sí pero no quería darse cuenta. Pues el reconocer que necesitaba una pareja, la hacía sentirse débil, así que intentaba negarse a si misma esa posibilidad, pues había llegado a la conclusión de que “todos los hombres son iguales”.

Excepto Damián, él si que era un Hombre, pues era todo un caballero, lucía siempre impecable y tenía la palabra correcta en el momento oportuno. Se sentía realmente impresionada y lo admiraba quizá más de lo que debía.
La salida a casa fue lo más fácil esa tarde, pues estaba realmente cansada, de tanto pensar en esas “inquietudes”, así que tomó las llaves del auto y se apresuró a encaminarse de regreso a casa. Justo cuando el carro corría a 80 millas por hora, alcanzó a ver que el auto de Vianey estaba detenido, por lo que tomó el primer retorno y fue para auxiliarla. Cuál fue su sorpresa que no se trataba de su amiga, era Damián quien estaba ya un poco impaciente por llegar a casa, su rostro cambió al ver con agrado que era Alondra quien se había detenido para ayudarlo.

-¡Gracias Alondra, no creí que fueras tú, no reconocí tu carro.

-¡No te preocupes Damián, entiendo las ganas de estar ya descansando, ¡como crees que te dejaría aquí!

-Que linda, nuevamente gracias, creo que solo necesita un poco de corriente y encenderá de nuevo.

-Perfecto, entonces dime qué debo hacer.

Alondra no podía disimular el amor y el deseo que desprendían sus ojos grandes color miel, unos ojos que a Damián
le resultaban interesantes y siempre que podía se lo hacía saber.

Alondra era una mujer muy bella, tenía la estatura perfecta, un cabello rizado y rojizo que llegaba hasta su cintura, la piel blanca que resaltaba aún mas sus finas facciones, ella conocía de sus atributos y jugaba inocentemente con ellos intentado robar sus miradas tímidas, pero que cada vez conseguía más.

Al parecer el auto ahora era lo de menos, pues resultó ser el pretexto ideal para comenzar a intimidar un poco más en la conversación. Ella era la que mas hablaba y le contaba de sus cosas, de lo que la movía por el mundo, dejándole a él la inquietud de por qué una mujer como ella no podía encontrar estabilidad emocional, si a su criterio, estaba muy completa.

Sin percatarse del reloj, habían pasado mucho tiempo conversando en el auto, ya que el frío los había orillado a entrar.

Alondra lo escuchaba y no podía dejar de ver sus labios, de imaginar el poder probarlos, su corazón se aceleraba ante el momento tan especial que estaba pasando. Pues estaba conversando con un hombre y lo mejor es que estaba realmente a gusto.

Damián por su parte, estaba cómodo, pues Alondra lo hacía salir de la rutina con sus historias y sus preguntas, que lo hacían a la vez cuestionarse más sobre cómo estaba llevando su vida y por si fuera poco, descubría a mayor profundidad lo que esos ojos estaban gritando.

De pronto quedaron en un incomodo silencio que los llevó a mirarse fijamente a los ojos, Alondra no pudo mas y dejó escapar sus impulsos besándolo de manera inesperada, desesperadamente, una cosa llevo a la otra y entre besos y caricias quedaron paralizados en ese momento, como si supieran que sería la única vez que lo harían. Fueron segundos, tal vez unos largos segundos que retumbaron en ambos.

Alondra, al volver a la realidad y darse cuenta de lo que había hecho, salió del auto y se alejó del lugar lo mas rápido que pudo, olvidándose del auto, y pensando en lo que había sucedido, una mezcla de placer y culpa que la tenían así bloqueada, caminando por aquel callejón, esperando desaparecer en ese instante. Nunca entendió cómo llegó a casa, pero sí recuerda que no pudo dormir.

Pasaron varios meses desde aquel día, Alondra empezó a tomar excusas para no ver a Vianey, pues sabía que el sólo verla a los ojos la delataría por completo. Vianey nunca entendió por qué Alondra se alejó de su vida, pero también nunca se enteró de lo que aquella noche sucedió entre su mejor amiga y su pareja.

Alondra no aguantó los remordimientos y decidió alejarse de ella, entendía que era lo mínimo que podía hacer, y con esto permitir que viviera feliz. Aprovechó una oportunidad de irse a trabajar en Canadá y no lo pensó dos veces, pues ya nada la retenía a México, sólo los recuerdos de la mejor amistad que pudo tener en su vida, y el amor por quien consideró siempre “el hombre ideal y prohibido”.

COBRAS EN LUCHA.- Claudia Reyes Romero

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CLAUDIA REYES ROMERO, Guadalajara, Jal., 1973.- Claudia tiene una dedicación muy especial por las Letras, además de talento que ha venido puliendo desde adolescente cuando comenzó a escribir. Tiene facilidad para los diálogos y naturales inclinaciones para la dramaturgia. Nació y vive en la Perla Tapatía, es abogada por la UdeG con especialidad y práctica en Derecho Electoral, actualmente cursando una maestría. Claudia participó como María Fernanda Miraval en AFLORA LA ESCRITORA QUE LLEVAS DENTRO, con textos exitosos como LA BODA, PAREJA EN CRISIS: LA ESTRATEGIA y,  YA NO LE GUSTO CUANDO CALLO, entre otros. Ahora nos presenta una bien lograda narrativa:

COBRAS EN LUCHA
Claudia Reyes Romero

Aquella tarde nublada de agosto, cuando Valentina llegó a ese concierto, jamás imaginó lo que estaba por venir. Lo suyo, lo suyo no eran los temas culturales. Apreciaba la música clásica, pero de ahí a tener que escribir la reseña de un recital, había un abismo. Y para colmo llegó tarde. Mostró su acreditación de Prensa y tras dirigirle una mirada asesina, el tipo de la entrada la dejó pasar.

Mientras buscaba los asientos que se destinan para los reporteros, se perdió. Fue entonces, cuando cayó en la cuenta de que estaba tras bambalinas. La oscuridad era casi total y sólo algunos destellos de luz, provenientes del escenario, se colaban entre las cortinas. Lo que no podía dejar de escuchar era el piano. Chopin era su preferido. Así, al menos las notas armoniosas de uno de sus Nocturnos, la hacían sentirse menos tensa. Esperaba que concluyera el concertista para que encendieran la luz y encontrar la salida.

Su carrera como periodista apenas empezaba. Fue un hecho casi fortuito. Se quedó sin trabajo, la editorial para la cual trabajaba como correctora de estilo cerró y su buena amiga Cloty, la recomendó como reportera en uno de los periódicos más respetados del país. Su ortografía y sintaxis eran excelentes, pero qué sabía Vale de andar cubriendo noticias en la calle y lo malo es que desde su llegada al diario se convirtió en el “comodín”. Siempre que no había quien cubriera un evento, ella era la comisionada. Se sentía agradecida por tener trabajo, pero ella quería que la ubicaran en una sección fija, le gustaba y entendía de política, pero aspirar a estar de planta en esa sección iba a ser un camino muy largo.

Parecía que el pianista hacía eterno su concierto. Mientras, Valentina continuaba buscando la salida, hasta que por fin, se topó con una puerta. Pensó que era la oportunidad de encontrar su asiento y empezar a darle forma a la reseña del recital. Entró rápidamente y lo que vio la dejó helada, al menos por unos segundos.

Las gotas de agua rodaban sobre su piel blanca como si lo acariciaran. Su cabello oscuro, ligeramente ondulado, le cubría la frente. Tenía los brazos y las piernas grandes, con los músculos marcados por el ejercicio, su torso no era nada espectacular, pero su cara, tenía facciones finas, nariz recta, labios medianos, como en forma de corazón, sus ojos oscuros y pequeños –fue ahí cuando Valentina reaccionó, cayendo en cuenta que había entrado en un baño y que este hombre de puro milagro no se había dado cuenta de su presencia–, tal vez gracias al ruido de la ducha. Hizo entonces el intento por salir, antes de ser descubierta y tener que deshacerse en disculpas y explicaciones. Cuando escuchó su voz suave pero contundente —¡por fin me trajiste la toalla Marco!— se sintió descubierta, pero cómo es que no se daba cuenta que no era Marco, si este hombre que no rebasaba los treinta y cinco, no tenía corrida la cortina y era justo por esa razón que ella no podía dejar de admirarlo. Por un segundo se percató que su mirada iba de su hermoso rostro a su entrepierna y de regreso. Se sintió avergonzada. Volvió a su intento de huir y antes de que pudiera girar la perilla, sintió una mano enorme apretar su brazo —¿Dónde demonios dejaste la maldita toalla?

Valentina no atinaba a decir nada y él se dio cuenta que ese brazo delgado y frágil no era el de Marco.

Estaba justo detrás de ella, escurriendo, ya había humedecido su blusa y su falda. Él, agudizó su olfato y percibió un delicado aroma a cítricos, sin pensar en lo mojado que estaba, la tomó por los hombros y la hizo girar sobre sus pies. Buscó su cara, la recorrió con la palma de su mano. Ella no podía moverse, no atinaba a decir nada, con trabajos podía respirar. De pronto se escuchó un fuerte golpe del otro lado y Valentina se apretó a su pecho instintivamente

—Sebastián, el intermedio es en diez y sales en quince —dijo una voz en seco. Lo lógico hubiera sido que pasada la impresión se separarán, pero no. Por el contrario, él la tenía rodeada con sus brazos y Valentina sentía su aliento tibio sobre su frente. Vale levantó el rostro y vio sus ojos, sin una sola expresión y aunque se veía reflejada en ellos, sabía que no eran capaces de ver el estado en que se encontraba. Y si bien es cierto, los ojos de Sebastián no percibían más que oscuridad, era capaz de saber que la mujer que tenía pegada a su pecho, no sólo estaba nerviosa por la situación, sabía que detrás de esa respiración entrecortada había algo más. Y bajo esa blusa de seda se encontró con unos senos firmes, sintió su cintura y para no quedarse con la duda, buscó sus caderas, las calificó como aceptables. Volvió a su rostro y redescubrió su nariz respingada, sus labios medianos, ahora secos por la tensión, los parpados denotaban ojos grandes, expresivos, no los cerraba, sentía como se clavaban en él.

Cuidadosamente tomó su barbilla con sus manos y acercó su cara a la suya, ella se dejaba hacer. Buscó sus labios y los tocó suavemente con sus dedos. Éstos, rápidamente se empezaron a humedecer al ritmo en que Valentina jugueteaba con ellos. Los besaba, los chupaba, los mordía con fruición y sin darse cuenta en qué momento, comenzó a acariciarlo como si en ello le fuera la vida. Recorría la espalda de Sebastián con desesperación, y sin ningún pudor bajaba hasta sus caderas. Él, la fue llevando bajo la ducha mientras la besaba ansioso. Sus lenguas se entrelazaban como cobras en una lucha sin cuartel. Ella sentía la excitación de ambos, la suya bajo la falda, misma que Sebastián comenzaba a quitarle con destreza y también la de él, que sólo si estuviera muerta no habría notado.

Cuando estuvieron en igualdad de condiciones, sus cuerpos se fueron fundiendo hasta convertirse en uno sólo, y sólo entonces, pudo escuchar un leve murmullo a lo lejos, Liszt. Mientras él la levantaba en vilo, Valentina escuchaba las notas más sublimes que jamás había escuchado: Sueño de Amor. Y efectivamente, cada movimiento, cada beso, cada roce, cada caricia, se acompañaban por un acorde del concertista y no es que el susodicho fuera bueno o mal pianista, sino que sencillamente era como si estuviera al lado de ellos, dándole el tono e intensidad necesario a sus dedos sobre las teclas, logrando un perfecto acompañamiento al movimiento de sus cuerpos. Cuando tiempo después recordó lo sucedido, Valentina estaba segura de afirmar qué, entre ella, Sebastián y el concertista que estaba en el escenario, se dio una conexión difícil de explicar.

Una vez que ambos lograron llegar al clímax, el concertista, ajeno a todo lo demás, tocó la última nota, el encanto no acabó. Terminaron abrazados, sobre un pequeño diván que estaba puesto a propósito para uso de Sebastián. Estaban exhaustos, besándose despacio, y aun empapados, como si la pasión combinada con el agua, no fuera capaz de evaporarse. Cuando la voz regresó para avisarle a Sebastián que entraba en cinco, la besó de nuevo y ella le acercó la toalla y como si el silencio fuera parte indispensable de ese momento, ninguno de los dos habló. Él, se puso el traje que estaba listo, se acomodó el cabello aun húmedo y finalmente se puso los calcetines y los zapatos. Tomó su bastón y se fue.

Valentina se quedó ahí desnuda, sin saber qué hacer. Unos minutos más tarde, comenzó a escuchar la interpretación de Fantasía Impromptu de Chopin y algunas otras piezas que le costó trabajo o de plano le fue imposible identificar. Sabía que era Sebastián y notaba en su interpretación la misma intensidad de hacía unos instantes. Pasados unos treinta minutos, alguien tocó, estaba segura que era Marco, ya conocía su forma de hacerlo, la puerta se abrió y una mano huesuda introdujo una bolsa, ella la tomó y encontró, una toalla, un cambio de ropa interior, unos jeans y una playera, todo nuevo. Reconoció la etiqueta de los almacenes que estaban enfrente del teatro. Sorprendentemente todo lo quedaba a la perfección. Por fortuna, atinó a sacarse los zapatos cuando Sebastián comenzó a llevarla hacía la regadera, si no habrían terminado empapados como su ropa. Se vistió con el cambio que le acaban de entregar y salió del camerino, decidida en buscar a Sebastián, para cerciorarse de que lo que sucedió no fue un sueño o una alucinación; de no ser por la ropa mojada que llevaba en la bolsa, habría jurado que se estaba volviendo loca. Y entonces lo pudo observar, estaba en medio del escenario, sentado frente al piano. Según el programa, era el último concertista de la tarde; el que sin importarle estar fuera de programa, cerró su presentación, ejecutando como nadie Sueño de Amor de Franz Liszt. Valentina no pudo evitar conmoverse, sabía que esa interpretación era en parte para ella.

Entre el tumulto de admiradores y periodistas no pudo acercársele, pero sabía donde estaba su camerino, así que se fue allá decida a esperarlo. Pero Sebastián nunca apareció. Sólo Marco, al que reconoció por sus inconfundibles manos huesudas, y él también supo quien era ella, vestía la ropa que Sebastián le había pedido comprar en la plaza comercial frente al teatro. Ninguno de los dijo nada sobre lo ocurrido. Pero ella no pudo resistir y le preguntó por él. Marco se limitó a responder que a esa hora, Sebastián iba rumbo al aeropuerto a iniciar una gira de conciertos que duraría varios meses. Antes que Valentina lo bombardeara con más preguntas, Marco se le adelantó y le dijo–Cuando termine la gira, seguramente regresará a su casa de Florencia. El de hoy, fue una excepción, un concierto especial que no se repetirá jamás.

Unos días más tarde cuando Sebastián revisó sus correos electrónicos y leyó la reseña que publicó uno de los periódicos más importantes de la capital, comentó: “Es casi un poema, una descripción fresca, amorosa y pasional, como si quien redactó esta reseña me conociera íntimamente. Jamás nadie había expresado mejor lo que yo siento cuando estoy frente al piano”.

VESTIDO BLANCO SOBRE EL DIVÁN.- Marilia Villarreal Garza

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MARILIA VILLARREAL GARZA, Distrito Federal, 1958.- Un día como hoy, pero del año citado, nació Maria Emilia en el seno de una familia de Norteños. Celebró su cumpleaños bajo la luna llena de Mérida y se describe como una mujer dinamica, muy alegre y optimista, amo a las personas y me gusta encontrar en su mirada su alma… tengo facilidad para que me entreguen sus secretos y asi poderles orientar o ayudar con la experiencia que yo he vivido. Amo la naturaleza y todos los dias me levanto feliz y alegre, siempre veo el cielo y adoro las estrellas y la luna asi como el mar y escuchar el sonido de las olas. Me gusta conocer lo misterioso de la vida y creo en que la felicidad.
Marilia emigró a Mérida en el 92, aún casada. Tiene dos hijos, Mauricio –24, estudiante de Nutrición y DJ– y Emilia –23, Diseñadora de Modas–. Nuestra autora es apasionada de la cocina, del vino, de leer, escribir y de viajar. Tiene importante carrera en líneas aéreas y ahora disfruta su soltería. Llegó a nuestros Talleres para dar curso a su vocación literaria, como nos consta. como Hator, publicó
AZUL TOPACIO y ¿POR QUÉ LOS HOMBRES ANDAN TAN NECESITADOS DE AMOR?, en VERANO DE LETRAS. De Marilia leemos:

VESTIDO BLANCO SOBRE EL DIVAN
Marilia Villarreal Garza

Edward Flirt, un hombre maduro que estaba obsesionado con la idea de vivir para siempre, nunca pudo olvidar aquel libro de hechizos que descubrió debajo de la cama de la nana Sophie, siendo apenas un niño de 10 años .

Ed de forma furtiva, todas las noches abría el mágico libro de hechizos que la nana guardaba sigilosamente dentro de aquella misteriosa caja color púrpura adornada con múltiples estrellas, lunas y un broche dorado en forma de herradura.

Eddy (como Sophie cariñosamente le llamaba) tenía terminantemente prohibido husmear dentro del cuarto de la nana y por la misma razón él lo hacía constantemente, justo cuando ella se entretenía en el jardín cantándole a las rosas y orquídeas que con tanto amor cultivaba, aunque a veces se distraía de su cuidado flirteando con el jardinero.

Dentro de todos los hechizos contenidos en el libro, uno sin duda llamó siempre su atención y ya siendo más grande tuvo la precaución de copiarlo letra por letra en aquel diario donde escribía sus más grande secretos de la vida: el hechizo para ser “inmortal”.

Se trataba de una receta para obtener vida eterna, era de lo más extraño y hasta cierto punto sensual ya que tenía que ver con el amor y con una mujer.

Las instrucciones decían que para nunca morir, se tendría que devorar el cuerpo de una mujer dormida de la cual estuviera perdidamente enamorado y ella le correspondiera amándolo igual. Al principio le pareció algo escabroso y poco probable, sin embargo fue la única pócima que por alguna rara razón llamó su atención y conforme más lo leía le parecía menos terrible.

Los años pasaron, la nana desapareció y llegaron infinidad de experiencias extrañas unas y otras no tanto a la vida de Edward, sin embargo lo que no cambiaba ni él olvidaba era aquella obsesión de vivir para siempre.

Un buen día de paseo en Viena, su ciudad favorita, conoció a quien más tarde sería el gran amor de su vida, Melissa Pierrot, mientras ambos en aquella galería miraban embelesados El Beso de Gustav Klimt. Sin proponérselo se rozaron con los codos y al mirarse se quedarían prendados para siempre. ¡Sí, en definitiva, fue un amor a primera vista!

Melissa y Edward tuvieron noches y días de pasión inolvidables, encuentros furtivos y casuales ya que ella estaba casada con un hombre viejo, aburrido y enfermo y, aunque Edward era libre ambos sabían que su apasionado amor no tenía futuro y sus citas clandestinas se volvían cada día mas problemáticas y complicadas.

A pesar del inmenso amor y la arrolladora pasión que Edward sentía por su amada, no dejaba de pensar en aquella posibilidad de ser inmortal. Veía cómo poco a poco sus seres queridos envejecían, enfermaban y luego morían, mientras que él tenía el secreto para no pasar por lo mismo y necesitaba ponerlo en práctica cuanto antes.

Pensándolo bien, Edward no podría adueñarse por completo de Melissa y poniendo en práctica la receta mágica de comérsela a ella, formaría parte de sus entrañas y su hermosa sangre correría por sus venas dándole juventud, vida eterna y pasión.

Sin pensarlo más buscó en su viejo baúl aquel libro con tantos secretos de su niñez y juventud hasta dar con la receta misteriosa y, aunque de memoria podía recordar cada palabra, no debía equivocar ni un solo paso. Entonces lo preparó todo.

Aquella tarde invernal se citaron en su lugar secreto… Un discreto hotelito donde eran libres: ella llegó hermosa con su vestido blanco con un gran escote y él con su traje oscuro y su corbata púrpura. Ella sin saber que ya no tendría que mentir más para fundirse con su amado. El con la emoción de tenerla a ella para siempre dentro de si.

Esa noche…de aquel hotel sólo salió Edward y en la habitación quedaron una taza de café vacía y un vestido blanco sobre el diván.

CONCIERTO DEL ADIÓS.- Irasema Ramírez Infante

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IRASEMA RAMÍREZ INFANTE, Texcoco, Mex., 1989.- Nació y vive en Texcoco y, como muchos mexicanos de la zona metropolitana, hace su vida académica y cultural en el Distrito Federal. Irasema acaba de cumplir 20 años de edad y está a pocos meses de iniciar su carrera de Artes Plásticas. Escribir es algo que hago siempre, es como el pan de cada día, dice a quienes la escuchan. Le gusta la pintura, recorrer museos y la danza Árabe, aunque circunstancias de la vida la llevaron a sus prácticas escolares en un banco de sangre. Vive con sus padres, precisamente en tieras que antiguamente fueron sede del imperio texcocano de Nezahualcóyotl, el príncipe Poeta. En VERANO DE LETRAS participó con ¿SOY UNA PSICÓPATA? y, AISHA,15 AÑOS DESPUÉS, bajo el seudónimo de Nefertis, donde nos muestra la sólida plataforma que tiene para su despegue y los giros psicológicos de su propuesta. Ahora nos confirma su vocación y cualidades en:

CONCIERTO DEL ADIOS
Irasema Ramírez Infante

Esta noche, mis lectores, escribo para ustedes esta historia para que comprendan que realmente un segundo, un momento, un instante, son tan esenciales que a veces la vida da un vuelco total. Nos arrebata lo que más apreciamos, lo que más amamos, pues si todos tuviéramos nuestro propio cuento de hadas, la monotonía extinguiría esos bellos paisajes que encontramos en nuestras cabezas, donde el dolor le da sabor y experiencia a la vida:

Era una agradable noche para caminar tomada de tu mano, la brisa era tan helada, tu voz era como un bello susurro, tus cálidos labios se acercaban a mi mejilla tan lentamente que podía sentir tu respiración y al rozar podía sentir cada textura de ellos, era tal perfección que hasta la misma luna aún en su esplendor tendría envidia de nuestras sonrisas.

Caminábamos para llegar al escenario, donde escucharíamos un concierto, era mi cumpleaños, no había mejor regalo que estar junto a ti, mientras escuchaba a un maestro del sentimiento, desgarrarse ante el amor de su vida, el piano, ver cómo desbordaba la pasión y el deseo, como si le hiciera el amor, lo toca tan delicadamente y se vuelve tan salvaje. ¡Estaba tan deseosa de compartir eso contigo, de compartir uno de los más bellos paisajes para mí, el sentir tus brazos alrededor de mí en tan hermosa noche!

Entonces, te miré por última vez a los ojos, me sonreíste como nunca, con un “te amo” entre labios, diste un paso hacia atrás donde estaba la avenida y en ese momento, en ese segundo, en ese instante, se arrancó tu mano de la mía y mi vida dio un giro extraordinario. Todo sucedió tan rápido, que no podía pensar en nada más, me arrodillé ante tu cuerpo, nada existía, nada escuchaba.

¿Quién tendría palabras?

En realidad desde entonces no acierto a decir una sola palabra, no podría pintar o escribir los más bellos poemas, para qué fijar sobre un papel la tragedia más dolorosa de mi vida, es como matar mi arte, cómo inspirarse en el adonis que jamás volveré a ver. Un hueco enorme aparece en mi mente al pronunciar tu nombre, como un hoyo negro que comienza a tragarme consumiendo cada gota de vitalidad.

La sangre corría tan rápidamente, las manos me temblaban de impotencia, tu cara no la podía ver, había una gran llanta sobre ella y mi cuento de hadas se convertía a cada segundo en la pesadilla más grande de mi vida. Tu voz, tu sonrisa, tus abrazos, tus caricias no serían más que el recuerdo que se desvanece con los años. Camino a nuestra morada, rogaba a la oscuridad que se apiadara de mi alma, que me dejara irme junto a ti, regalarte mi último suspiro, como tú me habías regalado esa última sonrisa. Pero no soy tan afortunada como para tener esa bendición, y las estrellas ya no serían nuestros nombres siempre de la mano, solo serían estrellas y las noches ya no serían nuestras propias tertulias, si no, un cuarto vacío.

Ahora aquí frente este ataúd que acoge tu cuerpo, hay un hermoso piano, con el que tocaré para ti hasta que mi cuerpo se endurezca por la frialdad de la muerte, cada nota que mis dedos presionan es como una navaja que atraviesa mi cuerpo. Al compás de las notas mis lágrimas se suicidan una a una en honor al dolor que siento desde lo más profundo de mi corazón, no puedo ver y en mi imaginación tu cuerpo inanimado se va desvaneciendo poco a poco detrás de la cortina de humo.

Cada nota abre una llaga en mi cuerpo, la sangre se va derramando en la composición de mi última melodía, mi último suspiro. Desde lo más profundo, el coraje y la impotencia se apoderan de mi cuerpo, de mis manos que no dejan de tocar, de mis impulsos, ya no escucho, ya no veo, los ojos y oídos sangran, pero mis manos tocaran hasta el final, donde tendré el honor de que mi cuerpo fallezca ante ti, mi único amor, y la desesperación, la angustia y el dolor, arrullen mi alma para darle descanso.

Siento cómo me mareo poco a poco, cómo mis dedos comienzan a tocar más y más lento, siento como la soga alrededor de mi cuello comienza a presionar, siento dificultad al respirar, para el gran final sólo falta caer sobre las teclas que sean la armonía de mi muerte, la arrulladora canción que consienta a mi alma mientras se va a tu lado, que me deje festejar esta paz, y ver mi cuerpo desde lo más alto del cielo brincar entre estas nubes de algodón, escuchando las hermosas notas del piano para siempre.

Me acerco lentamente trastabillando, mi corazón bombea tan fuerte que es lo único que escucho, levanto aquel cristal que te protege, la sensación de tu piel, tan rígida, tan fría, hacen que un escalofrió recorra mi cuerpo, beso tus labios con suavidad y mi mirada se nubla, por fin esta oscuridad se apiadó de mi alma, escucho voces gritando a lo lejos, pero me han dado el honor de descansar en paz y no dejarme vagar por la vida sin sentido, sin sueños, sin aquel hombre que representaba mi vida.

Al amanecer, como en la tragedia de Romeo y Julieta, hay solamente un par de cuerpos, un par de enamorados que dan la vida uno por el otro, que sueñan con un paraíso que los espera sólo para ellos, viviendo cada instante tomados de la mano, donde nadie podrá despertarlos.

DESIGNIO AZUL.- Diana Rubio Garay

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DIANA RUBIO GARAY, Pisaflores, Hgo., 1968.- Cuando en el Distrito Federal transcurría la aciaga Noche de Tlatelolco, Diana tenía unas horas de haber nacido en Pisaflores, un poblado de la huasteca hidalguense fundado en 1817 por sus antepasados. Hidalgo es la tierra de escritores de la talla de Ricardo Garibay, Margarita Michelena y Miguel Angel Granados Chapa, , así como del célebre huapanguero Nicandro Castillo Gómez –tío de otra hidalguense participante en LETRAS DE MUJER, Dora Martínez Pérez–. Diana estudió en una academia de Tamazunchale, S.L.P. y desde 1987 vive en Guadalajara, donde trabajó en algunas empresas privadas. Actualmente se dedica por completo a la literatura, en escribir sus propios libros y con participaciones en Talleres, conferencias, Ferias, programas de radio, difusión cultural y en publicaciones regionales. De ella, bajo el seudónimo de Olimpia Ortiz Jass, hemos leído en nuestros talleres: 84 AÑOS DESPUÉS, LA GRAN FIESTA, TOTALMENTE BARATILLO, TE QUEDA BIEN LA VIUDEZ, LA GRAN EDITH y ¡VAAMONOOOS A LA HUASTECA! Diana maneja diferentes géneros y, en lo personal, me agrada mucho el Costumbrismo que lo domina con maestría. Ahora le leemos:

DESIGNIO AZUL
Diana Rubio Garay

Yo soy Blanca y mi nombre no interesa a nadie. Blanca Luz Limón nada más y me falta un apellido porque no tengo padre. Blanca Luz Limón de aquí hasta el fin. Qué nombres más insípidos me pusieron. “Nació blanquita, le vamos a poner Blanca, Blanca como la Virgen de la Luz, blanca como la espuma del mar” ¡ah tonterías! Blanca y ñanga le acomodo yo, que ni soy espuma y menos virgen.

Guardo corajes, siento rabia y ganas de venganza, ya me cansé de mi cara de buena gente cuando en realidad quiero ser malvada. Desde chica me caigo mal, antes me soportaba, pero ya no, llega un momento en que una misma se cansa de lo propio, quisiera ser ajena a lo que vivo, ver y callar, sentir sin sufrir. No me gusto nada, mi voz es débil y hablo como niña, me comporto como tonta y ni siquiera tengo chichis, esta ropa no me va, pero es la que me identifica igual que el pelo a media cara para no ver el mundo. Me veo como un palo, esta moda es para desnalgados y no me gusta, pero ya qué, si al menos tuviera un kilo de nalgas, no es justa la naturaleza, o da de sobra o no da nada, y yo me fregué.

Ni mi abuela ni mi madre han sido felices en esta vida, yo menos. ¿Qué es la felicidad? Para mí sería saber de dónde vengo, conocer algo de mi origen. Un hombre y una cama es la felicidad para la mayoría de las mujeres, quisiera ser como ellas, vivir y no pensar en lo que no tengo a menos que yo lo busque. No tengo padre, ya dije, ni hermanos, tampoco primas, ni tías, sólo tengo a Papirri, que en lenguaje de niña alelada como me enseñaron en casa, quiere decir papi Ricardo y es hermano de Vevi. Novio tampoco tengo, no ha habido quien se me acerque con intención formal, me di cuenta que en la escuela los muchachos sólo me buscaban cuando querían ayuda para la tarea, sobre todo si era de dibujo, por eso dejé las clases, no es emocionante trabajar para otros sin recibir aunque sea un rato de cachondeo. Una tarde decidí que se acababa la tonta de Blanca Luz, al diablo las desveladas, cansada de buscar la perfección en los trabajos ajenos porque la vida propia no muy fácil se endereza.

Mi familia son dos mujeres solas: mi madre se llama Elvia y desde chica le digo Vevi, mi abuela es Luisa y la llamo Lucha, aquí a cada quien se le dice como le pusieron, no hay madre no hay abuela. Lucha me llama hija tres docenas de veces al día, ella compensa las veces que le tocan a Vevi y no me las dice. Lucha no le pesa el cuerpo ni la carga que lleva sola, hace ropa y en los ratos que suelta la máquina hornea pasteles; me gustaría saber de dónde saca energía, ella se encarga de todo porque ni Vevi ni yo recogemos un plato en la casa. Nosotros nos levantamos tarde, Lucha a las seis saluda y riega sus plantas, les canta y silba canciones de iglesia, así florean más, dice, yo siempre las veo igual; más tarde se arregla y aunque no tenga dinero va al mercado. “Dios provee, hija,”. Me parece lejano su Dios, yo no tengo ni pizca de fe.

Odio la cara de Vevi. Mi acta de nacimiento dice que ella me tuvo a los quince y desde ahí viene todo, apuesto que no sabía ni por dónde salían los bebés muchos menos cómo se alimentaba un recién nacido, en su haber tenía la experiencia de criar un perro huérfano y dos gatos, y después de los gatos vine yo. Vevi me parió un 5 de mayo, qué bonita fecha hija, me recuerda Lucha, Día de la Batalla de Puebla, había desfile hija, en pleno desfile y marcha de soldados corrí con Vevi a la clínica ¡naciste niña, naciste bien y todo gracias a Dios! me repite. Debió ser mortal tener quince y ser madre, y para evitar las preguntas, madre e hija a crecer como hermanas. Gran error Lucha, yo tenía derecho a decirle madre y ella a llamarme hija, pero me dice Blanca y yo le digo Vevi, cuando le llega el deseo de demostrarme su afecto, pronuncia un Blanquis como apenada, como para ella; en cambio el cariño de Lucha se desborda y no puedo corresponder, me enternece su entrega total, pero no me es suficiente.

Vevi es tan simple, diría que fea y nunca tengo ganas de verla, y no era fea, fue su miedo de verse madre que se quedó así. Tan fácil como abortar: un té o pastillas y afuera feto, para qué más tragedias. Enciendo la tele a las diez de la mañana, sonrío con desgano, mejor me durmiera, no estudio, no trabajo, medio me entretengo con una programación simplona: Sufres por esos kilitos de más… Cambia y encuentra al hombre de tus sueños, moldea tu figura, compra… Comprar, comprar, cómo si fuera tan fácil. Tengo asco, voy al baño y me lavo la boca. Regreso a la sala, me cansa la tele. Voy a mi cuarto, miro el techo y cierro los ojos. Sufrir, sufrir. Hay ciertos pasajes que no puedo olvidar, pienso en ellos.

El tiempo corre, necesito ganar dinero, sale caro seguir una moda. Otro día igual, huele a guisado, voy al cuarto y vuelvo a salir hasta que Lucha llama a comer. Me vienen recuerdos, hay uno que nunca se borra: Brenda…

Maldita la hora en que traje a Brenda para que jugara conmigo. Con sus escuincles nueve años era mucho más avispada que cualquier niña de la cuadra.

–A ver, a ver Lucy, ¿quién es tu mamá?

Hasta eso que me llamaba Lucy, me gustaba que me dijera Lucy en lugar de Luz, me hacía sentir importante.

–A ver, a ver… no entiendo…entonces ¿por qué no le dices mamá a tu mamá?

Y Brenda movió las manos como si trajera una bola de cristal, su cara y ojos los hizo como muñeca dormilona. Me chocó ese día, juro que me cayó gordísima, me intimidó con sus insistentes preguntas, no terminaba una cuando ya me estaba soltando otra.

–A ver, a ver… ¿entonces quién es tu abuelita, quién es tu papi?, ¿por qué tu papi nunca va por ti a la escuela? Yo tengo a mi mami Laura, a mi Tita Nora, a mi abuela Cuca, o sea la mamá de mi papi, ¿tú no tienes nada de familia? ¡Ah, ya entiendo eres más que huerfanita!

Esa tarde era especial, íbamos a jugar a las doctoras, traía mi bata y mis guantes que Lucha me había comprado, estaba tan emocionada porque rara vez llevaba amiguitas a casa, Lucha sí me dejaba pero a Vevi no le gustaban las visitas, esa tarde que no estaba ella me sentía feliz por tener visita. Brenda me habló de su árbol genealógico, que sus abuelos, que el bisabuelo, que la tía política, yo apenas sabía que me llamaba Blanca Luz. En ese instante, en pleno interrogatorio llegó Papirri, me saludó, me cargó un momento y luego dijo ¡madre, pasé a saludarla, huele rico qué hizo de comer! Y Lucha le sirvió y le contó que Vevi había tenido una entrevista de trabajo, que ojalá Dios le ayudara y se quedara a trabajar.

Desde que llegó, Brenda estuvo como antenita, se fijó en las fotos de la pared, los cuadros y desde luego con la oreja parada a la conversación de Lucha y Papirri.

–A ver, a ver ¿ese señor es tu papá? –Contesté que sí–. A ver, a ver ¿y esa señora de la foto es tu mamá? –Sí le volví a decir–. Y ¿la señora que te lleva a la escuela es tu abuelita? –Me estaba dando miedo tanta pregunta, dije un sí asustada, igual que cuando la maestra me preguntaba las tablas. Yo no entendía por dónde iba el interrogatorio, ni al caso con nuestro juego, nunca nadie me había cuestionado tan a fondo, vamos a seguir jugando –le dije– era más interesante jugar a las doctoras que a las preguntas, pero mi amiga no hizo caso.

–A ver, a ver… ¿Cómo se apellida tu Papirri? –Limón le dije, Ricardo Limón. –¿Y tú mamá? –Elvia Limón –¿Y tu abuela? –Lucha Limón—contesté algo enfadada, y antes que me preguntara se me hizo fácil decirle que no tenía esposo por si también me lo pensaba preguntar.

–Pero, Lucy, ¡cuántos pecados! Papirri no es tu papi, es tu tío, tu mamá y ese señor son hermanos, se apellidan igual. ¡Tu mamá y tu abuela son madres solteras! Eso es pecado ¡Qué horror! Y le hizo igualito que la maestra Mariana cuando hacíamos algo que le disgustaba.

Al parecer Brenda había agotado las preguntas, era mi turno para llorar y gritarle que se fuera, la corrí pero no se fue.

–No te preocupes Lucy, tú no tienes nadita de culpa, yo tengo una prima que tampoco tiene papá, mi tía ya le contó la verdad. Tú te puedes salvar aunque tu mamá sea una pecadora ¿ya hiciste tu primera comunión? Me solté a llorar, en ese momento no me interesaba la primera comunión y la salvación de nadie.

–¡Cállate, cállate! eres una mentirosa de lo peor, grité tan fuerte que la asusté.

Brenda salió como rayo, en el arranque olvidó su bolsa de Rosita Fresita, la aventé contra la ventana y se salieron todas sus chucherías de niña sangrona, porque eso me pareció desde ese momento. Lucha y Papirri corrieron a verme y yo no supe qué decirles, sólo lloraba y lloraba, sentía dolor y mucha vergüenza.

–¿Qué le pasó a la niña, por qué llora? aquí está papi, a veces las amigas se enojan, no llores tu amiguita volverá. Me dijo Ricardo muy paciente. Tendría que aprender a llamarlo Ricardo y no Papirri, qué difícil. Grité un ¡nooo! desgarrador, ¡no quiero que vuelva! le dije a Ricardo, él me abrazó y me hizo cariñitos, no paré de llorar hasta que me quedé dormida.

|Esa vez tuve un sueño, fue lo mejor después de la fallida tarde de juegos, soñé a mi padre, en sueños me dijo que me quería, como no sabía su nombre le puse Óscar, por un tiempo lo hice mi héroe y antes de dormir le daba las buenas noches.

En casa nadie supo el verdadero motivo del distanciamiento con Brenda, por fortuna me cambiaron de escuela y no nos volvimos a ver. Desde entonces confié en mis muñecas, a ellas también les conté mis deseos pecadores.

–A ver, a ver quién es, cómo fue… –Me preguntó una compañera del grupo, no le contesté, hay cosas son de uno. Y me acordé de Brenda.

Hoy vine a consulta, la sala está llena y hace calor, la espera es larga, con paciencia espero mi turno. Veo muchachitas con pantalones modernos y ombligos de fuera como si nada, no sienten pena, yo sí. Me veo rara, mi estilo ya no va con mi cuerpo. Nunca me convenció mucho andar de emo, pero había que seguir una moda. Vevi está conmigo, se ofreció a acompañarme y acepté, su intuición de madre le dice que será abuela y como tal debe estar conmigo. Quién sabe por qué designio esta cadena sigue, doy continuidad a la historia que nunca me gustó, pero puede cambiar. Me toco la panza y le hablo a mi hijo, será niño. Pienso en la verdad, lo importante que es decir la verdad; todo a su tiempo para que no te pase como a mí. Me desconozco, la maternidad hace milagros. Hijo, hijo le digo en silencio. Mi vientre se mueve, Vevi sonríe y yo también.

VIRGEN DEL ARCOIRIS.- Adriana Cisneros Garza

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ADRIANA CISNEROS GARZA, Monterrey, N.L., 1977.- A los 15 años Adriana escribió sus primeros poemas, desde entonces bajo el seudónimo de La Dama de Negro. Su anhelo, su sueño es el verse publicada en un libro y sé que ocurrirá pronto. Se siente y se sabe Escritora. Lo es. De padre zacatecano y madre nuevoleonesa, nació y vive en Monterrey, N.L. Es la menor de tres hermanos Norma (+), César y Sergio. Casada, no tiene hijos aún. Tiene estudios de Secretaria Contador, Personalidad y Relaciones Humanas, Comercio, Primeros Auxilios y Canto. La experiencia la llevó a ejercer la Contabilidad. Ha participado en varios programas de radio como locutora sin tener licencia, entre ellos: “Bohemia Tec” y “Homenaje a los Grandes”, en la radiodifusora del ITESM leyendo su propia poesía. Fundó un pequeño movimiento de escritores que leen su poesía en espacios abiertos al público llamado: “De Carne y Verso” (porque la poesía merece tener un espacio, piensa ella.)

En 2009, en el taller Aflora la Escritora que llevas Dentro, Adriana comenzó a escribir narrativa enfocándose siempre en el género que le apasiona, el Erotismo. Le hemos leído: DELICIOSAMENTE ATURDIDA, EL CONCIERTO, LA CONFESION DE ANA, LA PASIÓN DE ANDRÓMEDA y TRIANGULO PASIONAL EN SAN TIBURCIO. Romántica de corazón, infantil en su interior –como ella se define– Adriana trabaja actualmente en una novela, un libro de cuentos y un Poemario. Mientras tanto, en LETRAS DE MUJER ahora leemos:

VIRGEN DEL ARCOIRIS
Adriana Cisneros Garza

Tenía 24 años cuando lo decidí…

De aquello, sólo hay tres personas en mi entorno con las cuales compartí mis más oscuros secretos y deseos de juventud, que con el paso del tiempo me vendrían a llenar de experiencias y recuerdos múltiples. Ellas eran mis mejores amigas:

Perla, la desinhibida divorciada, Raquel la tímida casada y, Carmen la soltera confidente. Con ellas había pasado un sin fin de peripecias y aventuras de todo tipo, siempre he sido de un humor apacible en circunstancias normales pero ya en “ambiente” sentía atracción hacia otro estilo de vida, más extravagante que el que me estaba destinado en razón de mi origen.

Ellas han mantenido una lealtad inmaculada hacia mí, hasta los días presentes y desde siempre me manifestaban tal amistad y aprecio sincero, que fuimos construyendo y fui valorando en lo más profundo de mí ser. No me buscaban por mi posición, sino porque en mí veían a una amiga mujer total y no la oportunidad de escalar socialmente para tener una vida mejor conviviendo conmigo, sabiendo de antemano que yo me distinguía por una notoria sencillez.

Nos conocimos en circunstancias ridículas y de lo más absurdo e inimaginable. De vez en cuando, si estaba deprimida y no había ninguna función divertida que presenciar en el teatro y si la estación del año era propicia, disfrutaba de los placeres de la caza, hasta que cierta vez una bala perdida fue a parar a la pierna de Pilar. Aún recuerdo que luego de llevarla a mi casa y auxiliarla, ya en mi habitación, no cesaba de darme las gracias por haberla ayudado de esa manera pues yo bien habría podido delegar el incidente en alguno de mis sirvientes, pero estaba feliz (aunque apenada y preocupada por el accidente), porque advertí la oportunidad de sostener interminables y divertidas charlas con ella.

Pilar era una mujer pobre, desventurada, que se encontraba a merced de Dios y cuando nos conocimos, a pesar de la gravedad del incidente, esto era para ella un hecho fabuloso que vino a rescatarla de sus intentos de suicidio, pues se encontraba en el campo preparando una soga para ahorcarse, su vida estaba llena de tristeza y ansiedades, pues su esposo la había dejado para irse con una prostituta y le había robado a su hijo.

A Raquel la había conocido en una subasta benéfica, donde nos tocó competir por un hermoso vestido hecho con hilos de oro y fibras de maíz. Terminé cediéndoselo y ella estaba tan contenta de tener un nuevo atuendo que lucir ante su aburrido esposo, que una enorme sonrisa dibujaba en sus mejillas regordetas y rosadas al mismo tiempo que indagaba con preguntas suspicaces acerca de mi vida personal. Raquel era extremadamente curiosa.

Aunque su vida parecía equilibrada y tenía un buen hombre como marido que le era fiel y trabajaba duro para darles lo mejor, éste siempre llegaba cansado a la finca familiar y no convivía ni con ella ni con sus hijos.
Nunca platicaban, ella tenía en todo la rienda de la relación y se encargaba de tomar la más mínima decisión, se sentía poco valorada y su sobrepeso estaba haciendo estragos en su autoestima. Además, nunca pudo olvidar a su amor de adolescencia. Esto influyó más adelante para que ella fuese quien cometiera adulterio con aquel hombre con quién se reencontró, y pusiera su relación al borde de un escandaloso divorcio, pues la esposa de su amante al enterarse se dejó ir de manera arrebatada a la casa de Raquel a ponerla en evidencia delante de su esposo.

Hubo un tiempo en el que quise trabajar como una persona común y corriente y fui a un Dispensario a ofrecerme como voluntaria y Carmen fue quien me entrevistó. De día era una enfermera seria y religiosa, pero de noche se transformaba en una grotesca vendedora de pastelillos de crema para ayudar con los gastos en su casa, pues venía de una familia numerosa y era huérfana de padre.

Una fría noche de octubre, me invitó a acompañarla a tan ridícula hazaña y, como yo deseaba aplacar mi curiosidad, decidí acompañarla. Íbamos de taberna en taberna, las dos cargábamos sendas canastas llenas de pastelillos hechos por ella misma, que debo decir ¡eran deliciosos! Con una patada abría la puerta de la taberna y luego con gestos y ademanes exagerados ofrecía un pastel a quien volteara a mirarla… Carmen les garantizaba que quedarían satisfechos con el sabor o, de lo contrario, ella se lo comería.

Está por demás mencionar que, en algunas ocasiones, le aceptaban el ofrecimiento y, en otras la rechazaban con desprecio y humillaciones.

Un día en el que era mi cumpleaños, y lejos de hacer una gran fiesta como se acostumbraba, presenté a mis amigas mutuamente y desde entonces nos hicimos aliadas en pesares y en buenaventuras.

Mi madre que, aunque maravillosa y bien amada por mí, era sumamente protectora y aún conservaba las ideas inculcadas con firmeza por mi abuela, quien era la única descendiente de la condesa de Iglesias y con el yugo masculino de su esposo, el heredero al trono, nada más y nada menos que: El Príncipe de Canizales…mi abuelo. Un señor chapado a la usanza de antes: Silencio y Obediencia.

Mi padres eran dos seres maravillosos, colmados de bondad y amor que me dieron a manos llenas, pero lo que menos me interesaba era tener una vida atada en comportamiento y marcada en rojo por un protocolo falso, por eso yo escapaba cuando tenía oportunidad y tejía mis propias redes para salir de noche con mis amigas, esto ya era motivo de alarma para ellos por desobedecer sus órdenes de no entablar relaciones de amistad con esa “clase de mujeres”.

-¡Son malas mujeres Antonieta! ¿Qué de bueno pueden dejarte a ti?- decía mi padre.

Por ejemplo…aunque mi madre nunca citó con palabras que yo llegara sin mácula al altar, me lo insinuaba en todo momento entre conversaciones, o cuando yo le platicaba de algún chico que había conocido (de por sí, me era tan difícil tratar de llevar una vida normal con los hombres) y cada vez que salía con mis amigas, mi madre me fijaba hora de regreso y si no obedecía, me amenazaba con no dejarme entrar. (Así de estrictas eran las reglas, pero de todos modos me las ingeniaba y siempre “sucedía algo” que me impedía llegar a la hora prometida. Sólo yo sabía en lo que andaba metida).

El agudo conocimiento de la vida que tenían mis amigas (pues las tres eran mayores que yo) hacía que disfrutara con deleite y facilidad de las aventuras que me proponían, pues con el paso del tiempo yo había adquirido una singular habilidad para disfrazarme: podía adoptar no sólo la cara y los modales, sino también el porte, la voz y casi los pensamientos de otra persona, sin importar su nacionalidad o condición social. De éste modo desviaba las intenciones que me estaban destinadas por correr sangre azul en mis venas. Eso propiciaba que todas fuéramos admitidas en sociedades extrañas. Jamás las autoridades estuvieron al tanto de nuestras aventuras, juntas éramos un cuarteto estupendo con valor guerrero, rápida inventiva y mucha confianza.

Una tarde de diciembre, me encontraba con mi Caballerizo Mayor: el Coronel Tamez. Era un oficial joven, de carácter arrojado y hasta temerario. Acogía mis órdenes a la brevedad, siempre exagerando en modales y atenciones (eso fue lo que me hizo despertar y decidir que no cambiaría mi manera de vivir). No era un secreto que él me amaba, pues había tenido el atrevimiento de pedir mi mano en matrimonio a mis padres, a ellos les simpatizaba por sus valores, pero mi mente no me ordenaba que yo me atara a un hombre rutinario y ataviado en uniforme, hasta que hubiera probado la dulce vida que me estaba construyendo bajo mis propios ideales, y eso apenas comenzaba.

En el futuro no tendría más opción que obedecer y “entrar en razón” aceptando un matrimonio al lado de un hombre serio, responsable, fuerte para darme hijos sanos, fino en modales, y bien parecido, para que pudiera ser presentado en sociedad como mi esposo. Mientras ese momento llegaba, estaba dispuesta a continuar con mis aventuras.

Aún conservo mi diario con carátulas de piel de color café…allí registraba a cada hombre que conocía, ellos eran como trofeos que brillaban de manera distinta cada uno. No acostumbro alardear de mi suerte, pero confieso que de cada uno aprendí algo y aún los llevo en mi mente. ¿Qué habrá sido de ellos?

En cada viaje que hice, mis amigas me acompañaron cuidándome la espalda y compartiendo mi tristeza de no poder encontrar mi otra mitad para que me acompañase el resto de mis días, más sin embargo, mi diario se iba coloreando poco a poco, y un arcoíris denso y maravilloso iba creciendo, llenando mis días de maliciosa experiencia, que luego iba a poder aplicar con un flamante esposo en la sobriedad de una alcoba. Estaba decidida a conocer a cualquier hombre se cruzara en mi camino, o si era necesario, a provocar algún suceso que como resultado diera continuar con el aprendizaje.

Sólo tenía una regla, la llamaba: “La Regla de Oro” y era el no permitir que ningún hombre me desflorara hasta que yo así lo decidiera. Estaba dispuesta a llegar hasta donde fuera necesario para tomar experiencia, vivir lo que me propusieran donde y cuando ellos lo desearan, pero nunca iban a tener de mí lo que todos buscaban: un cuerpo hermoso que poseer para luego abandonarlo y tomar el siguiente.

La verdad temía entregarme estando enamorada y que lastimara mi corazón, que no valorara mis virtudes, pues ya había visto esto repetidas ocasiones. Ellos las usaban, prometían y juraban todo eterno, pero a los pocos días las olvidaban como muñecas de trapo usadas, con ropajes sucios y desgarrados, como le pasó a Pilar. Tampoco quería casarme sin saber nada de la vida y los placeres carnales para luego conformarme con un esposo como el de Raquel, que sólo pensaba en sí mismo y mi amiga ardiente entre las sábanas, ya cuando él dormía como león, terminaba yendo sola al paraíso.

O como le pasaba a Carmen, tenía su novio guapo y adinerado, pero tenían 15 años de relaciones, y más que amantes, aquello parecía de hermanos, lo peor era que al tipo no se le veían intenciones de formalizar con ella.

En fin…a mí nadie me iba a hacer cambiar de opinión, ¡me sentía lista para vivir mis pasiones y cometer todo tipo de pecados!

Mi mente vivía en un lugar cambiante, en el recinto donde podía sentir a los siete vientos jugar con mi cabello hasta convertirlo en caricia perturbadora y escuchar la música del agua penetrar en mis sentidos hasta hacerme palpitar. Me inventaba sensual todos los días y estrujaba a mi paso hasta a las sombras.

Mi ternura volvía entrañables los días de quienes estaban conmigo y mis labios se asemejaban al néctar del durazno, vino listo para ser consumado. Poseía el arma más poderosa para rendir a cualquiera: El Sabor Inquieto y Espectrante de la Fermentación acompañado de una mirada punzante que esperaba ser invasora.

Mi figura permanente se quedaba en los espacios visitados cincelando en las memorias mi persona. Al contacto mojaba y mis muslos cavaban cuevas en la cima de algún dios oculto, sediento, impaciente
Mi piel ansiosa llamaba y gemía el nombre de mis hombres…no era tiempo de amar, pero sí de agonizar y convertir en elíxir los sueños de una piel sin pudor ni indiferencia, desbocada pero infecundada.

Había amantes hundiéndome los dedos y sus espadas eran como garras que destrozaban una seda y en esferas de aliento se abrían de pronto algunos estallidos.
No era tiempo de amar, mas sin embargo, todos me amaron.

Conocí un carrusel de hombres de todas las edades…mi “trofeo” mayor fue un hombre viudo que en ese tiempo me llevaba 15 años, era apuesto, medio calvo, con cuerpo de acero, piernas atléticas y muy bien formadas, pues desde niño practicaba esgrima y en el tiempo en el que salíamos, era dueño de su propio club. Era fabuloso, a él le encantaba llevarme de la mano al salón de fumar donde se encontraban sus amigos, y con cierto celo me presentaba ante ellos, pero su verdadera intención era presumir que a sus años, hubiera logrado capturar la atención de una hermosa joven como yo.

¡Tenía tres hijos varones y el mayor era de mi edad!. Pero era muy seguro de sí mismo y eso no lo inmutaba en nada, obviamente era un maestro en el arte del “cunnilingus”, desfogaba pasión en un beso, sus labios carnosos, tibios, sabían a lengua y espasmos. El me llevaba a lugares caros y sofisticados, quería casarse conmigo, que yo le diera una niña como hija, siempre lo deseó. Era completamente estable y había amasado una fortuna cuantiosa, pero aunque me sentía segura con él y lo deseaba tanto, terminó por fastidiarme, pues al terminar nuestras citas, me seguía y no podía permitir que eso continuara.

Conocí también al casado de clase media con una relación forzada, pues había contraído nupcias por obligación, había embarazado a su novia en una noche de copas y bajo amenaza del padre de ella, él había optado por “cumplirle” para salvarla de la vergüenza. (Creo que en realidad le tuvo miedo al revólver con el que lo amenazó el padre de la chica).

El y yo nos habíamos conocido en un baile, sus atenciones convencían a cualquiera, aparte poseía el don para bailar cualquier tipo de música. Muchos fueron los encierros que acepté para invernar en un lugar donde estuviéramos solos y sin ser molestados, hubo repetidos ritmos que a la luz del cautiverio se enredaron en mis caderas, su carne con mi tacto se destilaba, sus ojos eran lunas nocturnas que desafiantes, me admiraban desnuda y siempre la misma petición me asfixiaba y rompía la paz de mi silencio:

-Déjame ser el primer hombre en tu vida, el que te enseñe el camino y te convierta en mujer de una vez.

A lo que obviamente siempre me negué por ser ajeno a mí, (lo qué me tenía sin cuidado) pero él fué el más promiscuo de todos los que conocí, y buscaba llenar su vacía existencia con la dulce compañía de una agradable mujer que al verlo llegar a casa, no le gritara ningún reclamo como lo hacía su mujer.

Fui palpitando con el viento y cantando a la vida, hice de todo con cuanto hombre se cruzó en mi andar, respetando siempre “la regla de oro”. Amé al hombre que trabajaba su tierra, al obrero cansado, al poeta y al músico, amé al gladiador con cuerpo de adonis y protuberante e inigualable virilidad masculina hasta ese momento contemplada por mí, tuve al candente seminarista y al ganadero que viajaba todo el tiempo. Amé al doctor y al empresario adinerado, a todo hombre sabio o necio. Hubo un festival de pieles, de razas, de costumbres, idiomas y modales, todos erguidos se derramaban ante mí y delineaban mis miembros, pero seguían siendo fallos luctuosos.

Hasta que un día, conocí al indicado para que fuera el primer hombre en mi vida, el que tendría la fortuna y el orgullo de ser quien me hiciera mujer y arrancara con su lengua y su roce mis membranas, hasta multiplicar la flama que ya existía en mí.

Sé que esperan saber quién se vertió en mí hasta exhumar mis deseos, pero el mundo entero está vinculado a los hombres, tendrán que conformarse con saber que él fue un caballero que me supo llevar y tratar como una dama.

Por la posición actual que ambos tenemos, debo mantenerlo sólo en un hermoso recuerdo, del cual aún saboreo una dulce menta que me refresca en los días difíciles…

Realmente de cada uno de ellos llevo algo que me ayuda a continuar cuando mi camino se torna inseguro y me asechan los demonios internos.

En éste momento, acaricio mi diario, lo contemplo mientras les relato ésta historia, en medio de sus hojas lleva reliquias donde aparezco con ellos, con cada uno logré retratar un momento mágico, que con el paso del tiempo sé que seguirá coloreando mi existencia.

La mujer alta se entregó a quien quiso, cuando así lo decidió…sin presiones ni engaños, sin “pruebas de amor” , ni heridas letales, sin consecuencias dolorosas y rompiendo con todo lo inculcado, me casé sin ser “virgen” y orgullosa lo he gritado a mis siete vientos: ¿Y qué?..

¿Acaso ellos nos llegan puros e intocables a nosotras, por cuantas manos desfilaron?

LABIOS DE SIRENA.- Ana Jiménez

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ANA LETICIA JIMÉNEZ VALDEZ, Tijuana, B.C., 1973.- Desde siempre, Ana Jiménez convive con las letras, las emociones y el arte. Cierto día –- confiesa– entendí que no era loca, simplemente tenía ideas muy diferentes a las de los demás… Entendí mi locura y descubrí mi libertad de ser y de sentir… Me he aceptado y ese es mi secreto para ser feliz. Ana es soltera, trabaja en Televisa-Tijuana, es fotógrafa y estudia canto, baile flamenco y danzas polinesias. A los siete años escribió su primer cuento, sobre el Circo. En nuestros talleres participó ya en VERANO DE LETRAS donde le leímos MURIEL&ANDREA y ANGELIQUE LE BOURSIER. Aquí comparte “mi parte surrealista integrada a la locura y al placer de sentir, de vivir y de ser simplemente Ana”. Su literatura tiene imaginación, fantasía, emotividad, giros poéticos y reflexión. Ahora le leemos:

LABIOS DE SIRENA

Ana Jiménez

Hoy me despertó el sonido de las hojas, parecían estar molestas con el viento y ya no danzaban. El viento las empujaba y caían, creo porque iniciaba otoño. Sin embargo para mi era un día común, el mismo sol, todo era igual y decidí hacer algo diferente, aprovechar el primer día de otoño y su rico frio. Tenía muchas ganas de tomar fotos pero ya no quería de hojas o de piedras, quería encontrarle otro sentido a mi día, a mi vida…

Hacer algo nuevo, diferente, me vi al espejo y me dije:

– Atrévete a hacer lo que jamás pensarías hacer, inmediatamente recordé el mar abierto, sentí miedo en ese momento, pero ese temorcito que siempre le he tenido al mar, es el que me invitó a la aventura. ¿Quién va conmigo? Y como nadie podía, pues me voy sola, decidí.

Tomé mi cámara, baterías, ipod y una chamarra porque el viento venía golpeando mi rostro muy fuerte y las nubes tenían un color gris. Wow iniciaría mi aventura en unos minutos, mi aventura que la llamaré “el mar en el país del nunca jamás”. Este nombre me lo dijo en un sueño una amiga, justo un día antes y eso sin duda era lo que me empujó a hacerlo realidad.

Renté un velero, el instructor me dio las indicaciones especiales y justas para que mi viaje fuera en verdad una aventura, ante lo cual relajé mi cuerpo y me embarqué.

Piloto automático, que fácil es esto, el miedo desapareció, el cielo ayudó, cambio a azul, el viento guiándome suavemente y yo inmensamente feliz. De pronto escuché un canto, una voz tenue y dulce que a mis tímpanos enamoraba, volteé al norte, al sur, al este y al oeste y no había nada. Con el zoom de mi cámara logré captar una imagen a la distancia: Era una sirena ¡Qué hermosa sirena! Su mirada coqueta, una mirada que jamás habían visto y sentido las niñas de mis ojos. Sonriéndome, cantaba y cantaba sus canciones, me hizo una parada , como si fuera un taxi, sopló a mi velero y lo detuvo.

En medio de la nada ella y yo, sonriendo me dijo ¡Hola soy Nautilus! .Sé que me preguntaras qué quiere decir mi nombre. Antes que nada, tienes la dicha de verme, pues el entusiasmo que transmites por ser aventurera es lo que te permite conocernos. Y justo hoy es un día especial para nosotras las sirenas, cantamos a quien busca aventura y placer. Escogí mi nombre por un molusco que para mi es Marinero de Luz. Pero en realidad los nautilus son considerados como fósiles vivientes, ya que han sobrevivido durante millones de años. Ella seguía hablando y yo sentía su ternura al escucharle y verle hablar, era tan dulce su voz, sentía una algo en mí estómago, algo nuevo definitivamente tal como lo pedí, algo diferente para mí, tal vez no me entenderían lo que empecé a experimentar en ese momento, sólo ternura mezclada con inocencia… Y sus pupilas viendo las mías.

Después de escucharle más sobre su nombre yo le contesté con un hola un poco tensa y con una gran sonrisa. Yo soy Ana y mi nombre significa Gracia de Dios. Inmediatamente la invité a subir en mi velero, tomó mi mano me dio un abrazo y después de una larga plática se quedó dormida. Yo no quería que el día terminara, tomé varias fotos y me acurruqué en su pecho hasta donde llegaba su roja cabellera. Contento, el mar movía sus olas y el velero bailó a su ritmo, cuando me despertó en otro abrazo, el más bello que he sentido: sus dedos se deslizaban por mi cuello y sus manos estaban húmedas, sus escamas brillaban, se abrían, era giroscopio de tentación. Y amable posaba para mi lente, mientras me contaba la historia de por qué decidió ser sirena. Fue por que veía a gente feliz y a gente infeliz cuando pasaban los cruceros y, una vez al mes, las sirenas salen a mar abierto, cantan y a quien logre verles los eligen para hacerles un día especial. Escuchar su dulce canto es como renacer.

Decidieron hacer esto, después de que en su cueva vieron tantas veces morir a la gente de avanzada edad, seres que no hicieron nada para engrandecer su alma y que mueren primero en vida, porque no logran hacer lo que realmente les gusta.

Nautilus me contó que una vez se encontró a un amigo, excelente pianista, quien había sido un hombre aventurero y además componía hermosas melodías pero que al casarse todos sus sueños se derrumbaron. Los dejó morir ya que la esposa, una mujer amargada le inyectaba sus frustraciones con dosis de mal humor. Un día ese amigo se fue de su casa abrumado por tanto odio hacia él, por haber dejado que cortaran sus alas y decidió sumergirse en las profundas aguas. La sirena lo vio y no pudo hacer nada por él, sólo entendió lo que a lo largo de tantos años él había visto morir: sus sueños y sus alas cortaron su vuelo. Yo lo vi, me decía Nautilus, lo vi morir y no logré hacer nada por él, fue ese día que me quedé en el mar esperando su regreso, entendí que él no pudo verme pues ya no era ese hombre aventurero que había sido.

Ana, me pidió la sirena, comparte esto a personas que no son como tú y que no recuerdan la pasión por la aventura, esa pasión por la vida, por hacer lo que les gusta sin importar la edad o las circunstancias. Le contesté inmediatamente que sí, que yo la apoyaría en la ciudad donde vivo y que de las fotos que le había tomado con ella, haría una historia. Claro con todo gusto, le volví a decir.

Le conté lo que estaba haciendo en estos días y que había conocido a persona mayores con muchísima pasión por seguir haciendo lo que les gusta. Tengo una maestra en danzas polinesias, tiene 75 años y nos enseña lo que ha aprendido, siempre con una sonrisa en su mirada y, de mi maestro de flamenco quien tiene 60 años y unas ganas por seguir bailando y recibir aplausos. Ellos nos entregan en cada clase su pasión…

Le tomé muchas fotos, las mejores fotos que llevo en mi memoria. Llegó el momento de regresar pues el sol se ocultaba. Nautilus me acompaño y después de un largo abrazo y un beso que empezó en mi mejilla y rozó mis labios, me dijo: gracias por seguir tus sueños, créeme que inspiras a quien menos te imaginas, no dejes que nadie te corte tus alas…

Me hizo entender también que, en algún momento, podría caer cuando las cosas no me salieran como yo quiero pero que aceptara que tal vez así es como debe de ser, porque lo más seguro es que algo mejor vendrá para mi. Y que si me aferro a algo, no dejaré nunca ver qué es lo que sigue…

Regresé con la más grande sonrisa en mis labios que conoció Nautilus y me vi en el espejo y me dije: ¿Del mar, de Nautilus o de mí, de quién he aprendido hoy?

Del mar: su paz, tranquilidad, el sonido de la nada, simplemente el silencio, y por más miedo que le tenga a algo, será la paz para mi silencio. Aprendí a no tener miedo.

De Nautilus: me queda el momento de su abrazo, su entrega desinteresada y ese beso temeroso, misterioso, cálido y delicado rozando mis labios… El sudor de sus manos recorriendo mis hombros, mi espalda, su hermosa sonrisa, qué mirada de tan tierna ternura para mi, coqueta, qué cuerpo tan perfecto, su esencia su olor a mar, lo frágil y fuerte… Aprendí de ella el desapego.

Voy a recordar sus manos acariciándome como un pulpo, inquieta y sensual, sexual sin miedo a inventar, sudando y temblando al sentirme. Nautilus mi luz de agua me dejó sedienta, como un pez desesperado cuando le quitan el agua para vivir.

Labios de sirena, seguiré mi aventura para volver a verte. Y si no te veo, te vuelvo a pensar.

Y de mi: algo muy valioso, el no esperar y querer volver a verle que las cosas pasan tal vez una sola vez en la vida. Aventarme a la aventura y que en cada evento que me suceda, no destruirme si no vuelve a suceder. Que un amigo siempre dirá la verdad, aprender a escuchar a quien nos pida ayuda, a veces un minuto puede salvarle la vida a alguien que nos necesite… Descubrí, que me he hecho muy fuerte día a día.

Y todo fue en el momento en que entendí quien soy, con tan solo entregarme a la confianza.

BAJA, BAJA UN POCO MÁS. Dora Martínez Pérez

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DORA MARTINEZ PÉREZ, Tula de Allende, Hgo., 1957.- Dora proviene de tierras pródigas en artistas y escritores, Hidalgo. De la tierra, sin duda, le viene su vocación literaria. Es casada y tiene dos hijos –Guillermo (26) y Ana, actriz (22)– Es graduada de la mejor escuela mexicana de Periodismo, la Carlos Septién García, guionista y productora de materiales didácticos y de capacitación en temas tales como Administración y Desarrollo Humano. Ha tomado cursos de Expresión Literaria, Metafísica, Angeología y Sanación Espiritual. Dora vive y en el Sur del Distrito Federal y ahora trabaja en una novela que espera publicar en el Otoño de 2010. En VERANO DE LETRAS la leimos bajo el seudónimo de Doris Mar en CONFIDENCIA ANTES DE PARTIR y en AGNES, LA VIDENTE. Este trabajo originalmente fue anunciado como ENCANTADA EN EL BOSQUE. Entonces, leamos:

BAJA, BAJA UN POCO MÁS
Dora Martínez Pérez

Cuando empecé a recuperar el conocimiento, percibí que algo me sostenía. Una cuerda en mi cintura me tenía sujeta y sentada, al pie de un árbol, sentí una pesadez anormal en los párpados, abrí los ojos con dificultad y todo daba vueltas, no pude fijar la mirada y un vértigo me doblegó. Esperé unos minutos, alcancé a ver otras cuerdas en mis pies y manos, todo en mi pensamiento era confuso. Intenté nuevamente abrir los ojos cuando aquel hombre, cuidadosa y delicadamente me puso una venda para cubrirlos.

Descansé mi cabeza en el tronco del árbol, sentía un dolor intenso en el cuello. Recordé lo último que hice antes te perder la conciencia: Salí de la oficina, crucé el parque para llegar al estacionamiento, caminé apresuradamente observé que los rayos del sol se filtraban entre los árboles pintando en las hojas juguetones destellos de luz. Pensé en que era una buena hora para evitar el tráfico de regreso a casa. Imaginé llegar a sumergirme en una tina de agua tibia y tomar un delicioso, relajante y reconfortante baño. Iba tan absorta que no me di cuenta que alguien, a quién no pude ver, llegó por mi espalda me abrazó, me cubrió la nariz, me adormeció y no supe más.

Me sentía muy perturbada, aletargada y con un ligero mareo. Por un momento el miedo me provocó nauseas, intenté concentrarme y avivar mis sentidos, me percaté de estar en un bosque, percibí el peculiar aroma de la tierra húmeda, el inconfundible olor de los pinos y los eucaliptos, en la piel sentí correr el viento fresco característico de las zonas arboladas. Creí que estaba sola con aquel hombre, aunque la confusión me llevó a pensar que me había abandonado ahí. No había ruidos ajenos al lugar, se oía el aleteo de las aves que se refugiaban en sus nidos para esperar la noche, tal vez el paso de un arroyo cercano del cual apenas distinguía el murmullo del agua. El pánico se apoderó de mí, grité como loca pidiendo auxilio, nadie podía oírme, me invadió un inmenso temor que me hizo estremecer.

_ ¿Quién eres? –pregunté angustiada y asustada– ¿Qué quieres de mi?

_ Nadie que te quiera hacer daño.

Fue la respuesta de un hombre con voz pausada, seductora y varonil.

_Sólo quiero que despiertes tus sentidos. Primero esperaré a que te tranquilices, no tengas miedo, así no podrás disfrutar…

_ ¿Disfrutar? –Interrumpí. ¿Disfrutar qué? ¡Maldito enfermo!

Él no respondió a mi arrebato, conservó la calma y se mantuvo en silencio.

Imposible deshacerme del pánico que me invadía. Por mi mente pasaron muchas ideas, tal vez era un psicópata o un violador, un pervertido sexual… Pensé que lo mejor era hacer cuanto me pidiera. Respiré hondo varias veces para recuperar el ritmo respiratorio. Luego me puse muy alerta para identificar lo que pasaba alrededor. Sentí que aquel hombre se movía sigilosamente sin decir palabra ni provocar ruidos fuertes, sólo percibía sus movimientos y su ubicación por el crujir de las hojas secas bajo sus pisadas.
Se me ocurrió hacerle varias preguntas e intentar reconocer su voz:

_ ¿Te conozco? Pregunté.

_ Sí.

La respuesta fue seca y contundente.

_ ¿Tenemos relación de trabajo?

_Sí.

Su tono pausado y tranquilo, me indicaba que no estaba actuando bajo presión, no mostraba temor de ser descubierto.

_ ¿A qué distancia estás de mi? ¿Qué haces?

_ Tranquila… no te haré daño, respondió conservando la calma… y dentro de un rato podrás ver el hermoso lugar donde te encuentras, te quitaré la venda después que hayan pasado algunas cosas. Se acercó y me puso de pie.

Su comentario me hizo caer en pánico, la boca se me secó y el corazón se aceleró, mi respiración se cortaba, ¡no me podía controlar!

Recapacité en su voz y no… no me era conocida, no la relacioné con nadie cercano del trabajo. Seguramente había mentido al decir que trabajábamos juntos. Traté de concentrarme en idear una manera de escapar de allí, pero entendí que iba a ser difícil estando en un lugar alejado, amarrada, sola y sin poder ver. Sólo me quedaba esperar una oportunidad para poder huir.

Escuché que accionaba un encendedor, llegó a mí el aroma de algo dulce, tal vez incienso o unas velas. Me sobresalté al sentir su respiración y su aliento cerca de mi cuello.

_ Déjate llevar, –me dijo con un susurro en el oído–, no pasará nada que no quieras…

Su cercanía me produjo escalofrío, volteé la cara al otro lado mostrándole rechazo, no dijo nada. Al hablarme conservó su tono dulce y seductor, su voz tenía un encanto especial y el calor de su aliento me erizó la piel. Deslizó delicadamente su mano por dentro de mi escote acariciándome tímidamente los senos, bajó el tirante de mi sostén y puso delicados besos en mi hombro.

_ Nada que tú no quieras que pase… — volvió a decir–, ¿Quieres que continúe? –Preguntó.

_ Sí, contesté con la voz entrecortada por el temblor incontrolable que me sacudía.

Caminó unos pasos y puso una música suave y seductora.

_Escucha esta canción, me dijo, elegí con mucho cuidado todo esto pensando en ti. Volvió a acercarse y con delicadeza me recorrió dándome besitos desde mi cara hasta el nacimiento de mis senos, dejándome el sello de su aliento en mi piel. Interrumpió y dijo: ¿Te agrada lo que te estoy haciendo? ¿Deseas que continúe?

- Sí. –Contesté. ¡Imaginaba lo peor si lo contradecía! No sabía si provocaría una reacción violenta si le pidiera que me soltara. Trataba de crear imágenes en mi mente del lugar donde estaba, necesitaba saber ¿Quién era este hombre y qué lo había orillado a hacer todo esto? Temía que fuera una violación, moría del miedo que me fuera a herir o matar, el miedo me tenía paralizada pero no había otra opción más, que ceder a sus peticiones.

Me desabotonó la blusa despacio, puso un beso seductor en mi oreja mordisqueó mi lóbulo y mi cuello, su aliento y su aroma provocaba una respuesta inevitable de mi cuerpo, desabrochó el sostén y lamió con dulce pasión una y otra vez mis pezones, sus manos suaves, sus labios cálidos y su voz empezaron a despertar mis instintos, bajó hasta mi cintura y mi cuerpo comenzó a reaccionar a cada caricia.

¿Puedo continuar? –Preguntó sin detenerse.

_Sí… le dije, fingí en mi tono de voz una súplica. Esperaba que él se sintiera confiado.

Desató mis manos, me despojó de la blusa y el sostén, colocó mis manos sobre su cara, dejó que lo tocara, no dejaba de besarme, recorrió mi frente, mis labios, mi cuello, mis senos, los costados, me abrazó por la cintura. Y muy suavemente me volvió a atar las manos.

–¡Eres bella! – me susurraba al oído- eres la mujer que ha inspirado esta locura, que me ha motivado a realizar esta fantasía. ¡No hay cosa más bella y seductora que tus formas de mujer! He viajado infinidad de veces en la redondez de tus senos… tus montes y valles cada noche recorrí… mi pensamiento se perdió en la oscuridad de tu hermoso vientre y alcancé el éxtasis al sentir tu olor a mar. No hay cosa más bella que imaginar estar atrapado en tus formas de mujer, disfrutar a mi antojo el calor de tus muslos y sentir los acompasados latidos de tu corazón…He sentido miles de veces la suavidad de tus manos en la fantasía de un abrazo… Cada noche tomé de tus labios carnosos exquisitas gotas de miel, tu aliento me sostuvo siempre que recorrí tus formas de mujer. Y cada mañana a mi mente vienen tus hermosos ojos oscuros como el infinito.
El aroma dulce se hacía más intenso, y una tenue radiación de calor llegó a mi cuerpo.

- ¿Qué has hecho? –Pregunté, ¿prendiste fuego?

- Sí, preparé una pequeña fogata, está oscureciendo.

Se colocó frente a mí y guió mi mano sobre su cuerpo, se había quitado la camisa, toque el tórax de un hombre fuerte, bien formado, aparentemente alto, su piel despedía un agradable aroma de loción de maderas. Frotó su pecho con el mío y sentí cómo crecía su piel al despertar la pasión y el deseo.

Deslizó mi falda hacia abajo, me quitó los zapatos y besó mis pies, rasgó mis medias y con sus dientes me despojó poco a poco de mi ropa íntima, su lengua jugueteaba cerca del monte Venus y respiraba con agitación en mi vientre. Desató mis manos y quitó la cuerda que me ataba al árbol, me pidió que desabrochara su pantalón y lo acariciara, perdí el control al sentir su virilidad, sentí la firmeza de su cuerpo, lo recorrí con mis manos desde su vientre hasta su cara. Se despojó de su ropa y me dejó sentir la calidez de su desnudez.

¡No pude más! Empecé a humedecerme y él lo notó, pasó sus manos por mis rincones y puso una caricia ardiente en el lugar más secreto de mi ser. Gemí por instinto… ¡Bésame! ¡Bésame! Dije una y otra vez…
Nos dimos un beso prolongado en el que se entendía nuestra locura, me deslicé hasta quedar arrodillada, adoré la fuente de sus deseos, lo acaricié con frenesí, lo conduje a la desesperación…

Me levantó con agilidad y fuerza, rodeé con mis piernas su cintura, penetró con fuerza su calor, su pasión y el deseo nos llevó a fundirnos en un torrente de líquidos… por un momento fuimos uno…

Luego llegó la calma, estábamos exhaustos, él colmado de amor y yo a la deriva en un mar de encantos. Nos mantuvimos en silencio, con los ojos vendados, imaginé que mi mirada estaría llena de interrogantes. Por nuestros cuerpos corría un sudor que se antojaba probar, yo empecé a beber en su pecho el roció del placer… me detuvo sutilmente. Me bajó cuidadosamente, aprisionó un poco mis brazos guiándome hacia dónde sentarme y con mi blusa me cubrió la espalda.

_ ¿Dime quién eres?

_Hugo… simplemente Hugo, — dijo. Y te deseo enormemente… me ha provocado insomnio muchas veces la sola imagen de tu figura, repaso día a día la forma y la firmeza de tus senos, he seguido con el pensamiento tus torneadas caderas y tus piernas, el movimiento de tu cabellera con el vaivén de tu andar, lo delicado de la forma de tus manos que se mueven igual que las alas de un ave al volar, recuerdo lo sublime de tu aroma cuando pasas cerca de mí. Tengo presente cada ropa que usas, cada color que eliges y siempre estoy al pendiente de tu llegada. Te has convertido en una obsesión.

_ ¿Por qué no te habías acercado a mí? ¿Por qué no me has hecho alguna invitación?

_ Porque, temía que sabiendo quién soy no fueras a aceptar, y porque despertaste la locura de esta fantasía, quería seducirte de manera inusual. Quería probarte que sin conocerme, podía ser capaz de despertarte los más íntimos deseos. ¿Lo he logrando?

_ Sí, lo lograste… me estás…

_ ¡Te estoy adorando!- dijo-. ¿Te das cuenta de eso?…como a una virgen en un templo… quiero que veas el santuario que preparé para ti… ¡ahora verás dónde estás!

Se paró detrás del árbol, me quitó la venda de los ojos. Recorrí con la mirada el lugar, la penumbra de la noche cubría todo, alrededor del árbol donde me encontraba, formó un círculo de velas y un poco más allá estaba una pequeña fogata. Efectivamente estábamos en un bosque, no había luces cercanas de caminos o viviendas.

_ ¿Estamos en un lugar para acampar? –Le pregunté.

_No. Este es un lugar secreto. He diseñado un altar para ti, te mereces mucho más pero es un comienzo original. Estamos en una zona de bosque cerca de la ciudad, no es fácil el acceso a este lugar, el auto llega cerca pero hay que caminar por algunas veredas. Antes de que despertaras bajé las cosas que traje para hacer este encuentro lo más agradable posible, sé que en estado consciente no hubieras aceptado venir…
Perdóname si te asusté.

_Sí. Me asusté mucho, pero el miedo ya desapareció. ¿Qué hora es?

_Aproximadamente las siete de la noche…

- Déjame verte, ven frente a mí, déjame saber quién me hizo vibrar con esta experiencia tan extraordinaria.
Hugo dio la vuelta y se mostró ante mí, con su cuerpo al desnudo, despojado de pudor, la sorpresa me dejó muda. ¡Frente a mí estaba un hombre de físico envidiable! Alto, atlético, fuerte, de piel blanca, cabello obscuro, cara cuadrada, ojos verdes, cejas pobladas. Me miró amorosamente y dijo:

_Soy Hugo, no es necesario decir nada más.

Se volteó y caminó hacia donde estaba la fogata, sacó de una maleta una cobija ligera, una botella de vino y dos copas. Cambio la música y puso un viejo disco de canciones románticas, extendió la cobija, me abotonó la blusa, sirvió el vino y dijo:

_Ahora que tus temores han desaparecido y después que te he demostrado mi pasión ¿Me dejarías hacerte nuevamente el amor? ¿Aceptarías voluntariamente tener un acto de amor conmigo? Quiero que sepas que lo que siento por ti es amor, quiero entregarte todo lo que hay en mi interior en un acto sublime…delicado…amoroso.

- No puedo aceptar que lo que dices es verdad, nunca te he visto en el trabajo. ¿Cómo puedes decir que sientes amor por mí? Es innegable que lo que me has hecho vivir en este momento es único…nunca tuve lo hice antes así…

Tengo mucha angustia, siento un conflicto de emociones, entre que no te conozco y el placer que me hiciste sentir, me encuentro muy confundida… creo que sí me gustaría sentir tu entrega de amor…

- Cada vez que lo desees, este será el santuario para adorarte…si aceptas, este será el lugar donde tú y yo nos encontremos y nos entreguemos de manera plena…absoluta… secreta.

Sus labios me besaron, recostados y rodeados del calor de las velas y la fogata comenzamos un juego amoroso, fuimos incrementando el deseo, la pasión.

Metió sus dedos entre mis cabellos y me condujo sutilmente a sus tetillas, –¡Muerde, muerde hasta enloquecerme..! ¡Déjame en la piel la huella de tu presencia– suplicaba mis caricias, al tiempo que yo veía como se encendía su masculinidad…

_ ¡Súbete en mí! – me pidió desesperado- ¡cabalga el mundo y disfruta lo que te hago sentir!

Luego me colocó boca arriba, vació sobre mi vientre su copa de vino y lo bebió poco a poco. Sentí su lengua tocar suavemente el punto femenino de máximo placer…me hizo vibrar hasta las lágrimas de la emoción. Acostada en el suelo del bosque y como único panorama miles de estrellas brillantes y una obscuridad que cubría nuestra existencia, sentimos una y otra vez el clímax de nuestra entrega.

_Deja mostrarte mis formas de hacer el amor, –le dije– tal vez descubra algo que te puede enloquecer.

Lamí despacio sus zonas íntimas… –¡baja, baja un poco más!– me suplicaba. Toqué con mi lengua las fibras más sensibles e inimaginables que tiene un hombre en sus lugares secretos… Surgió una inevitable explosión de placer, de la fuerza de su interior salió en un torrente que corrió por mis senos bañándome de la esencia de su naturaleza.

Nos quedamos tirados boca arriba mirando al cielo, agradecí tanta locura, tanta lujuria, tanta pasión, tanto placer…

Después de ese día, todas las mañanas trato de llegar a la oficina antes del horario de entrada, cuando casi no hay empleados, subo discretamente a la oficina del presidente de la empresa, y dejo sobre el escritorio de Hugo un pequeño mensaje amoroso en un sobre cerrado.

No pude sospechar que días antes era observada por un hombre tan importante y menos aún que deseara tener un encuentro sexual conmigo, ahora no podía ser indiferente con aquel hombre que me hizo vivir una experiencia única, maravillosa, diferente, aquel que me hizo vibrar una y otra vez, en el lugar secreto del bosque donde quedé encantada.

Hoy por la mañana le dejé el siguiente mensaje:

“Deseo ardientemente ir al santuario esta tarde, pide lo que quieras, estaré para complacerte”

Sólo tuya,

Lucía.

LOS PASOS HERIDOS.- Ana Kennia Rentería

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ANA KENNIA RENTERÍA, Ocotlán, Jal., 1980.- Ana Kennia es una Escritora absoluta, verdadera, que divide su tiempo entre el ejercicio de su profesión de Contadora Pública, la vida familiar con su pareja y sus tres hijos –una adolescente, un niño y una bebé– y un sinfín de actividades vinculadas a ayudar a quien la necesite, a veces con un consejo o, las más, con una sencilla pero intensa solidaridad. Nació y vive en Ocotlán, Jalisco y fue madre muy joven, a los 16 años. Trabajó en una maquiladora de computadoras para pagar sus estudios profesionales y, desde su temprana juventud ha desarrollado de manera autodidacta su formación cultural y literaria. Es personaje clave en los Talleres de Expresión Literaria, por su entusiasmo participativo y motivador, lealtades, perseverancia y sobresaliente evolución en su carrera como Escritora. En AFLORA LA ESCRITORA QUE LLEVAS DENTRO, publicó una interesante saga compuesta de: SÍ, ASÍ FUE, ¿TÚ TAMBIÉN, TINA? LA LIBERTAD, REBECA EN FUGA y, ANDALE, CHILO. También publicó SHOW MUST GO ON,  muy recomendable LOS PASOS HERIDOS es una pieza narrativa de excelente calidad, costumbrista, fuerte y tierna, dolorosa y grata, a la vez. Aquí hay una bien construída historia con personajes, costumbres, vocabulario, pensamientos y emociones de un poblado del México de los años 40s. Leamos:

LOS PASOS HERIDOS
Ana Kennia Rentería

Era una mañana de jueves en el mes de septiembre de 1940. Andrés había terminado de empacar dentro de una caja de cartón asegurada con un mecate, sus escasas pertenencias y las de sus seis hermanos menores. Ni siquiera alcanzaba los 15 años y ahora era el hombre de la casa y el único sustento para ellos. Sus ojos cansinos delataban las tres noches sin dormir que había pasado junto al lecho de su madre en la humilde casita de adobe y teja de La Palma, Michoacán. Angustias, la vecina de toda la vida, una joven mujer regordeta y amable, le había ayudado a amamantar a los gemelos por cuyo parto había quedado huérfano.

–Ay, Andresito… me da tanto pesar no poderte ayudar con los dos. Pero tú sabes que todavía tengo a mi Lupita de brazos, y por más que quera, namás puedo quedarme con uno de los cuatitos. Ahí cuando te haigas acomodado en Ocotlán si queres regresar por la criatura, hazlo sin pendiente. En ningún lado va a estar mejor que con su hermano. Dios te ayude y te proteja, mira que haberse quedado solos en el mundo. Te arreglé una canasta con frijoles y tortillas pal camino, y Chona te mandó leche pa tus criaturas, ¿le dijites al Padre que te ayudara a escribir la carta para tu tía?

–No, Doña Angustias… la verdá ya me dió vergüenza, luego de que me ayudó a conseguir el cajón para mi madrecita… Pero mi tía Toña me hizo una… mírela, acá la traigo… En la carta le recomienda a mi tía que nos reciba a mí y a mis hermanos, y le cuenta lo que le pasó a mi mamá…

–¿Pos pa qué me la enseñas, si yo tampoco se ler? Vieras qué coraje atravesado traigo contra tu padre… Ese desgraciado de Pancho debía sacar la cara por ustedes, y no haberse largado tan a gusto… Pero Dios lo va a castigar… Y te va a ayudar mijo. Tú ten fe. Tu madrecita faltó de parto, así que segurito ya esta en el cielo con Diosito y la Virgen y, de segurito les ha de estar pidiendo su bendición pa ustedes.

Andrés solía caminar siempre descalzo por el monte… pero Ocotlán quedaba muy lejos, así que no tuvo más remedio que sacar del chiquihuite sus únicos huaraches de Goodyear-Oxo, y emprender el largo viaje a pie. Si se apuraba, quizá podía llegar a casa de su tía antes de que cayera la noche. Si cruzaba por los cerros se ahorraba varias horas de camino, pero llevando tras él a Félix, Severo y Blas y cargados a Blasa y a Lupillo, no podía arriesgarse y no le quedaba mas opción que irse a pie por el camino real.

Ya estaba entrada la noche cuando cruzó el puente de San Andrés y divisó el campanario del templo del Señor de la Misericordia. Sus hermanos lo habían seguido silenciosamente. Cuando por fin miró las bancas de metal de la Plaza de Armas del pueblito, sintió que todo el cansancio del mundo se había acumulado en sus piernas y en sus brazos. Un profundo alivio recorrió su cuerpo cuando después de más de 12 horas de camino por fin pudo sentarse. Félix lo increpó…

–Hermano… mire… le están sangrando las patas…

–Ah, que la canción… Agarre el plato y váigame a tráir tantita agua de la fuente, pa lavármelas…

El dolor de los pies heridos era pulsante, pero no podía darse el lujo de empezar a quejarse delante de los niños cuando por fin habían llegado a su destino. Su tía Margarita vivía cerca de las vías del tren y, desde donde estaban ahora, todavía debían de cruzar el pueblo para llegar a su casa.

Cuando por fin tuvo la alta puerta de madera frente de sus ojos, se aprestó a tocar como desesperado, temiendo que por la hora su tía no le abriera y tuviera que pasar la noche a la intemperie con los niños y con el cielo amenazando lluvia. Una mujer de cuarenta y tantos años abrió la puerta enfundada en una bata y con la cabeza cubierta por un rebozo.

–Jesús, María y José… pero muchacho qué horas son estas de venir a molestar… ¿Ónde dejates a tu madre?

–Tía Margarita… ¿podemos entrar?

–Métanse pa dentro, pues…

Tía Margarita les provisionó a los hermanos de Andrés unos petates y mantas para pasar la noche. Cansados por el viaje, a los pocos minutos de haberse tendido en el suelo ya estaban todos dormidos. Andrés bebía un jarro de café de olla, y le extendió ante sus ojos la carta que la tía Antonia le mandaba a su hermana Margarita. La cara de sorpresa de Margarita no le pasó desapercibida.

–Así que Chayo faltó en ese parto… Dios la tenga en su gloria… ¿A quién le vendites la otra cría?

–Yo… Pero tía… ¿Por qué me pregunta eso?

–A ver, muchacho… ¿Sabes lo que dice la carta que me entregates?

Andrés negó con la cabeza.

–Mira, mi hermana Toña me manda decir que por ningún motivo te acepte a ti o a tus hermanos en la casa. Que tú tienes dinero suficiente pa sacarlos adelante por lo menos en lo que te acomodas, porque vendites la casa y la huerta de tu madre pa venirte pa acá, y no conforme con lo que ganates con eso, también le vendites al otro cuate a uno de los Rivas.

¿Cómo era capaz la tía Toña de semejantes mentiras? Andrés reflexionó acerca de las razones de la hermana de su madre para difamarlo de esa manera… todo a causa de algo muy sencillo. Cuando salían del panteón, la tía Toña le recomendó entregarle la huerta a su marido, Crisóstomo, para su manejo. Andrés se había negado rotundamente, diciéndole que esa casita y la huerta era lo único que su madre les había dejado, y que necesitarían un lugar para quedarse cuando regresaran de Ocotlán a ver a su hermano que se quedaba con Angustias. Aprovechándose de la ignorancia del jovencito, Antonia le había cerrado la única puerta que tenia para salir adelante. Entonces reaccionó. De entre la faja de su calzón de manta sacó un pañuelo que contenía todo su patrimonio, lo abrió sobre la mesa y se lo mostró a Margarita.

–Esto es todo lo que tengo… dieciocho pesos y 65 centavos… A mi no me importa tener que dormir en la calle… pero traigo a mi hermanito… tiene apenas tres días de nacido y no quero que también se me vaya a morir. Si quere me le hinco, pero acepte este dinero y déles un techo a mis hermanos… Yo le juro que cada semana voy a venir a traerle pa los frijoles. Pero por favor no me los vaiga a echar a la calle…

–Mira hijo… ora si te creo… no me lo tomes a mal, pero mi marido va a poner el grito en el cielo si me los quedo a todos… tú sabes que Zebedeo y yo tenemos siete chamacos y meter seis más a la casa pos… pero vamos a hacer una cosa… de planta, pos te puedo ayudar a criar a Blas, Blasa y Lupillo… Tú, Félix y Severo que ya están mas creciditos, pueden llegar a dormir acá a la casa, pero tendrán que buscar donde colocarse para procurarse la tragazón. A ti mañana te puedo llevar a la labor con don Chuy, es buena gente y sí necesita peones, igual y te puede ayudar. Félix y Severo le pueden ayudar a mi comadre Catalina a asistirla en el puesto del mercado, con que les de chiles y jitomates o un litro de máiz, a Zebedeo no le quedará de otra manque callarse el hocico.

Aunque era menos de lo que Andrés esperaba, por lo menos ahora tenía dónde pasar la noche. Al día siguiente, Margarita y Andrés partieron camino a Zula, a la labor de don Chuy. El hombre miró de arriba abajo a Andrés. Era un jovencito flacucho y bajo de estatura, a simple vista parecía incapaz de sacar adelante el pesado trabajo de un peón.

–Ay, Mago… Este chamaco a qué me va a ayudar, nomás vélo… a la primera se me va a desmayar si lo pongo a trabajar en el rayo de sol.

–Don Chuy… Mi sobrino tiene muncha necesidad… Es huérfano y tiene un montón de hermanos qué mantener. Usté sabe como estamos de jodidos y si no le da trabajo, Zebedeo los va a echar a la calle. Es honrado y está curtido en el trabajo, allá en el rancho él solito se encargaba de la huerta de mi hermana, que en Gloria esté, y de las dos vacas que el desgraciado de Pancho no alcanzó a vender.

–Tá bueno… pero no voy a poder pagarle jornal completo. Le voy a dar medio jornal nomás, mientras veo si el chamaco me sirve. Y un litro de leche diario, porque dejar a las criaturas sin tragar, eso si es pecado y de los peores. Pero la leche es pa tus hermanos chiquillos, chamaco, tú, con agua y frijoles puedes agarrar fuerzas.

Todos los días, antes de que asomara el sol, Andrés tomaba su sombrero, su itacate y partía camino a pie a su nuevo trabajo. Chuy estaba contento con la disposición del jovencito, al que bien le quedaba el dicho de “más vale maña que fuerza”. Chuy lo había colocado de vaquero en el establo donde se encargaba de limpiar, repartir pasturas y ordeñar las vacas del patrón, junto con el otro vaquero, Aniceto, un hombre noble, pero cuyo alcoholismo solía meter en líos al pobre de Andrés, al obligarle a cumplir con el trabajo de ambos por el mismo medio jornal. Sin embargo, a pesar del duro trabajo, él no era capaz de repelar, por el miedo de quedar desempleado. No obstante, cuando encontraba uno que otro rato libre, aprovechaba para ir a cepillar los caballos del patrón. Un día al encontrarlo en las caballerizas, don Chuy lo cuestionó…

–¿Te gustan mucho los caballos, verdad?

–Rete harto, patrón… los suyos tan re bonitos.

–No sabes nada de bestias, muchacho… Bonito “El Galán”, el caballo que traigo en las carreras. Los de aquí del rancho son matalotes, nomás pal trabajo. Tú no tienes caballo, verdad…

Andrés negó con la cabeza.

–¿Sabes montar? Porque si es así te puedo prestar uno para que vayas y regreses a tu casa todos los días.

El joven le agarró la palabra a su patrón. Después de un año de haber empezado a trabajar con el hombre, se había ganado su confianza y su cariño. Nadie más le hubiera prestado un caballo. Nadie más le hubiera regalado la leche que había hecho que su hermano Lupillo estuviera creciendo sano y fuerte. A ese hombre le debía más que su lealtad.

Qué sensación de libertad tuvo al volver a su casa sobre el lomo de “El Prieto”. ¡Cómo se veían chiquitos los árboles y cortitos los caminos! ¡Cómo le refrescaba ahora el viento la sudorosa frente! El sol estaba a punto de ponerse y casi pudo ver la silueta de su madre, ahora convertida en Cihuateteo. Recordó las palabras con que Angustias lo había reconfortado durante el velorio de la mujer que le había dado la vida.

–Nuestros antiguos honraban el Cihuateteo. Son los espíritus de las mociuaquetzque, las almas nobles de las mujeres que mueren al dar a luz. Se les honra del mismo modo que a los guerreros muertos en las batallas. Parir es una batalla, Cihuateteo anima a los guerreros, a los caídos los acompañan en su camino al más allá. También ayudan al sol a ponerse por las noches. Sin el Cihuateteo, el sol nunca podría descansar.

Ahora en parte lo entendía, su madre era Cihuateteo porque así había sido dispuesto en el Libro del Destino. Y él se había convertido en una especie de guerrero, que era animado por su espíritu para poder salir avante de la dura batalla que enfrentaba.

Varios meses después, el Agrarismo llegaba a la Ciénega de Chapala… Andrés estaba muy lejos de saber algo de cuestiones políticas, salvo lo que oía en la tienda de Pancho cuando iba a tomar su Pepsi-Cola, aunque a veces lo escuchado lo dejaba más que confundido. Algunos opinaban que el dichoso reparto de tierras era una maniobra del Gobierno para después meter a la cárcel a los pobres y deshacerse de ellos. Otros, decían que Tata Lázaro era la mismísima encarnación de la justicia social. Pero la opinión de más peso siempre era la de Ramiro Zúñiga, el más estudiado de todos los asiduos concurrentes a la tienda. Había cursado hasta la secundaria y leía todas las semanas el periódico del estado.

–Tata Lázaro era un gran líder, no hay duda… como político peleó mucho por el bienestar de nosotros. Ahora con Ávila Camacho de presidente, quién sabe como nos vaya. Hay rumores de que tierras que Cárdenas había entregado fueron despojadas a los ejidatarios por el nuevo gobierno, para vendérselas a los hacendados. Los militares ya no tardan en hacer la lista de entrega de tierras, dicen que les van a dar prioridad a peones con familia y muchos años de trabajo. Así que lo mas seguro es que los patrones vayan a meter mano para decidir.

Por la mente de Andrés pasaron muchísimas cosas. Apenas había cumplido los 18 años, no estaba casado ni tenía hijos, pero tenía a sus hermanos y por lo tanto tenía necesidad. Hacía poco que el esposo de su tía Margarita había fallecido y sus primos mayores estaban haciendo campaña para obligarla a correr a Andrés y sus hermanos. Así que ni tardo ni perezoso, Andrés le invitó un mezcal a Ramiro Zúñiga, con el fin de enterarse cómo sería el procedimiento del reparto. Aconsejado por él, se acercó a don Chuy, su patrón, con el fin de conseguir una recomendación que pudiera servirle en caso de ser necesario. Don Chuy accedió y le elaboró un documento en que constaban su tiempo de servicio como peón, su honradez y su diligencia. En cuanto la tuvo entre sus manos, se presentó con Ramiro Zúñiga para pedirle un favor.

–Don Ramiro, quero que me diga lo que escribieron en este papel… es que ya me pasó una vez, y no vaiga a ser el diablo.

El reparto agrario coincidió con los fríos meses del invierno. Andrés y otros peones pasaban las noches fuera del improvisado cuartel, sorteando las inclemencias del clima con su gabán y su sombrero. No quería que su oportunidad para tener su propia tierra se le fuera a ir por no estar donde debía. Don Chuy le había dado el permiso de faltar para poder arreglar sus asuntos y Joaquina, una mujer de la vida galante con la que sostenía un romance por ese entonces, solía llevarle de desayunar y de comer.

Casi salió corriendo cuando el Supremo Gobierno, representado por el Capitán Primero de Caballería, Álvaro Medina, le entregó el certificado que lo acreditaba como titular de las dos hectáreas a bordo del río cerca del poblado de Zula. Lo hizo rollo entre sus manos, lo metió a su morral, y salió lo más rápido que pudo a esconderlo a casa de la tía Margarita. Cuando pasó frente a Casa Ochoa, la tienda más grande del pueblo, pudo ver su reflejo en el espejo que hacía de fondo de mostrador. ¡Qué distinto se veía ahora! Que diferente del chiquillo de pies sangrantes que poco tiempo atrás tomaba aliento en las bancas de la plaza. Los años y una mejor alimentación que la que tenía en La Palma habían hecho lo suyo. No quedaba ni sombra del chamaco esmirriado de calzón de manta. Ahora, lucia mucho más alto y fornido, los huaraches de antes habían cedido el paso a las botas altas y vestía camisa de botones y pantalón vaquero. Su naturaleza indígena era obvia por su piel bronceada, sus ojos rasgados y la escasa sombra de barba que asomaba por su rostro. Pero sus ojos conservaban aún la misma mirada noble, y su cara todavía tenía esa expresión de entre seriedad y amargura que nada había podido borrarle.

–Ora que ya tienes tierras, vas a ver que bien nos la vamos a pasar –le decía Joaquina– en cuanto haiga modo tenemos que irnos de paseo al Parían a Guadalajara, y me tienes que llevar a la Catedral. Ya ves, me lo merezco, desde que ando contigo nadie puede decir nada de mi… te doy tu lugar como mi hombre que eres…

A pesar de su pasado, Joaquina no era una mala mujer. Ella y Andrés solían pasar muchas noches juntos. Pero en ese momento lo menos que quería Andrés era pensar en una relación con nadie, mucho menos con ella. Como liquidación y acto de buena voluntad, don Chuy le había entregado tres becerros y dos puercos. Con sus ahorros podría darles de tragar y venderlos antes de las fiestas patronales, en las que Blas y Blasa harían la primera comunión y Lupillo tendría bautismo aunque ya estaba crecido. Tía Margarita solía atosigarlo con el consejo.

–Yo pienso que ya deberías ir viendo en encontrarte una buena mujer para hacer pie de casa, que te ayude con tus hermanos y que vea por ti… Ya estás sazón… necesitas una esposa y no andar con la Joaquina. Piénsalo. Y empieza a juntar… acá adelante, la viuda Gómez anda vendiendo unos terrenos bien baratos. A la mejor puedes comprarte un pedacito y poco a poquito ir levantando tu cuartito. Vías de vender la huerta del rancho, total, ni tus hermanos ni tú tienen a qué volver.

Andrés así lo hizo, regresó a La Palma sólo para enajenar la vieja huerta y la vieja casa, y para recoger a su hermano de casa de Angustias, quien le suplicó para conservarlo. Con el corazón roto y los pesos de la venta en el bolsillo, regresó a Ocotlán, donde inmediatamente cerró trato por la que por fin sería su propia casa… suya y de sus hermanos.

El 3 de Octubre de 1944, toda la familia se había levantado muy temprano. Entre Virgen, la vecina y tía Margarita arreglaron a los chiquillos con su ropa blanca para presentarse ante el Señor. Como era fin de fiestas, se celebrarían varias ceremonias, una colectiva para que la mayoría de los habitantes del pueblo llevaran a sus hijos a bautismo y comunión, y varias privadas para los hijos de la gente importante.

Andrés entró temeroso a la Parroquia, le imponían la sobriedad de los retablos y las pinturas que adornan el interior. Era tan distinto al humilde templo donde todos los días pasaba por la bendición. Se quitó el sombrero y lo puso bajo la banca. Con los ojos rasos de emoción vio a sus pequeños hermanos recibir la comunión de manos del señor Cura. Había cumplido con su deber de enseñarles a ser buenos cristianos. Junto al altar evocó la figura de su madre vestida con su ropa de fiesta bordada y su rebozo de bolita, tal cual la había visto el día que lo había acompañado a él. La ceremonia fue rápida y sin mucho protocolo. Afuera comenzaban a llegar los coches de la gente bien del pueblo, y el templo debía estar vacío para su gloriosa entrada.

Fue cuando estaba comprando un sorbete de limón cuando se dio cuenta de que por la emoción, había dejado su sombrero bajo la banca del templo. Era el mejorcito que tenía, y con tanto gasto no podía darse el gusto de comprar otro para salir. Sigilosamente y casi pegado a la pared entró a la iglesia en la que ya se celebraba la siguiente ceremonia. En el lugar que ocupaba minutos antes, ahora estaba sentada una mujer vestida de rosa, con una chalina blanca finísima cubriendo su cabeza. Disimuladamente se acercó a ella que rezaba abstraída en su mundo, se agachó, alargó su mano para tomar el sombrero, pero lo que jaló fue el bolso de la desconocida, que reaccionó sorprendida al sentir el atrevimiento.

Cuando ella volteó a mirarlo, fue que el mundo desapareció para Andrés. Se trataba de una joven más o menos de su edad, blanca, de pelo rubio, con los ojos más azules que nunca hubiera visto, y cuyo perfume de jazmines refrescaba el aire que ahora estaba respirando. Su rostro le pareció aún más hermoso que el de cualquier imagen de las que decoraban el templo. Andrés no supo qué decir. En su sorpresa sólo atinó a señalar el sombrero y emitir sonidos guturales que provocaron una sonrisa disimulada en la joven, quien comprendiendo la situación se lo entregó en su propia mano. El muchacho salió disimuladamente, se sentó en la banca frente a la parroquia, procurando hacer tiempo en compañía de Ramiro Zúñiga, que ahora era casi su compadre.

–Don Ramiro ¿ve a esa muchacha del vestido color de rosa? La que esta junto con la del pelo negro.

–Sí, cómo no… Son Luisa y Maria de los Ángeles, las hijas de don Ventura, el líder de los cargadores. Están preciosas las condenadas. Pero ni sueñes, muchacho, esa gente tiene mucho dinero, son muy pretenciosas. La del vestido rosa, Ángeles, está comprometida con el hijo de un capitán o general o qué sé yo del Ejército. Luisa, la otra, siente que el suelo que pisa no la merece. Le ha dado calabazas a dos que tres hijos de la gente más acomodada de la región. Así que mejor déjalas de ver, porque se te van a gastar los ojos y ni cuenta se van a dar de tu existencia.

–¿Usté las conoce bien, es amigo de la familia?

–Tanto como amigo, no. Los conozco de hace muchos años. La madre de Ventura era lavandera en Atotonilco. El fue su único hijo. Cuentan las malas lenguas que fue un resbalón con un francés, y que al quedar en estado la echaron de la casa y llegó a Tototlán con la criatura recién nacida. Otros dicen que se casó con un hombre de mucho dinero que murió cuando estaba en estado, y que como la familia nunca la vio bien, la despojaron de todo. Aquí lo único cierto es que en toda la región no hay mujeres tan hermosas como las hijas de Ventura. Y pretenciosas… figúrate nomás, ya son mujercitas hechas y derechas, y les tiene una nana a cada una que no las deja solas ni a sol ni a sombra. No las deja salir más que el día domingo a misa de siete, siempre acompañadas. Por eso, en casa de Ventura muy seguido se organizan tertulias, para que las pobres muchachas puedan socializar un poco, sin temor a que algún pelado se las robe.

Andrés vio a la muchacha subir a un automóvil. Al pasar frente a él, todavía le había dirigido una mirada. El encendido del motor del automóvil fue la alarma que lo sacó de su mundo de sueños, donde llegó a verse de la
mano de María de los Ángeles dando vueltas por el cuadro ante la mirada atónita de los pobladores.

No fue difícil dar con la casa de don Ventura, si todo el mundo lo conocía. Era la finca al final del callejón. Para su desgracia, también confirmó lo que Ramiro le había comentado antes. Las únicas que entraban y salían frecuentemente eran las sirvientas de la casa. Chuya la cocinera, Lorenza la lavandera, y Lupe y Chepa, dos hermanas quedadas que eran las nanas de las muchachas. Cada domingo sin falta acudía al atrio de la Parroquia del Señor de la Misericordia, vestido con sus mejores galas y, por supuesto, sobre el lomo del caballo alazán que había comprado con miles de sacrificios.

El cuadro de la plazoleta se engalanaba con la presencia de todas las muchachas solteras del pueblo, que iban en grupos de dos o de tres, dando vueltas por el kiosco según las manecillas del reloj. Algunos de los caballeros daban vueltas en sentido opuesto. Otros, más osados, aguardaban pacientemente a que pasara la chica elegida para “lazarla” con las serpentinas de colores que habían comprado para el efecto de lanzarlas a su paso. Si la mujer recogía la serpentina, entonces eso construía la esperanza de que quizás la siguiente semana pudiera comprar un “queso de gardenias” que sería bien recibido. Si por el contrario, la joven se quitaba la serpentina haciéndola a un lado, era hora de buscar otra a quien dirigir los coloridos presentes.

Andrés tenía más de dos meses con la serpentina en el bolsillo. María de los Ángeles nunca daba vueltas por el cuadro, siempre, al término de la eucaristía salía del brazo de su padre, al lado de su hermana y con Lupe y Chepa como dos desconfiados guardianes cuidando la retaguardia. Pero esa noche la suerte parecía estar de su lado. El fino sombrero de don Ventura no se divisaba entre los asistentes a la misa que se aprestaban a retirarse a sus domicilios. Andrés se acercó otro poco y no encontró al único caballero del pueblo que siempre vestía de traje gris Oxford y abrigo de lana. Vio claramente la oportunidad cuando María de los Ángeles se detuvo en la puerta de la iglesia para retirar su chalina blanca que le cubría la cabeza y guardarla en su bolso. Sólo iba acompañada por su hermana Luisa y por las dos fieles empleadas.

Las mujeres bajaron lentamente los escalones del atrio. Para evitar al cúmulo de personas, dieron vuelta por el callejón de Pino Suárez, el que se encuentra entre los dos templos, el de la Purísima Concepción y la Parroquia principal. Andrés les cerró el paso a las asustadas mujeres, y al estar frente de ellas, metió la mano derecha a la bolsa de su pantalón lo que las obligó a emitir un fuerte grito de angustia, pensando que aquel joven desconocido las atacaría a punta de pistola. María de los Ángeles cerró los ojos y se abrazó del cuello de su hermana Luisa. Fue entonces que sintió la tira de papel acariciándole el cuello. La serpentina cayó al suelo, al igual que el desconcierto de las mujeres. Ella se inclinó lentamente a recogerla. El corazón de Andrés parecía que iba a salirse de su pecho de la emoción… Ahora tendría que ahorrar mucho para poder comprar el “queso de gardenias” más grande que mujer alguna hubiera recibido en la Ciénega de Chapala. Eso era lo menos que aquel ángel encarnado en mujer pudiera merecerse.

–Ay muchacho – le dijo María de los Ángeles con la voz entrecortada por un acceso de risa nerviosa— pero ¡qué susto nos metiste! ¿no hubiera sido más fácil esperar a que las nanas nos dejaran en casa para acercarte y tirarles serpentinas? Mira, ahora ya hasta la desperdiciaste… pero no pierdas la fe, que segurito la semana que entra este par de coquetas vendrán al cuadro después de dejarnos a nosotras. Y mejor vete, que si por aquí anda alguno de los “serenos” a lo mejor hasta te arrestan por el gritote que dimos… Para la otra, afina mejor la puntería.

Las mujeres se retiraron entre risitas disimuladas y miradas curiosas, dejando al pobre Andrés mudo por el palmo de narices recibido. Quería decirle a su adorado tormento que su puntería estaba muy bien afinada, que era sólo a ella a quien quería “lazar”.

Cuando llegó a su casa y después de atrancar la puerta y verificar que sus hermanos estuvieran completos y dormidos, pasó largo tiempo observándose en la luna que pendía de la pared. Se preguntaba si en realidad era tan poca cosa, tan insignificante, para que aquella muchacha pensara que andaba detrás de alguna de las criadas solteronas que, lo menos, le llevaban diez años en edad. Mentalmente comparó el percal de su camisa con el tafetán brillante del vestido de la elegida. Eran tan distintos como el escapulario que tenía colgado en el cuello y el grueso brazalete de centenario enganchado que María de los Ángeles llevaba en la muñeca derecha. Si él hubiera conocido de artes plásticas, quizás se hubiera identificado en La noche de los pobres del Maestro Rivera y a ella le habría encontrado parecido a La Señorita de Abanico de José Mongrell.

A lo mejor tía Margarita tenía razón y debía fijar sus ojos en alguna buena mujer que lo procurara y atendiera a sus hermanos. Aún en el caso de que su fantasía se realizara ¿Cómo le pediría a aquella señorita de alta sociedad que renunciara a su casa y sus tertulias para entrar al mundo de tejas y adobes, que aún siendo propios no dejaban de ser adobes? ¿Dejaría ella a su nana de servicio para hacer servicio de nana? Además, según le habían referido, el dichoso aspirante a la mano de la joven era ni más ni menos que Leonardo Ruiz Velasco y Torreblanca, descendiente de una larga línea de militares de alto rango del Ejército Mexicano… si ya era de por sí difícil comparar el rancio abolengo Ruiz Velasco y Torreblanca con sus dos apellidos, comunes como el agua del pozo de la colonia, lo menos que podía pasarle era el arresto por algún crimen inventado o hasta el fusilamiento, quién sabe, por haber posado sus ojos en la prometida de aquél.

Con una derretida paleta de limón en la mano izquierda, sus pasos lo dirigieron por si mismos a sentarse en la vieja banca sobre la que había descansado la noche que llegó a Ocotlán con los pies heridos, sabiéndose sólo y con cinco bocas qué alimentar con los dieciocho pesos y 65 centavos que eran todo su capital. Miró hacia el suelo y encontró botas altas en el lugar que algún día ocuparon un par de desgastados huaraches de suela de llanta. Recordó que en la bolsa de su chamarra cargaba la pesada llave de bronce que abría la puerta de madera de dos hojas de su casita de adobes y tejas, que por muy adobes y tejas que fueran eran propios, pagados con sudor y lágrimas de esfuerzo. Y eso era más de lo que podía decir aquella señorita de sociedad del brazalete de oro con centenario colgando. Su montura ahora no era aquel caballo prieto prestado, sino un alazán un poco más fino que aquel matalote de trabajo. La dignidad maltrecha pero recuperada de aquel mozalbete, hizo resonar las espuelas que no se había quitado con los pasos firmes a lo largo de la plaza. Cihuateteo lo estaba fortaleciendo… el Cihuateteo que seguramente lo estaba mirando desde alguna parte, después de la dura jornada de ayudar el sol a ponerse. El viento invernal empezó a resonarle en los oídos. Era el mensaje que esperaba… Aquel que venía a recordarle que si un día había vencido a sus enemigos más duros, el hambre y la miseria…

Ahora no debía sentirse menos que nadie sólo por tener la osadía de haber mirado hacia las estrellas.

L de M 4.- MIS DIEZ MANDAMIENTOS. Marina Saucedo Mondragón

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+ L de M 3.- LA COSA ESA DEL DEMONIO. L de M 5.- LOS PASOS HERIDOS

MARINA SAUCEDO MONDRAGÓN, México, D.F. 1965.- Cuando llegó a nuestros Talleres, Marina mostró que es una Escritora natural, con buen dominio de las reglas y un singular método de análisis y opinión. Es soltera y en sus años recientes fue cuando profesionalizó estudios, pues antes su formación tuvo mucho de autodidacta. Es Locutora profesional y Actriz de Doblaje, Promotora Cultural en México y en paises de Europa. Es madre de dos adolescentes –hombre y mujer, siendo ésta la soprano Mariana Valdés–. Bajo el pseudónimo de Marina Azul Celeste, leímos de ella: ¿DEBERÍAMOS DE CELEBRAR?, AMORES QUE MATAN, ¡DISFUNCIONAL… TIENES EL CEREBRO! y. MÍO, MÍO Y SÓLO MÍO. Intensa y activa como es, Marina –igual que varias de sus compañeras en los Talleres– encontró aquí un camino para escribir con gran seguridad. A continuación hay reflexión honesta y aplicación práctica a las Leyes de Dios. Leamos:

MIS DIEZ MANDAMIENTOS
Marina Saucedo Mondragón

Cuando era niña una de las cosas que deseaba con todo mi corazón, era que llegara el día de recibir el sagrado sacramento de la comunión.

Mi madre se conmovía cada vez que yo le pedía que me llevara al catecismo. Sin embargo, tenía que esperar a que mi hermano pequeño tuviera la edad suficiente para que lo aceptaran, porque eso era lo usual, para ahorrar en gastos y en trabajo.

Mientras, yo no perdía el tiempo y me aplicaba en leer mi pequeño libro de catecismo, porque ella me decía que cuando ya lo supiera todo, lo consideraría. Ante mi insistencia algunas veces con ternura y otras no, me explicaba que mi hermano era aún muy pequeño, que tenía que esperar un poco más.

Un día, en una reunión familiar la convencieron de que podíamos incorporarnos a un pequeño grupo que estaba preparado. Todo fue tan rápido que no dio tiempo de muchos preparativos, eso sí, a mi hermano y a mi nos pusieron en chinga a memorizar el ya desgastado librito.

Por fin mi sueño hecho realidad… Mi vestido blanco de princesa, el tocado, los guantes largos, zapatos nuevos… ¡La reina de la fiesta! El centro de atención, a quien tenían que saludar todos los invitados y felicitar con un regalo.

Obviamente, esa era la única razón por la que lo deseaba tanto.

Lo que más recuerdo de mis clases de catecismo es que la señora enojona y muy neurótica no nos enseñó nada, nada diferente de lo que decía en el libro, que por cierto no lo vimos completo porque ignoró ciertos temas, dijo que los veríamos al final si nos sobraba tiempo.

Obvio, en ningún curso le sobró tiempo.

Una prima que también participó del gran banquete me dijo que la señora no era enojona, que yo la hacía enojar, y que no llegaba neurótica, que así se ponía con mis preguntas y mis gestos.

Me quedé pensando… ¿Yo la hago enojar? ¿Cuáles preguntas? ¿Cuáles caras?

Lo que sucedía es que la señora, de quien no recuerdo el nombre, nunca respondía claramente a mis preguntas. ¿Cómo quería que me quedara tranquila o satisfecha? Se supone que para eso estaba ella ahí y, se supone que para eso iba yo al catecismo.

¿Entonces?

No supo responderme a lo siguiente:

“Amarás a Dios sobre todas las cosas” – ¿Por qué sobre todas las cosas?

“No jurarás en el nombre de Dios en vano” -¿Que quiere decir “en vano”?

“No matarás” -Mi mamá ayer mató una gallina.

“No fornicarás” -¿Qué es fornicar?

“No desearás a la mujer de tu prójimo” – ¿Pero a la que no tiene novio si la pueden desear?

Esas eran mis dudas, y así eran los mandamientos, ahora les dicen actos impuros y bienes ajenos, estoy segura que hoy a un niño de ocho años eso le resulta igual de confuso.

El caso es que cuando mi madre fue a hablar con la señora y le explicó que todo sería muy rápido, que necesitaba que me diera su venia para que yo pudiera dejar ya el catecismo, se mostró verdaderamente feliz de que así fuera y muy comprensiva…
Mi madre no notó nada raro, nunca lo notaba.

Lo cierto es, que algunos de mis maestros no fueron precisamente felices de tenerme en su curso, nunca fui una buena alumna ni sobresaliente por mi intelecto, sí por mi rebeldía… Hasta la fecha.

Y es esa rebeldía la que me hace escribir la mayor parte de las veces, es una exigencia que me invade, una gran necesidad que tengo de saber que alguien levanta la voz para despertarnos, para no vivir en automático, para romper los esquemas, las costumbres, los vicios y las mentiras con las que nos domesticaron.

Educar es un acto de amor que exige comprometerse con paciencia, dedicación, pasión y sobre todo con verdad. Domesticar es mucho más cómodo, solo se requiere establecer claramente la diferencia entre premio y castigo.

En nuestro sistema de educación todos hemos recibido una pequeña dosis de ésta, y una muy buena dosis de domesticación.

En la estructura familiar no hay mucho de donde escoger, aunque juremos amar y respetar a nuestro prójimo y ofrecemos dar la vida por nuestros hijos, la verdad es que cada día vivimos una encarnizada lucha por dominar, someter y manipular al otro para mi comodidad y beneficio o para evitar sufrimiento, soledad o satisfacer mi ego. Esa es la realidad, la verdad, la neta.

Después de buscar el origen de mi religión, de otras religiones, de Jesucristo, de otros Iluminados, de otras formas de ver y adorar a Dios, de seguirlo y emularlo. Después de un largo camino, de errores, de tropiezos, de dolor, de ofensas, de lucha y de perdón, descubrí que lo que está escrito no me gusta, no es todo, no me satisface porque está lleno de mentiras.

Un día simple y sencillamente se me ocurrió rehacer los Diez Mandamiento y hacer mis propios edictos.

Ahora te los comparto:

MIS DIEZ MANDAMIENTOS

-Amarás de tí mismo sobre todas las cosas, porque Dios está en ti y tú eres parte de Él.

-Tratarás a tu familia con la misma amabilidad y paciencia con la que tratas a tus amigos.

-Santifica tu vida y vive como si fuera una gran fiesta.

-Agradece el amor de tu padre y de tu madre, por su trabajo y sus desvelos, por sus abandonos y por sus errores, porque todo fue para tu aprendizaje.

-No mates tus ilusiones, no mates tus sueños, no atentes contra tu integridad ni la de nadie más.

-No robes las ilusiones ni la libertad de nadie, aunque los obtengas nunca serán tuyos.

-No uses tu cuerpo para saciar tus instintos, goza tu sexualidad en el nombre del amor, del respeto que mereces y que merece tu pareja.

-Nada te da derecho a criticar a los demás, de juzgar las decisiones de otros. No te corresponde ni te incumbe.

-No tienes derecho de anhelar los logros de otros porque no trabajaste para ello, trabaja para obtener tus propios logros.

-Cuando no encuentres la fortaleza en ti para salir adelante, refúgiate en el inmenso amor de Dios, en su infinita misericordia, en su eterna bondad. Porque Dio es eso.

El único pecado que puedes cometer, es atentar contra ti mismo. Porque tú eres Dios.

Quienes hablan de castigo, pecado y dolor, fueron formados con el método del premio y el castigo.

¡Gracias Dios! Porque existe el libre albedrío… Gracias, gracias. ¡Gracias!

En mi búsqueda encontré algunas citas que me resultaron interesantes, otras divertidas, todas dignas de compartir contigo. Y que cada uno haga su propio juicio.

El infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto.- Jorge Luis Borges

Duden de todo, encuentren su propia luz.- Buda

Me gusta el Cristo de ustedes, lo que no me gusta para nada son los cristianos. No se parecen en nada al Cristo de ustedes.- Gandhi

Para que los Santos puedan disfrutar más abundantemente de su beatidad y de la Gracia de Dios, se les permite ver el castigo de los malditos en el infierno.- Santo Tomás de Aquino.

Es más fácil creer en Dios que aceptar nosotros mismos la culpa.- David Gerrold

Desde tiempos inmemorables es sabido cuán provechosa nos ha resultado esa fábula de Jesucristo.- Papa León X.

¡Que la fuerza del amor nos acompañe siempre!

LA COSA ESA DEL DEMONIO.- Marisela Silva López

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MARISELA SILVA LÓPEZ, México, D.F., 1967.- Marisela vive en el corredor Izcalli-Chamapa, Edomex y tiene un gran abanico de actividades profesionales, al cual incorporó recientemente, en RETOS FEMENINOS y los talleres de Expresión Literaria, su vena creativa en las letras y, en particular, en el género del humor. Es Licenciada en Derecho con especialidad en Penal, Criminología y Medicina Forense. Adicionalmente ha desarrollado experiencia en Liderazgo, Desarrollo Humano y Consultoría en Tecnología de Punta. Es madre de un adolescente y, legalmente, es soltera. Entre sus hobbies están las Percusiones y una diversidad de manualidades como tejer y pintar. Marisela posee una vasta cultura y mejor memoria, basta leer los comentarios que deja en distintos posts de Retos Femeninos, donde siempre tiene la cita adecuada. En VERANO DE LETRAS se estrenó como Escritora bajo el seudónimo de Mar y Selva con: CRECER O SUFRIR y ARETE CON CELOS. Marisela tiene varias cualidades literarias: Tiene la difícil facilidad –para ella– de escribir con sentido del humor. El texto de ahora, LA COSA ESA DEL DEMONIO, va a desatar polémicas y mucha hilaridad. También contiene intimidades que cada lector o lectora apreciará a su manera. Marisela es, por lo demás, una mujer de principios sólidos y alta escala de valores entre los cuales sobresalen la amistad, la lealtad, el respeto. Esta narrativa, claro muy bien desarrollada y escrita, también será atractiva para sicólogos, sexólogos y… Leamos pues:

LA COSA ESA DEL DEMONIO
Marisela Silva López

Esa tarde de Viernes Santo, Melina y sus amigas –un grupo grande y heterogéneo de entre los 30 y 60 años–, se citaron en la Hostería del Bohemio. Había desde la “mojigata” hasta la mujer que hacía mofa de ser de “cascos ligeros”. Cada último día de mes, se reunían para disfrutar el café acostumbrado y chismear como el principal objetivo, pero ese día comenzaron a abordar un tema que jamás habían tocado: ¿Existe el placer en solitario?

– ¿A solas? –preguntó María.

– ¿Con un aparatito? –cuestionó Enriqueta.

– Y eso cómo se come –agregó Carla, provocando risas y burlas que daban sentido al albur.

– No se come se usa… –corrigió Alondra.

– Mejor dicho sé ¡disfruta! –aclaró Enriqueta.

Todas comenzaron a expresar sus ideas sobre ese enigmático tema, casi no explorado por la mayoría de ellas.
Carla, la más santurrona, exclamó:

– Jamás lo he experimentado, se me hace como “cosa del Demonio”.

Andrea, quien tenía una vida sin restricciones, exclamó:

– ¿Cosa del Demonio? posiblemente hará… ¡cosas maravillosas!

El jolgorio con un toque de picardía, era signo de la atmósfera entre las damas.

Paola, la “extremista”, aportó su peculiar punto de vista:

– Sólo lo practican las mujeres que son muy feministas y no soportan las caricias de un hombre.

– ¡No!… Mujeres que quieren más, más y más… pues, el hombre no le da el ancho –replicó María.

– ¡Ni el ancho ni el largo!… –añadió Enriqueta, provocando la hilaridad picaresca expresada en los rostros de cada una de las amigas.

Indignada, la “puritana” espetó a Enriqueta:

–Tú tienes alma de prostituta.

– ¡Prostituta! ¿Por qué?

– Porque nunca sabes decir “no”

Enriqueta haciendo mofa de la observación dijo:

– Diría yo… una verdadera “ramera” que sabe lo que quiere y sin ningún prejuicio toma y disfruta “las mieles y jugos” del placer.

El ambiente se tornó en regocijo y alegría desbordante, entre los aromas agradables del café y las infusiones de hierbas y especias.

– ¿Cómo crees?, simplemente puede ser un “plus” en la relación –afirmó Alondra.
Melina era una mujer de principios, se distinguía por ser inteligente, autosuficiente, leal, honesta, sencilla, sincera, objetiva en sus opiniones, principalmente en temas “pecaminosos” considerados de “mal gusto” como el que se estaba abordando.

Mely deseaba exponer su punto de vista, estaba de acuerdo con “experimentar” ese “placer”, aún y en su condición de mujer de buenas costumbres, tan sólo lo que anhelaba era sentirse verdaderamente viva. Armándose de valor, comentó:

– Como mujer respetable he dado siempre buen ejemplo ante mi madre e hija, pero he descuidado mi “placer sexual”.

Su comentario se debía a que después de su divorcio no volvió a tener pareja, hacía muchos años no tenía placer, ni orgasmos. Esos grandes y satisfactorios orgasmos de los que las mujeres hablan.

– Disfruto mis momentos de soledad, sin embargo ¡necesito placer!, tengo una gran necesidad de que mi cuerpo se estremezca con un “Señor Orgasmo”. Y no hablo de tener necesariamente una pareja, sino de “regalarme placer por mí misma”.

Las mujeres la voltearon a ver con azoro ¿Cómo era posible que Mely estuviera así de extrovertida? Siempre se había distinguido por sus valores morales, era muy propia, tenía principios firmes, siendo ejemplo de cordura y prudencia ante todas.

Al verles su rostro de asombro les preguntó:

– ¿Quién de ustedes tiene “orgasmos”, pero “verdaderos orgasmos”? no de esos gemidos falsos a los cuales muchas mujeres recurren para que su pareja no se percate de su carente rendimiento. Todas enmudecieron, menos
Enriqueta quien había tenido más amantes que todas ellas juntas y, exclamó:

– Yo, he tenido “orgasmos, orgasmos, orgasmos, muy intensos”, los he experimentado acompañada y sola, lo importante es brindarse el tiempo y conocerse, ese es el secreto.

– ¿Sola? –cuestionó Sofía.

– Sí, “sola”. Es como estar haciendo el amor al ser que más amas.

Carla la “meapilas”, angustiada comentó:

– Pero, el placer es una perversidad, todo acto de pecado surge del “placer”, la mujer debe ser pura y virginal para el hombre con el que comparta su vida, él es el que debe tocarnos, su compromiso ante Dios es enseñarnos los actos amatorios. Eso es lo correcto.

– ¡No jodas! ¿Eres virgen a tus 39 años? –fuertemente cuestionó Enriqueta.

– ¡Claro que lo soy! –replicó Carla.

– A tu edad no es una virtud, es una vergüenza — reviró Enriqueta.
Varias risas maliciosas, burlonas e hirientes con muy “mala leche” invadieron el momento. Había casadas, divorciadas y una que otra “solterona” como Carla. La mayoría desafortunadamente no conocían ni entendían lo que era un “Verdadero Orgasmo”.

Mely muy segura de sí misma propuso:

– Mañana voy a ir a un lugar de “esos” en donde venden “aparatos prohibidos” ¿quién se anima a venir conmigo?

Todas al unísono gritaron ¡yo…! desde Carla que era la “creyente” hasta Enriqueta la “puta del grupo”. Aceptaron asistir, quedando de acuerdo en lugar y hora, se despidieron y cada una se retiró de la Hostería del Bohemio.
Había obscurecido, Melina pensaba en lo que le esperaba mañana al día siguiente, las chicas y ella se reunirían frente al Palacio de Bellas Artes para dirigirse “al lugar prohibido”. De sólo pensar, se emocionaba, sabía que posiblemente sería la única vez en su vida en que se atrevería a asistir a un sitio así, por lo que fue a contar sus ahorros, decidida guardó unos buenos pesos en su bolso, para comprar un “Vibrador” y experimentar ese “placer” del que tanto había oído.

Mely llevaba 20 años sola, después de su divorcio jamás volvió a tener una pareja, era justo vivir esa “clase de experiencia”. Para afirmar sus intenciones, recordó que en una ocasión hablando con una especialista ésta le hizo una observación:

-Melina, tu divorcio fue tan difícil que te “Auto Castraste”, la forma en que terminó tu matrimonio, marcó drásticamente el aspecto sexual en tu vida. Bríndate la oportunidad de sentir “placer sin culpa” deja a un lado principios limitantes y tabúes impuestos por la sociedad… Palabras de la doctora Arellano que durante años estuvieron presentes en su mente.

Esa noche hacía un calor insoportable, dormir era imposible, por lo cual Mely se despojó de su camisón y humedeció todo su cuerpo con agua de tocador con aroma a lavanda, sus manos recorrían cada rincón de su figura, el contacto húmedo, suave y terso, produjo un estremecimiento que en años no había experimentado. Puso una melodía con sonidos de la naturaleza, mar, olas, lluvia, vio su ventilador y lo encendió, apagó la luz y se recostó boca abajo. Cada vez que el aire del ventilador pasaba sobre su cuerpo, le proporcionaba la sensación de tener una mano acariciándola centímetro a centímetro. Recordó a su ex, con quién desafortunadamente jamás tuvo un orgasmo, éste fue el único hombre al que amó infinitamente.

Estaba sola, disfrutaba plenamente esa sensación, no había culpa, ojos recriminatorios, palabras hirientes, tabúes o limitaciones, simplemente ella, –ese ser valioso que había descuidado por tanto tiempo–. Ahora estaba dispuesta en brindarse la oportunidad de sentir, haría a un lado los puntos de vista limitantes y castrantes que por tantos años había arrastrado. ¿Cuánto tiempo pasó? No importó, esa sensación la disfrutó hasta que finalmente se quedó dormida con una grata sonrisa, esperando ansiosa el siguiente día.

Eran las 9:48 a.m., cuando Mely abrió los ojos, la luz de la ventana reflejaba el bello día, alegre saltó de su lecho y entró a ducharse, tenía el tiempo exacto para desayunar arreglarse y llegar puntual a la cita.
Al encontrarse en Bellas Artes, se encaminaron rumbo al Centro Histórico, reían, platicaban, bromeaban, la sensación de inquietud era evidente, sin embargo, juntas la vergüenza era minúscula y se desvanecía entre charlas de emoción y nerviosismo.

Estando en el frontispicio de la “Sex Shop” se produjo un silencio críptico. ¿Quién sería la primera en cruzar el umbral a lo desconocido? ¿Qué descubrirían detrás de esas paredes iluminadas con luces neón de color rosa y moradas?

Mely se armó de valor y exhortó al grupo:

– ¡Chicas estamos aquí, vamos a conocer este mundo!

Apretó su bolso y al adentrarse se encontró con un pasillo largo, estrecho y atrayente que la condujo hasta encontrar a un guardia de seguridad, quien con asombro contempló al numeroso grupo de mujeres. En este punto había dos vestíbulos: el del lado izquierdo conducía a unas cabinas privadas de vídeos, en tanto que el derecho era la entrada de la sección de productos eróticos.

Tres personas atendían a la clientela, una chica, un chico y un gay conocido como Adorable, quien se dirigió hacia ellas y con su melosa forma de hablar les brindó la confianza que necesitaban. Así inició su gran aventura.

Caminaron en el sentido de las manecillas del reloj para ver los estantes donde había ropa sugerente para una noche de pasión, vestuario de colegiala, enfermera sexy, indumentarias de piel negra como para “sado”, así como una infinidad de muñecas inflables que representaban a mujeres de todas las razas, desde asiáticas hasta sajonas.

La atención de Mely y sus compañeras se centró en los artículos sexuales totalmente desconocidos para la mayoría. Había unas cosas como anillos, unas bolitas que parecían collares, a ciencia cierta no sabían su utilidad dentro del plan íntimo. Pesaban más sus prejuicios que destrozar la duda que las invadían sobre cada artículo ahí expuesto.

Al seguir observando ese mundo, sus ojos descubrieron los objetos que tenían “formas caprichosas” parecidas a la “cosa esa” del Demonio:

– Dios Mío son ¡Penes! –exclamó Carla.

– Qué daría porque el de mi marido se pareciera a la mitad de uno de ellos, –pensaba María, en voz alta.

–Deja que se pareciera, ¡que tuviera la potencia, el empuje y el aguante de éstos! –contestó Enriqueta.

Todas rieron con morbo y emoción. –Enriqueta señaló uno de los juguetes sexuales y exclamó:

– ¡Muchachas así lo tiene Rafael mi ex amante!

Todas contemplaron ese gran y grueso falo un verdadero “artefacto del Demonio”, –no daban crédito a que existiera un “peculiar miembro de esa magnitud”–. Nerviosamente cuchicheaban y sonrojadas no dejaban de admirar dicha “cosa”.

Inmediatamente el chico se apresuró a bajarlo, lo sacó del empaque y comenzó su explicación del aparato, –tenía la textura de la piel–, y les dijo:

–¡Tóquenlo chicas!

Nadie se atrevía, sin embargo, Mely con singular osadía lo tentó, — la textura era similar al de la piel humana, sentir el grosor le produjo una corriente eléctrica en el cuerpo, no podía creer lo que estaba experimentando.

– ¡Buen miembro! –exclamó Melina–, lo que desencadenó que las mujeres se volcaran a tocarlo.

Ansiosas comenzaron a poner la mano sobre “la cosa esa del Demonio” pero su rostro de horror, al tocar, se tornaba en emoción y euforia.

– Ahora yo, y yo, –comenzaron a empujarse para tocar el prominente “miembro viril”.

– La señora Celia apañó el falo artificial y lo analizó:

– Mmmta, el que yo tengo en casa parece “moco de Guajolote”, éste es el de ¡un verdadero Toro!… –vociferaba sin soltar el miembro, mujer de la tercera edad que no daba credibilidad a lo que sostenía en sus manos.

– Oye déjame tocar ahora a mí, quiero ver que se siente tener un “portento de esa magnitud” en mi poder.
María desesperada se desgañitaba sin control:

– ¡Válgame Dios! Imaginen tener esto ahí…

– Deja tenerlo ahí… ¡las sensaciones de placer que te brindará! –opinó Enriqueta.
Sofía, a su vez, a grito abierto afirmaba:

– Este no se cansa, no te juzga, está dispuesto para cuando uno quiera, no te exige cosas que no quieras hacer, ni te está jodiendo cada vez que se le…. “ocurre”, daría lo que fuera porque mi marido quisiera compartir esta experiencia en nuestro lecho sin sentirse invalidado o desplazado.
Mely vio un patito muy coqueto y soltó:

– ¡Qué lindo patito!

Al instante, Adoris lo sacó del empaque y lo alzó para que todas pudieran observarlo y con voz amaneada, explicó:

-Así es, es una verdadera jotery o ¿no? Hace casi lo mismo que estos suculentos miembros, –dejándose escuchar varias risas escandalizadas.

En la tienda ya había varias parejas que a disgusto veían divertirse a ese ruidoso conjunto de mujeres, quienes ignoraron sus miradas llenas de reproche por la tertulia que traían con esos “objetos de instintos mal sanos”.
Adorable al ver la reacción de las señoras tomó una pieza erótica con forma de flor y detalló los placeres que producía, todas abrían tan grandes los ojos como les era posible, al tiempo que Sofía se animó a decir:

– ¿Qué precio tiene?

– Para tí, trescientos cincuenta pesos, respondió Adoris –a estas alturas “todas” se tuteaban y prosiguió con la exposición:

– Es discreto, si te lo llevas ¡no te vas a arrepentir, manita! Es como tener varias lenguas en tu “cosita” –hizo trabajar al objeto que comenzó a vibrar–. Las mujeres locas de emoción comenzaron a empujarse para palpar ese movimiento e imaginar las “delicias” que proporcionarían “esa maldita e inexplicable cosa”. –sus rostros dejaban entrever lo que imaginaban–, ansiosas por experimentar su primer orgasmo, gritaron al unísono María, Paola, Andrea, Sofía y Alondra:

–¡Quiero uno de estos!

Como pez en el agua, Enriqueta comentó:

– Imaginen chicas, ya no se van a quedar a medias.

– ¿A medias? En blanco diría yo… replicó Sofía.

–¡Ahora sí, a gozar se ha dicho!, gritaba María apresurándose rumbo a la caja para pagar su florecita.

Aunque siempre está el negrito en el arroz, Carla la “puritana” que veía azorada a las mujeres hechas unas desquiciadas en la compra de “patitos y flores”, imploraba:

– Muchachas ya pensaron si está bien lo que están haciendo, todo esto está prohibido ante las buenas costumbres, ¡se van a condenar!

Ante lo cual, Alondra replicó encolerizada:

– Pues yo estoy hasta la madre de buenas costumbres, no he tenido un verdadero orgasmo en mi vida y no voy a desperdiciar esta oportunidad.

Manuela, quien jamás daba puntos de vista para no meterse en problemas exclamó:

– Ave María Purísima, qué barbaridad, si esto es pecar, me voy a los mismos infiernos desde hoy.

Melina se separó del grupo en busca de algo mejor y preguntó por los más sofisticados, señalando tres de su agrado que el chico bajó del estante e hizo la demostración de cada uno, –había desde dar vueltas, vibrar, entrar, salir, grosor, textura, etc.–, hasta que Mely dijo:

– Me llevo éste.

Todas la veían asombradas, pero con una leve envidia, nadie más se animó a comprar algo así, era demasiado costoso y muy revelador en su forma y tamaño. –No le importó ese hecho, iba decidida a probar esa experiencia “aunque se condenara” y se fuera directita a los mismos “infiernos”–.

Al salir las féminas que habían comprado algo iban felices, la beata rezaba para que no fuera tan grave su pecado al ser parte de ese deshonroso y envilecedor acontecimiento, sabía que:
“Tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata”.

Por el contrario, Melina se sintió muy bien, la prueba había sido superada no había pasado nada de lo que tanto temía por haber puesto los pies en un lugar de “esos”.

Ya tarde se despidieron, el día había sido muy enriquecedor y agotador, las emociones estaban a flor de piel, el tiempo se había ido sin sentir, ni hambre tenían, simplemente querían llegar a casa.

Melina emocionada entró a su hogar, sabía que tenía una cita, ¡Sí! una cita con ella misma y ésta debería ser muy especial, comenzó por ambientar la habitación, velas, incienso, aceite de sándalo, quesos, fresas, un buen vino tinto y música acogedora.

Después de una refrescante ducha y con su baby doll — el más sexy que tenía— Mely veía nerviosa su artefacto de placer, indecisa por probarlo pensó: ¿Será pecado? ¿será placer? –Verdaderamente no lo sabía–, ansiosa colocó las pilas y lo hizo trabajar, –no lo podía creer–, suspiró y dijo, bueno, vamos a ver si es cierto que haces maravillas.

Torpemente lo pasó por su cuerpo, el estremecimiento comenzó a presentarse, era algo divino, relajante, erótico, inigualable, aunque no pasaba de ahí, al colocarlo en su parte íntima, comenzó a experimentar una gran variedad de hermosas y placenteras sensaciones.

Se elevó su ritmo cardiaco, sus mejillas comenzaron a sonrojarse, una sensual transpiración emanó por cada uno de sus poros, sus senos se pusieron firmes, la areola se tornó en un color más intenso, su pezón se endureció, sus labios se entreabrían dejando salir gemidos de verdadero placer, sus pupilas estaban totalmente dilatadas, constantes estremecimientos azotaban cada parte de su cuerpo, intensos espasmos de gozo y deleite eran la clara respuesta del placer que estaba recibiendo. Síntomas que expresaban la prueba plena del despertar de su cuerpo, en esos momentos comenzó la verdadera gloria: no entró a los infiernos, se transportó al verdadero paraíso.

El tiempo se detuvo, simplemente estaba en un presente donde ella era la protagonista, ahí se descubrió mujer. Un cúmulo de destellos que la desnudaban internamente, afloraron en ese momento:

Su esencia: sus valores.

Su fuerza: sus virtudes.

Su valor: el respeto por ella misma.

Su principal obstáculo: los prejuicios.

Su gran amante: el placer.

Su pecado: la ignorancia.

Sus ganas habían estado como en calma, ahora se reconocía como una dama digna de disfrutar placer –comprendió que el conquistarse a sí misma no era pecado–. En ese instante susurró:

– Si esto es pecar…. ¡Me quiero condenar!

AMOR DE SANGRE.- Mariza Rivera Godínez

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MARIZA RIVERA GODINEZ, México, D.F., 1952 .- Mariza es una Escritora completa, que se ha revelado en RETOS FEMENINOS. Es Química de profesión, con carrera trunca en Psicología y autodidacta en Teología y en Filosofía. Libre, totalmente libre, que sostiene Escribir es su Paraíso particular. Mariza tiene un hijo y una hija. Del primero, es abuela de dos nietas. Enviudó muy joven ya los 27 años emigro del DF a Guadalajara. Bajo el seudónimo de Maya, en AFLORA LA ESCRITORA QUE DENTRO llevas Participó con Pérdidas y Hallazgos, La Sentencia, Agridulce y Saborear al Viento, excelentes todos. Ahora no nos sorprende, se reafirma  como lo es que: Una Escritora de verdad. Amor de Sangre es una narrativa costumbrista muy bien escrita, una historia de pueblo, de sentimientos y cruel verdad, de confidencias y honor, de amor de sangre … Leamos:

AMOR DE SANGRE
Mariza Rivera Godínez

Ya llegué Charal, sí, ya es tarde, pero tuve mucho trajín y vengo fatigado, deja te cuento:

Deatiro ya no soy el mismo de antes, las fuerzas se me escapan en casi cualquier cosa, que dice el vecino estoy muy acabado y me aconseja ir al doctor, ¿pa qué? Si esto no se cura con medicinas, sólo yo sé como ando, todos los de la ONU gracias Dios alcance a terminar pendientes. Me siento, Mmentras acabo lo que sobra de esta vieja botella, algo importante Hay que hacer, después de pensar mucho he decidido que es lo único que nos queda deja, ya está resuelto.

No me mires así. Está decidido y no hay vuelta pa tras, mejor ponme atención:

Cerré temprano el puesto y le encargue al ahijado que lo atienda por unos meses, ya ves que es trabajador y está juntando pa su casorio, le vamos a procurar un buen regalo.

Luego fui con Doña Concha, algo que comer de las Nacione Unidas yque hablamos del dinero que Ocupa pa arreglar su fonda, le preste los ochocientos pesos que me había pedido. Entonces arranque pa la iglesia, mandé decir unas misas, por cierto, me cobraron las más caras quesque por ser de última hora y en Domingo de La Misa de Diez, la venta al doble. Te digo, todo es un pinche negocio. Pero no regatié nada, les colgué Todito, ¡no se nos vaya a comer sin quedar El Señor Cura …. ¡Capaz que enflaca El Pobre gordo!

Me encaminé a la casa de mi compadre Chencho, su mujer no estaba,, La Lupe sólo mis tres ahijados. Nos apalabramos pa cerrrar El trato, le dejé mi troca con los papeles en regla, se apenó quesque Porque no Tenía nada pa darme de “entre”, le dije que eso ni importa, ya no la ocupo, nunca voy a Ningún lado y él ,, tanto chiquillo pos le sirve más ora Va a vender hasta el Pueblo Grande y con qué a mí.

Mi compa quedó muy agradecido, dijo que me abonará Lo Que Pueda cada mes, no corre prisa, le dije que lo tomo con tiento, paso a paso, y El Día Menos Pensado se acabará la deuda ¿no te parece Charal? Yo sé que a ti porque te da gusto no eres envidioso, como los otros del pueblo, esos, hasta lo que no se comen les hace daño.

Bajé la vereda, despacio, todo esta floriando, y el aire es fresco, Aun Pero así no dejo de sentir el alma apretujada. Llegué hasta el Dispensario, les avise que se dejen venir la otra semana pa qué se Lleven la ropa, los muebles y esas cosas que ahí nomás Están entilichándonos Ocupa nadie y, la doctora y el maestro Quedaron de venir por todo.

Fui a la Presidencia con el Licenciado Robles, ya Tenía listos los papeles que le pedí desde el cumpleaños de Rosita. Es un escrito apreviniendo pa cuando nos llegue a caer la muerte, de esa guadaña nadie se sí, sí Charal, escapa. Entonces pos más vale que La Casa del Mar del asilo pa los pobres, ¿tú no crees?, Hecho Ya había mucha desidia y por esto o lo otro no pasaba a firmarlo pero ya me quité Encima de esos apuros …

Al final me desencaminé allá pa la cantina, pa saludar a todos, hasta les invité un trago, nomás uno, luego se encajan y tampoco esta pa Mantener uno borrachos.

Pero nada, nada me puede quitar esta tristeza que adentro de la carga, es como un mecate que va apretando más y más, por ahí dicen que un secreto te puede ahogar, y lo que traigo adentro, de veras me quita el Resuello, ya Es tiempo de descargar este peso.

Charal ¡Ay! Bendito Dios no puedes hablar, Será por eso que me gusta tanto platicar contigo. Tu pura mirada lo dice todo, tú sí comprendes, por eso siempre has sido mi mejor amigo. En tus ojos uno encuentra paz. A lo macho, Charal, te estimo mucho, eres mi mejor amigo y espero que nunca te Vayas a enojar, eres lo único que me queda.
Hay cosas que no sabes, pasaron antes de llegar tú aquí, sí, mucho antes de que nacieras, con toda seguridad.
Hace veinte y cinco años Rosita era la niña más rechula de todo el pueblo, teniamos diez y seis años, habíamos crecido casi vecinos, ella vivia un lado del Puente de las Naciones Unidas, yo más arriba, en la orilla del Jaral, desde muy niños siempre nos gustaba jugar y andábamos juntos pa todos lados, fuimos los mejores amigos, Con el tiempo, el cariño y más prendió Empezamos a noviar, éramos el parrafo tal cual, su familia y aunque no estuvo muy conforme, nos pasamos de veinte años , por todas las Leyes ..

Mi Rosita … mi linda chaparrita, bien formada, de piel suave y morena, con cabello largo y oloroso A Flores, una sonrisa iluminando siempre su cara y unos ojazos de Mirarme que nomás me volvían loco. Todo en ella me prendía, nos gustaba, tomados de la mano, sentarnos divisar un atardecer A orillas de la laguna, siempre platicábamos largo y sabroso, Ella era alegre pero respetuosa y se daba un Respetar, pocas veces Llegamos a Tener alguna diferencia, pero Cuando uno está enamorado, pos ellas siempre salen ganando, y hay que hacer lo que sea por incontentarlas y ni modo de no Darles la razón, sobretodo a mi Rosita …. Ella siempre me volvía loco, un lado su me hervía la sangre y las ansias de tenerla.

Te he de confesar que yo traté uno otras muchachas, de mas Esas y divertidas jaladoras pero no me convencieron nunca, las vacías Partia, sólo me dejaban como un hueco en el alma y muchos entripados, convenencieras Chismosas y eran.

Entre yo y mi Chaparrita todo era diferente, nos entendíamos en todo, casi nos adivinábamos el pensamiento. Ya de casados sólo con ella pude dar rienda suelta a mi pasión, entregándome por entero, sin desconfianza, ella me Hacía sentir que vendíamos juntos con el mismo prendidos fuego y Descubrimos los recovecos más secretos del amor a donde nos llevara de El Arrebato nos dejábamos ir pa saciar el apetito, como era la fiebre, delirio de las Naciones Unidas.

Nos comprendíamos como si fuéramos uno solo. Yo me ocupaba de verla feliz, pienso que de a de veras me Quiso tanto como yo a ella, si no, pos no se hubiera matrimoniado conmigo ¿No crees tú Charal?

Sí. Fuimos felices, ella cantaba y reía todo el día, me atendía bien y me ayudaba A veces en el puesto del Mercado, por las tardes, ibamos A UN La Plaza Dar la vuelta y todos los domingos eran de fiesta, siempre salíamos al Campo, Cualquier feria oa una divertirnos.

Como a los tres o cuatro años de casados, buscamos los hijos, Porque no llegaban, el doctor “”, “,” Aunque había dicho que todo estaba bien. Por eso fuimos hasta la cabecera municipal, los tratamientos que no sirvieron pa nada. La comadre Lucha nos llevo Uno sabe donde, con un Brujo quesque; tomamos cuanto remedio nos decían, hasta que dos Años después, ella solita decidió que ya no había que buscar lo que no era mandarnos Voluntad de Dios.
Por ese tiempo compramos la troca resolvimos y vivir la vida nosotros dos, solos, pero juntos y contentos … Eso fue lo mejor, desde entonces ella vivia para mi, yo le correspondía con toda mi pasión, disfrutábamos nuestro amor, paseamos mucho, ibamos los bailes de las Naciones Unidas ya las serenatas como par de tórtolos, sola y yo con ella me partia feliz .

Unos años después llegaste tú, Charal, Cuando se volteo aquel autobús y Salvaste su vida, llevando A LOS rescatistas hasta la zanja donde ella, quien sabe como había caído, que ni se veia, gracias a la ti sacaron y la atendieron pronto. De ahí le Resultó la diabetes, yo creo del susto, pero no paso a mayores. Si Tuvo algo de bueno, empezaste Que Fue uno vivir con nosotros.

¿Te acuerdas Charal cuánto te quería? Diario contenta y cariñosa como era, nomás te andaba chiquiando, yo también te acepté de buen agrado, ocupaste el lugar de aquel hijo que nunca pudimos Tener, entonces ya éramos tres Jalando pa todos lados.

Sí, sé bien que tú la extrañas tanto como yo, pero ni modo, dicen por ahí que la felicidad no es pa siempre, y un día se nos acabó todo …

La mala suerte se metió a la casa, sin DARNOS cuenta, como la humedad y lo peor Qué fue la alcanzo a ella. ¡Eso me da un coraje! ¿Por qué demonios no me tocó a mí?

De repente, un día Empiezo a sentirse mal, primero los remedios caseros que no le hacian provecho, luego fuimos con el médico, pero tampoco se mejoraba.

Recorrimos médico cuanto nos recomendaron, fuimos hasta la Capital, pa mala suerte allá en Guadalajara Llegamos a casa de una parienta de su tía abuela Qué estaba muy enferma y por tal, se le Ocurrió a la viejaza Decirle a mi Rosita que no tuvimos hijos y ella estaba enferma quesque Porque Dios nos Estaba castigando por vivir en el pecado ya nosotros que éramos medios hermanos. ¡Si, hermanos de sangre!, Resultó que nos había engendrado el mismo hombre, dijo la tía desgraciada ¿Tú puedes creerlo, Charal? La infeliz mujer que nos acuso de incesto. ¡Mal haya la hora en que Abrio el hocico! No más pa tirar veneno, ¿pa que Tenía que decir eso? ¿Qué ganaba? Dijo que sólo mi madre y ella Sabían secreto tal; nomás lo recuerdo y ¡me da una rabia! , En mala hora Vino a confesar la maldita viejaza.

Rosita se angustió tanto … eso la puso pior, yo le decía que no hiciera caso, seguro eran desvaríos, la mujer ya ni sabia lo que hablaba. Hay ancianos que se vuelven medio locos, o les da por inventar infundios.

Pero la duda mata y la tortura de la culpa desgarra más. Ella vivia en un infierno, de los que nuestro amor lloraba y sufria por El Deseo, si, por más que lo ocultara yo me daba cuenta, yo deseaba igual yo, ella temblaba de amor, cuerpos al roce, le partia hervir la sangre como a mi y se le rasaban los ojos de lágrimas, no me dejaba abrazarla, se Salía al corredor y sufríamos juntos esa separación, ardiendo en las brasas del deseo.

Pa colmo de males, Después de casi un mes de tanto análisis, resultaron los estudios conque Tenía cáncer, dijo el médico era quesque de los peores, del fulminante, ya nada se podia hacer, me dio papeles, radiografías, varias recetas, mucha medicina Y nos regresamos pa acá, pa la casa.

Le dije a mi Rosita que era de un diagnóstico y en dos o tres meses ibamos a volver pa ver como iba respondiendo su estómago.

Cuando llegamos a la casa, era muy tarde, la desgracia la había marcado pa siempre, ella Porque, más que la salud, había perdido el sosiego del alma y eso, eso no se recupera nunca Charal. Estoy seguro que murió del puro dolor de no poder amarnos.

Más fuerte que su enfermedad Fue enterarse de aquel infame secreto, pa Ella Fue un duro golpe, y ni cómo desmentirlo. Mi madre era hija única y murió Cuando yo nací. Nunca conocí familia, me crié gracias a Doña Inés, que Siendo Solterona de carga Se hizo de mi cuidado, además dandome de casa y escuela, el poco cariño de mi niñez. Inesita me enseñó Ser un hombre trabajador y de palabra, yo le prometí no ser vicioso y siempre la ayude, hasta el día de su muerte, justo un día antes de yo Cumplir los dieciocho años, desde entonces me quedé solo en esta casa y Seguí El Puesto trabajando por mi cuenta.

Diario decía Le a Rosita mí: no te apures por aquello, de seguro que ni es cierto, serena y de Bienes no llores por eso. Claro que no vivimos en pecado, que nosotros ibamos a saber de eso, tu padre murió cuando eramos muy chiquillos, y nuestro amor se fue dando poco a poco, por Derecho de Manera Limpia, y nos casamos, La Ley de Dios, es el Mejor olvidar y eso no comentarlo con nadie, ya ves como son en el pueblo, nomás mancharíamos la memoria de los muertos y haríamos sufrir a tu anciana madre, que bien que mal, vive tranquila.

¿Cómo Iba a ser justo que Dios nos castigara por algo que ni sabíamos, y ni Teníamos la idea de menor? Pero el daño Estaba Hecho, ese maldito secreto Fue carcomiendo la felicidad de esta casa, como un manto de Salitre Fue desmoronando por dentro nuestras vidas.

Cuando la miraba triste regresar de la iglesia, de la pura muina hasta me daba gusto que ya se hubiera muerto Aquella vieja parienta, porque sí no, seguro que yo la hubiera matado, por andar de habladora y hacer sufrir a mi Rosita que cada día se consumía más y más, se me iba como el agua entre las manos, sin remedio …
Por entonces todo se nos iba en doctores, medicinas y Dolores.

Resistió casi tres meses, cayó en cama el último mes, ya no Quería comer nada, yo le Hacía su atole blanco, lo único que aceptaba. Le daba una Vuelta a los medios de comunicación mañana, pa bañarla, la vestía, le arreglaba sus plantas, nunca faltaron flores a su lado. Luego venia a la hora de comer y la sacaba un rato al sol, me sentaba con ella un rogarle que tomara la fórmula que le recetaron. Le decía: “Ándale mi Rosita, Tómatelo, imagínate que es uno de tus sabrosos caldos, cierra los ojos y pásatelo pronto, pórtate bien y te vas a componer”.

A veces ha de haber sido tanto su dolor que no podia ni sonreírse conmigo.

Ella me atendió Veinte Años Charal, yo sólo pude atenderla bien a bien un mes, por las tardes le tomaba las manos hasta que se dormía, aprendí a inyectarla pa calmar sus dolores y Cuando se despertaba y no Se sentía tan mal, platicábamos mucho, recordando todo lo bueno de nuestra vida. Los veinte años de matrimonio y pasión que nos parecían Todavía Muy pocos.

Un día me dijo: Martín, ya hemos platicado mucho, me siento muy cansada, pero estoy contenta ¿Cuántas inyecciones para el dolor me quedan? Le contesté: quedan siete, pero el lunes iré más al por médico. ¡No!, No vas a ir, dijo, acércate: quiero pedirte que me pongas Las Juntas, de un jalón en solitario, para poder dormir de filo y no despertar, ya quiero descansar, Prométeme que te vas a quedar aquí durmiendo a mi Y que lado no me vas a volver a despertar por nada, ¡Prométemelo!

Me lo pidio derecho, Mirándome fijo, con esos ojazos profundos A QUE LOS yo no pude negarles nunca nada. Y ¡No me mires asi Charal!, Claro que se lo prometí luego luego lo hice pa pronto.
Tenía Por qué no pensarlo, le di un beso largo y le dije: Rosita, te quiero, sabes que siempre voy a hacer lo que me pidas, te seguiré queriendo yo toda mi vida y si hay algo más allá, pos allá también te voy a querer, porque eres lo único que me importa.

Enseguida le inyecté Ampolletas tres juntas, Después otras tres, aguantándome las lágrimas a lo macho, y portándome como el hombre que ella quería, Empecé a Decirle cosas bonitas Mientras la acariciaba, luego Cuándo se durmio, fui a enterrar los frascos de las Ampolletas ES Diferentes Macetas, arreglé un poco, como pude, las cosas de la casa, ella Porque siempre le gustó Tener la casa bonita pa nosotros, ¿Te acuerdas?. Luego me acosté junto a ella, entonces si lloré, Charal, como nunca había llorado, con un dolor que de a de veras me partia por dentro, era como si mi propia alma se desgarrara un borbotones por dentro, como si mi ser se Estuviera Yendo pa siempre y la rabia de no poder salvarla me quemaba el cuerpo, claro que lloré, sí, pos lloré Porque la quería mucho y no me resignaba una perderla … ni entonces ni ahora.

Al día siguiente no fui al puesto, quise quedarme A su lado, prendí el radio y le canté bajito todas las canciones que le gustaban, de pronto me parecia como que Trataba de sonreírme, allá, muy adentro de su sueño, Estaba más que dormida como desmadejada, hasta que un medio tarde Empezó con los estertores de la muerte, yo a su lado, consolándola, ya hasta que pasada la Media Noche, su cabeza cayó de lado, quietecito nomás me quedé mirándola fijamente le repetía al oído que la amaba tanto, tanto, hasta que dejó de respirar, yo la besaba, luego la abracé muy fuerte, pa darle el calor de mi cuerpo, de pronto me afiguraba como que sí respiraba, luego la miraba bien y no. Hasta le puse un espejo frente a la boca, pero ya Estaba muerta. Me quedé con ella ahí en la cama abrazando su cuerpo, y al cantar el gallo, me levanté y fui por el médico, así fue todo Charal, a nadie se lo había dicho, pero tú sí mereces saber mis secretos.

¡Hay Charal!, Qué dura ha sido la vida desde entonces, no sé cómo pasó todo, regresamos del panteón sólo Porque no podíamos seguir allá, la eternidad Después De Estos malditos meses, sin saber qué hacer ni pa donde ir, ni con quien , todo parece borroso, vivimos en esta tristeza de los cítricos de los cítricos de los cítricos como es voltear un pozo sin salida, parezco alma en pena, sin encontrar mi lugar. Día a día hago a lo macho El Esfuerzo de levantarme trabajar ay luego pienso ¿ya pa que? ¿Qué caso tiene ganar dinero juntarlo y, si no tengo con quien disfrutarlo?

Arreglo Cuando puedo la casa, sobre todo sus plantas, ya ves que eso era lo que más le gustaba, no he podido mover nada de sus cosas, las miro tal como ella las dejó y pienso que anda por aquí su espíritu, con nosotros, acompañándonos todavía.

Nada me sabe, ni me gusta, no puedo hallar paz ni gozo con nada, siento que este pueblo nos APRESA. Cada pedazo de tierra me la recuerda, me da muina que la gente me platique de ella, siento como si los desgraciados me tuvieran lástima, mas bien creo que les ha de dar gusto Porque siempre nos Tuvieron mucha envidia, estoy harto de todos, cansado de esto.

Por eso, hoy todo va a cambiar, no me mires asi Charal, es lo mejor pa nosotros ya lo resolvi, por mi bien y por el tuyo, nada me importa lo que digan lo demás, pero quisiera que estuvieras conmigo conforme, ya tengo dos o tres meses dándole vuelta en la cabeza una idea de ésta, es lo que más nos conviene. No quiero saber más, que si es malo o no, quesque si es pecado o no, pos no sé, ni me importa, .. Ya nada me puede importar.

¿Qué saben los demás lo que yo siento? ¿Quién entiende nuestra soledad? Nadie Charal, sólo el que carga el costal sabe lo que Trái adentro …

Además, ¿Quién tiene derecho de juzgarnos?, Si acaso Dios, y digo si acaso, Porque ni de eso estamos seguros, ¿Quién te da garantía de que Dios está más allá de la muerte ¿Qué tal que no nada Exista? ¿Qué tal que sólo somos como las ovejas de un pastor, y el dueño tiene otras cosas más importantes de qué ocuparse que de las tristezas o angustias de sus animales?, Charal ¿No crees tu? ¿Por qué no? La verdad nadie sabe bien a bien Hay que Después de la muerte.

A veces me pregunto si es que Dios hubiera Podido castigarnos por lo que Hizo otro, si todo lo sabe, si todo lo ve, ¿Por qué tanta desgracia Permite? No puedo entender a Dios.

¿Ves Charal? Ya estoy Diciendo tonteras, Dale gracias a Dios que no hablas, Así no puedes decir tanta tarugada como las que se le ocurren a uno.

De repente, pienso que tal vez si éramos medios hermanos, si no ¿cómo te explicas que nos entendiéramos tanto?, Nos gustaba casi lo mismo, no necesitábamos ni hablar Pa saber lo que el otro quería, presentíamos NEP, de veras que parecíamos uno en solitario, sin envidias, sin ventajas, en todo bien éramos derechos y nos queríamos tanto con una confianza muy Difícil de Explicar …

Porque estoy bien seguro que la quise de Todas las Formas Posibles, como compañera, amiga, amante, mujer, y por qué no?, Tambien como hermana, con ese amor incondicional y desinteresado que se ha de sentir Cuando se quiere a los que Llevan tu misma sangre, bueno, me imagino, Porque yo nunca conocí parientes. Pero luego prefiero no pensar en eso, Porque al final no hay nada que me impida seguir Amandola y deseándola como siempre la ansié y estoy seguro que eso no cambiaría Ni siquiera por ser hermanos. Nunca dejé de sentir arder mi sangre al tenerla cerca.

¿Sabes Charal? Lo único que me gustaría ver es la cara que van a poner mañana, Cuando La Misa de diez se diga por la Intención de Rosita, Juárez, Martín Herrera y El Charal, que por cierto, ni te lo dije rejego que se me puso el Cura Contigo, Porque quesque no eras cristiano, yo le dije que tú eras mejor que muchos, que al menos tu no ofendías a Dios, ni al prójimo.

Luego dijo quesque no estabas bautizado, yo le alegué que ¿cómo Sabía que?, Que no se asegura Lo que no se sabe, y ¿qué si que tal? estuvieras Y que no supiéramos?, luego le recordé que él dice que todo es Creación de Dios, y que todos somos hermanos, hasta que eso lo decía San Francisco, ahí ya no rezongarme nada Pudo, además, de Tarugo iba a dejar ir el dinero de tu misa. ¿No crees tú?

Así son las cosas Charal, bien reza el dicho “con dinero baila el perro”.

Ya me los imagino, mañana en la iglesia, disimulados, volteando pa todos lados, cuchicheando, buscándonos y luego que se acabe la misa, Metiches Los que no faltan, la Encabezados por Las Chismosas de la Vela Perpetua, Viniendo acá pa, pa casa , saludarme un quesque Porque mi Rosita cumple el primer año de muerta.

Si Charal, van a venir, te lo aseguro Porque los conozco bien van ya encontrar la puerta abierta, ya parece que los oigo:

“Están muertos” ¡Ave María Santísima!, Martín y su perro, El Charal, de un tiro cada uno “

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DESHIELO DE AMOR.- Martha Schumacher

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MARTHA SCHUMACHER.- México, D.F., 1951. Martha Irene Madariaga Guzmán de Schumacher, es una mexicano-alemana que vive en la hermosa ciudad de Köln, Alemania, desde donde interactua en Retos Femeninos con tantas personas que la quieren. Casada, tiene dos hijos y tres nietos. Es viajera y ha vivido en varios países, de donde ha nutrido su sensibilidad artística como pintora y, ahora, como Escritora. Tiene estudios y labores profesionales en materias como Filosofía, Psicología y Enseñanza de Lenguas. En LETRAS DE MUJER y el taller previo, VERANO DE LETRAS, Martha Schumacher ha encontrado la apreciación de sus cualidades y confrontado a sus faltantes… Gracias a su perseverancia y deseos, a su disciplina en los Talleres, ha logrado textos como LABERINTO DE SUEÑOS y ALTAIR y ahora nos entrega una bella pieza que se inscribe en el género del Cuento y… Contiene un mensaje que mucho va gustar en esta página. Un hecho que “vivió” nuestra narradora.

Con este cuento de Martha iniciamos la publicación on line de los trabajos de LETRAS DE MUJER, tercer taller de Expresión Literaria de RETOS FEMENINOS. Leamos:

DESHIELO DE AMOR

Martha Schumacher

El avión iba en descenso entre las montañas del monte Ruten Uul… La nevada no cedía y su manto cubría todo el panorama haciéndolo blanco puro. En la estación de desembarque, una limosina negra con chofer esperaba a la grácil y joven reportera del periódico italiano Il Mondo.

Todo era frío también cuando caminaba por los pasillos del Aeropuerto… Había una temperatura de menos 39 grados. Lógicamente ella no quería ni siquiera sacar un dedo a la intemperie. En ese gélido ambiente, sobre la planicie sin fin, blanca de nieve y sobre el hielo duro de la callecita estrecha, se dirigía a la “ciudad de hielo”, Ulan Bataar, la más gélida del mundo, con una temperatura promedio al año de menos 4 grados. En la limosina, ella permanecía igual de friolenta que como llegó. Con su abrigo cerrado a la altura de la boca, con gorra, guantes y un chal para cubrirse la nariz, observaba todo lo que estaba a su alcance: el paisaje y la gente… Se sorprendía que todos anduvieran por doquier mucho menos abrigados que como ella, aunque estaba dentro de la limosina con la calefacción. Incluso, algunos esperaban servicio de transporte público y estando parados no se les veía tiritar, como ella lo hacía un poco dentro del auto que se desplazaba a una velocidad de 30 Km. por hora. Aún no lograba estar a una temperatura cómoda. Y, ¿qué pensaría la gente que la miraba tan tapada? en fin… En ese momento reflexionó sobre su primera impresión de Mongolia, de lo bello que era conocer otras costumbres y gente de otros países y, la gran oportunidad que le ofrecía para avanzar en su carrera como periodista.

¿Por qué habría pasado lo que pasó justo en una ciudad como esa?, se preguntaba.

Sofía Madlen era la especialista en hacer investigaciones sociales y sicológicas de casos especiales, de la revista Mujeres de Il Mondo, de cuya oficina en Paris era la editora en jefe. El día anterior había recibido una llamada urgente de su Director desde Roma, quien le ordenaba la misión de ir a Mongolia a hacer un reportaje de un asunto comunicado por el Ministerio de Exteriores.

Ya en la ciudad, se percató de que sus calles eran muy anchas y sus obras de arquitectura rusa, muy grandes, contrastando con los pequeños monumentos de origen chino. Resulta que hasta 1992 había dos partes, el “Pueblo Republicano Mongol” o bien la llamada “Mongolia Exterior”, ocupada por los soviéticos y “Mongolia Interior” o Provincia Autónoma, dominada por los chinos que de autónoma no tenía nada y que ahora solo la formaban una minoría.

El tráfico sin embargo los había detenido con una inmensa manifestación. Los mongoles exigían al gobierno con pancartas y altavoces. Se les veía desesperados pero ella no podía entender ni un ápice lo que decían. Llegando al Palacio de Gobierno escoltada por la policía, que a su vez también tenía acordonada la entrada como protección a la prensa extranjera, se llevaría a cabo la conferencia con el Ministro de Exteriores.

La información era que sus mujeres entre los 18 y 58 años de edad habían desaparecido de la ciudad sin ninguna explicación. Se les estaba buscando pero nadie se podía explicar cómo alrededor de 150 mil personas desaparecieron. Llevaban buscándolas ya más de 24 horas, y las relacionaban con la primera acometida del intenso temporal de la primera nevada en ese invierno y que llevaba ya más de dos días sobre la ciudad.

Tomando nota del suceso, Sofía Madlen alzo la mano y preguntó:

_ ¿Que común denominador envuelve este asunto?

_ Todas las mujeres desaparecidas vivían y trabajaban aquí en esta ciudad. El caso es grave explicaba el Ministro de Exteriores, las mujeres deseaban vivir con amor y justicia, antes de lo que suponemos fue su decisión: abandonar la ciudad dejado solos a los hombres y los hijos. Ya hemos buscado por todas partes y ni siquiera tenemos una pista de donde podrían estar.

_ ¿Qué hecho descartan como posible?

_ Un rapto de estas dimensiones, lo hemos descartado.

_ ¿Han considerado el embrujo de algún chamán?

_ Un embrujo ¿en esta era espacial? ¿Quien podría pensar en esto?

_Señor Ministro, usted ha mencionado que estas mujeres deseaban abandonar la ciudad, ¿nos podría explicar las razones de esto?

_ Nuestros problemas con ellas no son de ayer, ha habido mucha rapiña y disputa, por ejemplo, por los puestos políticos. Muchas se quejan del alcoholismo y violencia en sus hombres.

_En casa ha sido lo mismo, ellas dan para el pan y exigen los mismos derechos. Los hombres tienen que estar a su mando o se encabronan. Se escucha de un periodista Mongol.

Una periodista americana refuta: ¡Vaya! pero con sobrada razón, por lo que he estado leyendo de su economía. Las mujeres son las únicas que se enfrentan a brazo partido por salir adelante y hacer que sus chicos estudien. El alcoholismo es uno de los principales problemas de salud entre la población masculina y el único detonante, muy criticado por los hombres y mujeres en el campo, puede ser la violencia contra las mujeres. En las calles de Ulan Bataar con una población de un millón de habitantes desproporcionadamente femenina, la violencia callejera esta muy ligada al fenómeno.

_ El gobierno ha estado trabajando ya sobre ello, –explica el Ministro de Exteriores. Su incremento se debe también al egoísmo que se ha sufrido por parte de ellas. Muchas mujeres ya nos han abandonado antes, yéndose con todo aquel extranjero que les asegure una vida mejor. Y muchas de ellas se han visto en la necesidad de prostituirse. Nuestras mujeres representan la parte sabia, es por eso que de cada tres mongoles que estudian, dos son mujeres. Nuestros hombres representan la parte fuerte, para ellos es la herencia y el trabajo del campo. Eso las ha ligado a ser indispensables para la sobrevivencia humana según nuestras prácticas así como con base en los cuentos fundadores cosmogónicos de Mongolia.

_ Pero los hombres se pretenden necesarios para la vida de ellas y abusan de su fuerza para retenerlas. Reclama de nuevo la americana de The New York Times

…Esa noche después de la conferencia muchos de los periodistas nacionales y extranjeros, así como políticos se fueron a los bares y restaurantes para discutir todos los aspectos de tan extraño e inquietante suceso, en medio de un apagón general en toda la ciudad. La tormenta había arreciado de nuevo y el frío húmedo colaba más por los huesos de quien se encontrara en la calle. El vodka calentaba las gargantas de los jóvenes que lloraban en silencio su desesperación por no encontrar a sus amadas.

Los hombres que se encontraban en sus casas no podían dormir, mucho era lo que padecían, muchos remordimientos de conciencia. ¿Por qué las agredían tanto moralmente? ¿Por qué las agredían tanto físicamente? Los golpes, ahora los sentían ellos en el alma. Era muy probable que ya nunca más las volvieran a ver y de que hubieran muerto en una de esas tormentas de nieve. Ellas se habían arriesgado a salir esa noche sin escuchar a nadie más que a su deseo de liberarse de los maltratos. Ya no podían más, toda una vida para algunas de sufrimientos, amenazas y golpes. Y de las más jóvenes, una vida familiar con un padre irresponsable que tiraba el dinero en el alcohol cuando sus madres con grandes sacrificios lo llevaban al hogar.

Ahora esas casas estaban vacías, sin ellas y los hombres lloraban su desolación.

Al otro día amaneció el cielo despejado y de un azul muy intenso. El sol estaba radiante y esto dejó ver bloques de hielo sobre la Plaza Central de Sukhbaatar y para asombro de todo mundo…

…dentro de los bloques de hielo se encontraban ¡las mujeres!

¡Las mujeres!, ¡las mujeres! se escuchaban gritos cuando los periodistas incrédulos de lo que miraban sus ojos, corrían hacia la plaza con sus cámaras filmadoras y de fotografía.

Era fantástico ver cómo…

…las cabelleras largas de algunas estaban congeladas en el movimiento de su andar que las caracterizaba, siempre con tacones altos de punta aunque fuera sobre hielo, nieve o pavimento seco.

Sus caras expresaban seguridad e independencia asumida y ejercida.

En algunas mujeres mayores, sus ojos rasgados se veían como si fueran pequeñas líneas trazadas por un lápiz.

Sus cabezas se miraban mas alargadas al igual que sus cuellos y los cuerpos de las muy jóvenes eran sumamente delgados y largos.

En los rostros de los hombres mongoles había tanto alegría de verlas como expresiones de llanto y miedo. Gritaron como pidiendo ayuda al cielo, implorando y rezando… Uno de ellos empezó a pegarle al hielo logrando sólo ensangrentarse las manos, cuando un anciano se acercó hablándoles en voz alta ¡No traten de romper el hielo! …Primero tienen que calmar la ansiedad de sus corazones, porque no podemos hacer nada.

Entonces, algunos trajeron sus instrumentos musicales, El Matouqin (violín mongol con una figura de cabeza caballar en el extremo del mástil). Su canto, llamado Kh öö Meior Khoomii sonatas de voces agudas y guturales les hacía escucharse como del mas allá. Sus canciones eran llenas de nostalgia.

…El hielo a pesar del sol que era cada vez más intenso, continuaba mostrándoles esa escultura única de Mujer.

Les recitaron poemas…

Les hicieron promesas que salían del alma…

Y, cuando el hielo empezó a romperse… Trajeron instrumentos de música de rock…Los jóvenes instalaron bocinas en toda la plaza.

De la guitarra se escuchó Dónde estás corazón, de Shakira… justo cuando el hielo se fue convirtiendo en agua.

Ellas dieron razón de vida, se movieron un poco y luego con el ritmo de las canciones, más. De pronto dieron pequeños saltos, después brincaron, luego bailaron siguiendo el ritmo que las hacia vivir. La gente empezó a aplaudir muy emocionada.

Ellas se retorcían, brincaban de júbilo y corrían, bailaban y continuaban con las vibraciones del ritmo. Los jóvenes entraron en escena al agua, a bailar con ellas, después fueron besándolas y como en un acto de promesa de amor, unieron sus cuerpos al son de todas esas bellas melodías.

Los que miraban estaban seducidos ante esa muestra de amor. Seguían el ritmo aplaudiendo con las manos en alto, emocionados. Su mundo ya nunca iba ser igual. El egoísmo, la diferencia del sexo ya no iba ser la diferencia del trato para ellas. Todos por igual con los mismos derechos y llenando su vida de alegría y amor.

Sofía Madlen la periodista enviada por Il Mondo, notó que derramaba lágrimas. En la ciudad más inimaginable y olvidada del mundo reportaba un milagro que era un llamado de justicia para la mujer. Se acercó a Sofía su traductor y amigo mongol Bataswren para darle un pañuelo y le dijo:

–¿Conoces el mito mongol de la creación del mundo?

–No lo recuerdo Bati, ¿por qué?

–Lo publico en su libro El Zahir, el escritor brasileño Paulo Coelho. ¿Qué tal si antes de tu partida a Europa almorzamos en el Mongolian BBQ y te lo platico?

–¡Me parece una excelente idea! Soy toda oídos para mitos y leyendas y hoy es un día especial que quiero continuarlo con estos momentos mágicos de tu país.

Llegado el momento, Bati narró:

Apareció un perro salvaje que era azul y gris, cuyo destino era impuesto por el cielo. Su mujer era una corza. – Así empieza otra historia de amor. El perro salvaje con su valor, su fuerza, la corza con su dulzura, su intuición y su elegancia. El cazador y la presa se encuentran, y se aman. Conforme a las leyes de la naturaleza, uno debería destruir al otro, pero en el amor no hay ni bien ni mal, no hay construcción ni destrucción, hay movimientos. Y el amor cambia las leyes de la naturaleza. (…)

En las estepas mongolas, el perro salvaje es un animal femenino. Sensible, capaz de cazar porque ha desarrollado su instinto, pero al mismo tiempo, tímido. No usa la fuerza bruta, usa la estrategia. Valiente y cauteloso, rápido. En un segundo cambia de un estado de relajación total a la tensión de saltar sobre su objetivo. (…)

La corza tiene los atributos masculinos: velocidad, conocimiento de la tierra. Ambos viajan en sus mundos simbólicos, dos imposibilidades que se encuentran, y superando sus naturalezas y sus barreras hacen que el mundo también sea posible. Así es el mito mongol: de las naturalezas diferentes, nace el amor. En la contradicción, el amor gana fuerza. En la confrontación y en la transformación, el amor se preserva. (…)

El amor es una fuerza salvaje. Cuando intentamos controlarlo, nos destruye. Cuando intentamos aprisionarlo, nos esclaviza. Cuando intentamos entenderlo, nos deja perdidos y confusos. (…).

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